Garoña o los intereses de los poderosos

La central nuclear de Garoña, que debía haber sido cerrada en julio de 2009, se resiste a pasar a la historia. Es decir, se resisten su propietario, Nuclenor –Iberdrola y Endesa–, y el Gobierno español, en sus diversas versiones. El del PSOE accedió a La Moncloa prometiendo el cierre de la central, pero prorrogó su vida hasta 2013 y dejó su futuro en manos del siguiente Gobierno, del PP, que no tardó en revocar el final de su actividad. Este, posteriormente, ha elaborado una ley ad hoc, ha aprobado rebajas fiscales a Garoña y se ha apoderado del «imparcial» Consejo de Seguridad Nuclear. Según denuncia Greenpeace, el CSN está elaborando un informe que permita alargar la actividad de la central hasta 2031, y lo está haciendo a marchas forzadas para que el actual Gobierno pueda conceder la licencia antes del fin de legislatura, lo que facilitaría a Nuclenor reclamar pérdidas por lucro cesante en el caso de que el siguiente ejecutivo decidiera cerrar la central.

Uno de los principales argumentos en favor de la continuidad de la planta burgalesa se basa en la necesidad de la energía nuclear para el abastecimiento eléctrico. Un argumento que en los tres años en que Garoña ha estado inactiva se ha demostrado falaz, ya que su inactividad ha resultado totalmente irrelevante para el suministro. El verdadero argumento, inconfesable, consiste simplemente en el poder de las compañías eléctricas, que incluye la servidumbre de los gobiernos. La lista de cargos públicos que posteriormente han sido miembros de los consejos de administración de esas empresas es interminable.

La prohibición de la manifestación que había convocado Araba Sin Garoña para el próximo sábado ante tanto desprecio a la voluntad y la salud de la ciudadanía es el último despropósito que retrata, en vísperas de unas elecciones, una supuesta democracia al servicio de los intereses de unos pocos. Y al PP, que en Araba había intentado guardar un imposible equilibrio al respecto pero ha provocado la prohibición de la marcha. La oposición a la central, no obstante, estará presente en la calle y en las urnas.

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