La memoria necesita lugares que la invoquen

Una vez inaugurada la nueva prisión de Zubieta, ha arrancado la cuenta atrás para la anunciada demolición de la vieja cárcel de Martutene. Varias entidades memorialistas, sin embargo, solicitaron ya en marzo que se mantengan en pie elementos representativos que permitan trasladar a las generaciones futuras la historia que acompaña al lugar. Una demanda a la que ayer se sumó GEBehatokia, que llamó a proteger el patrimonio histórico del edificio.

Inaugurado en 1948, el penal del barrio donostiarra que le da nombre está inevitablemente ligado a la historia de la represión franquista en Gipuzkoa. Fue, por ejemplo, uno de los epicentros del estado de excepción que siguió a la muerte del torturador Melitón Manzanas por parte de ETA, un periodo en el que centenares de personas vivieron hacinadas entre los muros de Martutene. También es, irremediablemente, un lugar estrechamente vinculado a las luchas social, obrera y nacional de Euskal Herria. Las huelgas de hambre de presos y presas, así como fugas como la de Sarri y Piti bien podrían ser consideradas patrimonio inmaterial del pueblo vasco.

En el solar que dejará el derribo se plantea la construcción de 400 viviendas, de las que más de tres cuartos serán de protección oficial. Un proyecto importante que, sin embargo, no debería estar reñido con preservar la memoria. Solo hacen falta ganas y un poco de imaginación para integrar partes de la cárcel en la nueva trama urbana, a la que aportaría historia, complejidad y diversidad. Son características de un valor incalculable cuando la construcción de nuevos conjuntos residenciales promueve el monocultivo de los edificios-cebra, con conocidas constructoras detrás. Incluso derribando la mayor parte de la prisión sería sencillo, dentro de los recursos dotacionales previstos, mantener elementos representativos como las garitas, espacios comunes, alguna galería o el propio frontón. Imitar lo que UPN hizo con la cárcel de Iruñea sería un error. Hay que decidir entre transmitir la memoria de un lugar en el que miles de vascos y vascas sufrieron y lucharon durante ocho décadas o borrarla a golpe de grúa. 

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