La elegancia también es un valor político
En un gesto de buena voluntad y en una maniobra para mantener vivas las negociaciones sobre un tema que considera crucial, EH Bildu se abstuvo ayer para dejar pasar la proposición de ley del PNV sobre el euskara en la Ley del Empleo Público, mientras que los jeltzales se oponían a la propuesta de los soberanistas de izquierda. Finalmente, las dos proposiciones de ley y las enmiendas correspondientes pasarán a la reunión de la Comisión de esta semana. Es de esperar que aprovechen la oportunidad.
No obstante, este acto, que va más allá de la cortesía parlamentaria, se daba en un contexto en el que el PNV se muestra muy beligerante respecto a EH Bildu. Lo ha vuelto a hacer, sin ir más lejos, el pasado fin de semana con las declaraciones de Aitor Esteban, utilizando los casos de violencia sexista de Errenteria para arremeter contra los abertzales de izquierdas, pasando por encima de la voluntad expresa de las víctimas y comparando el tema con la postura de la Iglesia católica respecto a los abusos. Transmiten así un nerviosismo que, sumado a la hipérbole y el mal gusto, ofrece una imagen inaudita del PNV: ansioso, obcecado e incapaz de contenerse.
Lo común en política es que el partido que gobierna reivindique sus políticas y que la oposición se dedique a criticarlas. La política vasca es curiosa también en este punto. El PNV gobierna en casi todas las instituciones gracias a su pacto blindado con el PSE, precisamente con el objetivo de que EH Bildu no llegue al poder ni cuando tiene un apoyo masivo. Por ejemplo, en Gipuzkoa, tal y como se vio en elecciones y se confirma en cada nueva encuesta. Sin embargo, normalmente EH Bildu se centra en reivindicar sus políticas y sus propuestas –desde el municipalismo, en torno a la vivienda, con el euskara…–, mientras los socios del bipartito, pero especialmente el PNV, se dedican a arrearle con cualquier pretexto. En general, son excusas peregrinas que, sin embargo, afectan a temas importantes para la sociedad vasca. Además, rebajan peligrosamente el nivel del debate. O ese es el cálculo, o deberían retomar cuanto antes la mesura y la elegancia. Por su bien, parece evidente, pero sobre todo por el del país.