Hacer la razón efectiva con el compromiso estratégico mínimo

Las elecciones del próximo domingo llegan en un momento extraño para la política vasca. En un sentido o en otro, a todas las fuerzas estos comicios parecen resultarles un tanto inoportunos. La incertidumbre no solo proviene de un resultado complicado de prever, sino de la dificultad de gestionar cualquiera de los escenarios que, tanto en Euskal Herria como en el Estado, generen esos resultados. Se puede perder ganando y ganar perdiendo. Con poco quizás se pueda hacer mucho y, por el contrario, con bastante, quizás bien poco. Asimismo, una táctica electoral ganadora puede dar resultados más que aceptables, pero estos pueden no ser suficientes y también pueden debilitar aspiraciones más estratégicas. En unas elecciones casi siempre es así, pero en estas las combinaciones resultan más endiabladas de lo habitual. Este ciclo político está en la prórroga y se debe decantar a corto plazo.

Si las tendencias y las encuestas se confirman, el domingo se mostrará de nuevo el «hecho diferencial vasco». Esta sociedad se rige por parámetros políticos y ritmos sociales diferentes a los del Estado. En los ejes izquierda-derecha y vasco-español. Los partidos unionistas tradicionales, habituales vencedores de estos comicios en nuestros territorios, elevan aquí la decadencia que padecen en el Estado y coquetean con la marginalidad y la irrelevancia. Ni PP ni PSOE tienen un proyecto definido y autónomo para esta sociedad, que los ve cada vez más ajenos. Paradójicamente, tras el cese de la violencia de ETA, estas sucursales no tienen peso para que sus cúpulas metropolitanas consideren a nuestro país prioritario. Euskal Herria es cuestión de estado, pero solo cotiza políticamente si el conflicto político –que no es sinónimo del armado–, cuestiona el statu quo.
 
En esa paradoja está también atrapado el PNV, que frente a las vías soberanistas y democráticas catalana –consolidada pero sufriendo ahora turbulencias internas– y vasca –en permanente gestación, con condiciones objetivas históricas pero inhibida por las subjetivas–, contraoferta al Estado concertación y estabilidad. Sin embargo, a nivel estatal, la maniobra Ciudadanos, junto con el aguante del PP, la degeneración del PSOE y el desinfle de Podemos, plantea un escenario de regeneración recentralizadora que haría sufrir a los dirigentes jelkides. Tras cuatro años de humillante ninguneo por parte del rodillo del PP, otros cuatro años a la defensiva sin expectativas de arañar ni siquiera alguna de las competencias pendientes pueden dañar su estrategia ante sus bases más abertzales y democráticas y su credibilidad ante la sociedad en general. Si el argumento principal es la utilidad, la misma está sujeta a prueba.

En este análisis, la parte en la que en Madrid no habrá un Gobierno que reforme el Estado en clave de reconocimiento democrático de la pluralidad está tristemente garantizada. Lo han subrayado estos días los vascos y vascas que mejor conocen a ese monstruo político por dentro: quienes han ejercido el testimonio de la lucha por la libertad de los vascos en Madrid, quienes le han plantado una desigual batalla jurídica en sus tribunales y quienes han sufrido su espíritu vengativo en sus comisarías, prisiones y en el exilio. Pero tener la razón no es garantía de casi nada en política, y EH Bildu se juega en este ciclo la consolidación de una alternativa eficaz en clave de ruptura y de confrontación democrática. Por eso estas elecciones son importantes para la coalición soberanista y de izquierda. Por eso quien, además de tener la razón, quiera hacer de ella algo efectivo, tiene la responsabilidad de consolidar esa oferta política, esa renovada estrategia por la liberación política y social de Euskal Herria. El voto es el mínimo compromiso que se puede adoptar con esa estrategia.

La no implosión en los territorios vascos de un Ciudadanos muy beligerante con la autonomía y unos resultados de Podemos-Ahal Dugu que pueden superar la media estatal –lo cual, visto lo ocurrido en Catalunya, refuerza la idea de que su margen de implementación se da por el lado de un unionismo inteligente–, completan la fotografía electoral vasca del momento.
 
No obstante, el contexto también es importante, y aquí hay que señalar que el cambio político en Nafarroa parece consolidarse y que, en cierto sentido, en el resto de herrialdes estos comicios marcan tendencias para las próximas elecciones al Parlamento de Gasteiz. Un Gobierno jacobinista en Madrid, un PNV sin plan B, el proceso Abian y la liberación de Arnaldo Otegi, entre otros acontecimientos, marcan un horizonte que puede transformar la apatía electoral en efervescencia política.

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