La ciudadanía navarra ya ha juzgado la CAN

El archivo del caso Banca Cívica, en el que el juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco investigaba supuestas irregularidades en la fusión de esa entidad, de la que era parte Caja Navarra, y su salida a Bolsa puede indignar, parecer dudoso o, a algunos, acertado. Pero a pocos habrá extrañado la decisión del juez, que también anteriormente había archivado la causa, y lo había hecho precipitadamente, por lo que se vio obligado a reabrirla a instancias de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, la cual consideró que la instrucción del caso estaba «inconclusa», toda vez que el Juzgado todavía no había recibido la documentación necesaria antes de decidir.

El juez no ve delito en esa operación de fusión de cajas, y con su decisión viene a decir que no hay responsables ni perjudicados por un hecho innegable como es la desaparición de varias cajas de ahorros, entre ellas la CAN. No faltará quien tras el nuevo archivo asegure que se ha tratado injustamente a quienes llevaron a cabo la ruinosa operación y a los responsables políticos navarros –también salpicados por otras muchas «irregularidades»– y que ello ha dañado su prestigio. Sin embargo, al margen de la consideración jurídica del juez de la Audiencia Nacional, la consideración ética de la sociedad navarra está más que clara. El verdadero juicio, el de mayor valor, ha sido el de la ciudadanía navarra, cuyo veredicto ha sido precisamente el resultado de las últimas elecciones.

Ningún juez puede siquiera maquillar episodios como el injustificado e injustificable cobro de dietas masivas de cargos públicos. El aparato jurídico español en pleno puede pregonar que en ello no hay delito, al igual que cuando el asunto salió a la luz pública y, tras dejar de cobrarlas, el Ejecutivo de Yolanda Barcina estableciera unos complementos para «compensar» la pérdida de esos ingresos por parte de numerosos altos cargos –unos sobresueldos que precisamente han sido suprimidos por el nuevo Gobierno navarro–, pero son los navarros y navarras quienes han de emitir el verdadero fallo. Y han empezado a hacerlo.

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