Ezkaba, la epopeya y la indignidad

El descubrimiento y exhumación en Elia (Eguesibar) de los restos de tres personas sin siquiera nombre por el momento, fusiladas hace ya más de 76 años, arroja otra pequeña luz sobre la gran epopeya de Ezkaba y sobre todo vuelve a sacudir conciencias. Según el testigo que ha hecho posible la recuperación de esos restos, se trata de tres de los cerca de 800 presos que huyeron de la cárcel franquista por puro afán de supervivencia aquel 22 de mayo de 1938. Más en concreto, tres de los más de 200 que perdieron la vida cuando solo intentaban escapar de la muerte por hambre, frío o tuberculosis a la que abocaba el penal. Evocar estas cifras tremendas lleva a una conclusión inmediata: aquella fuga masiva, con la posterior matanza a sangre fría, constituye el acontecimiento más trágico de todo el siglo XX en Nafarroa y uno de los mayores de Euskal Herria junto al bombardeo de Gernika.


Bien entrados ya en el siglo XXI, voluntarios son protagonistas de otra epopeya. Y es que son personas movidas simplemente por el afán de justicia y de verdad las que han recuperado en este último cuarto de siglo la memoria de lo ocurrido en Ezkaba, enterrada por igual por las autoridades franquistas y las posfranquistas. Lo han hecho poniendo cada una de ellas su saber profesional o personal y supliendo el resto con altas dosis de altruismo: historiadores, documentalistas, arqueólogos, forenses, profesores... De hecho, explican que hace cierto tiempo que existía este testimonio de Elia, pero ha hecho falta primero reunir condiciones y presupuestos para afrontar la excavación, esta vez con resultados (no siempre ocurre así).


Se menciona a menudo que con exhumaciones así aquellos fusilados recuperan su dignidad. La realidad es que nunca la perdieron, ¿qué mejor ejemplo que estos hombres que lucharon por su vida hasta el final? Es más adecuado decir que esta labor popular ingente, voluntaria y apasionada retrata la indignidad de unos gobernantes que aún hoy se resisten a reconocer como merece aquella epopeya y contársela al mundo entero desde los restos todavía existentes del tétrico penal.

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