Golpismo de nuevo cuño frente a democracia clásica en la UE
Los responsables del Eurogrupo han mostrado su cara más despiadada y autoritaria al plantarse contra el referéndum propuesto por el Gobierno griego. La expulsión del ministro Yanis Varoufakis de la reunión de ese órgano, además de ilegal, es otra vuelta de tuerca en el permanente trato paternalista y humillante con el que los mandatarios europeos están castigando a los representantes griegos. La verdadera moneda común de estos políticos no es el euro; es la vejación y el chantaje.
Dado que el ultimátum de la Troika contraviene frontalmente el mandato recibido por Syriza en las elecciones, es lógico y positivo que su Gobierno haya decidido llevar a las urnas la decisión de si deben asumir ese terreno de juego o deben explorar otras vías. Un ejercicio de transparencia irrebatible a ojos de cualquier demócrata. Otra cuestión es considerar que la democracia no favorece tus intereses. Que el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, argumente que el resto de miembros del Eurogrupo no son «capaces de entender la esencia del referéndum griego» es una muestra de su perversidad política, intelectual y moral.
La coalición soberanista y de izquierdas adopta un gran riesgo político al convocar este plebiscito. En caso de que el pueblo le pida que adopte ese marco de relaciones con la UE, Syriza pondría en riesgo su programa de gobierno, sufriría graves tensiones internas y probablemente entraría en una crisis que le conduciría antes o después a tener que convocar elecciones. Sin embargo, sus dirigentes han asumido estos riesgos en nombre de la democracia y la soberanía, pilares de su programa de cambio político. Una lección de talento y honestidad.
Golpismo renovado, democracia clásica
La humillación está alimentando el orgullo nacional y democrático griego. Si toman esa cicuta no será dócilmente, no será en base a reglas infames establecidas desde el mismo poder que les ha conducido a esta situación límite. Será en base a una concepción de la democracia profunda y real, clásica en su mejor sentido.
En esa línea, la propuesta de referéndum tiene la gran virtud de romper con los esquemas tradicionales, con la forma habitual de hacer política en el marco geopolítico occidental. Y el contagio de esa renovada tradición política de izquierdas es lo que más temen hoy por hoy las autoridades europeas. Durante la última década, las maniobras para revertir la decisión de los franceses y holandeses sobre el Tratado constitucional, la de los irlandeses sobre el Tratado de Lisboa, o la nominación a dedo de Mario Monti como primer ministro italiano, son parte de esa concepción autoritaria.
La perspectiva desde la que los responsables europeos están gestionando la negociación con Grecia es insostenible en parámetros puramente económicos. Su economía supone el 2% de la europea, los acreedores son los propios estados porque compraron la deuda para rescatar a los bancos privados que la tenían, el montante no es significativo en relación a otros y todo el mundo admite que la misma es inasumible y que antes o después habrá que realizar una quita sustancial. Si a eso sumamos que los responsables de la misma no son los dirigentes de Syriza –austeros en su sentido original–, es evidente que las propuestas del Eurogrupo están destinadas a no llegar a acuerdos. Si el Ejecutivo de Grecia fuese otro, a las medidas de austeridad le acompañarían contraprestaciones en modo de quita, condonación o, cuando menos, de reestructuración de la deuda. Por todo ello, cada vez está más claro que el leit motiv de esta postura ridículamente intransigente es el golpismo político. No quieren legitimar a un Gobierno que propugna prioridades opuestas a las de los sectores financieros y neoliberales, una visión política y social de Europa antagónica a la del estabishment.
Como en todo golpismo incentivado desde fuera, siempre existen fuerzas locales que se presentan como la alternativa al desgobierno. Lo hacen en nombre de la estabilidad y del orden. El problema es que la ciudadanía griega recuerda perfectamente que Nueva Democracia y su líder Antonis Samaras, la infantería golpista, son los responsables de la situación actual, y que fue siguiendo las políticas impuestas desde Bruselas y Berlín como llegaron a este punto.
La izquierda europea se juega en Grecia sus opciones inmediatas de atajar la crisis económica garantizando unos derechos mínimos, de defender los intereses de las capas populares, de revertir las políticas suicidas de los neoliberales… Y el enemigo es plenamente consciente de ello. Pero han dado una gran pista: temen a la democracia más que a nada. Todo un clásico.