Holdouts: buitres al acecho de la plata
Aunque resulte extraño, los acreedores que aceptaron la reestructuración de la deuda de los bonos basura argentinos no pueden cobrar el dinero depositado por ese país en el Banco de Nueva York. El juez federal de Nueva York, Thomas Griesa, que falló a favor de uno de los bonistas que rechazaron aquel canje (holdouts), declaró ilegal el pago a quienes sí lo aceptaron, la gran mayoría. De este modo impide también el pago a los holdouts, que Argentina se había mostrado dispuesta a satisfacer en una segunda fase. La situación es sumamente complicada y en los próximos en 30 días tendrán lugar frenéticas negociaciones para evitar una nueva cesación de pagos. Ese es el plazo para pagar o llegar a un acuerdo.
Las consecuencias de la insólita sentencia del juez Griesa podrían resultar devastadoras en el caso de que provocase que otros acreedores utilizasen ese precedente y reclamasen el pago de su deuda, lo que podría llegar a la cantidad de 15.000 millones de dólares, tanto como la mitad de las reservas de Argentina. Y si quienes aceptaron el canje de la deuda consiguiesen vía judicial que la restructuración que negociaron fuera invalidada, el país se sumiría en el caos. El futuro es incierto, pero los analistas apuestan por la negociación. Es preciso tener en cuenta que tampoco a los holdouts les conviene el default, pues supondría prácticamente la desaparición de las posibilidades de de cobrar la deuda. En ese sentido, parece factible el acuerdo antes del día 30, si es que el verdadero objetivo del ataque financiero no es debilitar a Argentina.
Este acoso de los fondos buitres ha provocado numerosas y diversas reacciones internacionales, pero no deja de ser un un crudo y a la vez clarificador ejemplo de un sistema basado en la especulación sin límite, cuya norma principal es la falta de control, porque quienes están controlados por él difícilmente pueden controlarlo. Los buitres sobrevuelan el mundo y se lanzan en picado hacia quienes dan la mínima muestra de debilidad, con el respaldo de la ley. Dura lex sed lex, habrá pensado el juez Thomas Griesa.