Jóvenes por la solución, tricornios en pie guerra

Mientras los 40 jóvenes independentistas recién absueltos por la Audiencia Nacional española hacían ayer pública su determinación para participar en la búsqueda de soluciones, el galdakoztarra Tomas Madina declaraba ante el juez en esa misma Audiencia y denunciaba haber sido sometido a malos tratos en el periodo de detención incomunicada en manos de la Guardia Civil.

Después de que la mencionada sentencia diera paso a un sentimiento de alivio e incluso de esperanza –no solo por la absolución, sino también por el hecho de que los jueces que la dictaron no tomaran en cuenta las declaraciones de los detenidos en periodo de incomunicación–, la denuncia de Madina respondía de modo descorazonador a la pregunta que anteayer hicieron sus vecinos: ¿por qué lo han incomunicado? Nadie en su sano juicio puede creer que lo hicieron para «facilitar la investigación», y todo el mundo sabe que la incomunicación es un periodo opaco que en sí conlleva riesgo de que se produzcan malos tratos y torturas, como se ha denunciado reiteradamente e incluso la sentencia absolutoria de los jóvenes independentistas señalaba, poniendo en duda que los detenidos hubieran declarado libremente en dependencias policiales.

Esta secuencia de los hechos refleja la realidad de un país en el que la gran mayoría de sus ciudadanos apuesta por la resolución de un antiguo conflicto mientras el aparato represivo, aferrado a antiguos esquemas antidemocráticos, la intenta evitar a toda costa, incluso a base de malos tratos. Una actitud radicalmente opuesta a la de quienes están dando pasos en aras de facilitar esa solución. Entre estos, resulta significativa la muestra de madurez y compromiso de los 40 jóvenes recién absueltos, los cuales, a pesar de haber sido sometidos a un largo e injusto proceso judicial, a tortura y a prisión, lejos de apelar a sentimientos de venganza, se comprometen con la búsqueda de soluciones y justicia.

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