La precariedad como norma para la juventud

Ernai ha realizado un informe que muestra con detalle la penosa situación socioeconómica a la que está siendo abocada la juventud vasca. El documento, prolijo en datos, tiene la virtud de abarcar al conjunto de Euskal Herria y está llamado a ser referencial, pues son raras las ocasiones en las que este tipo de estudios toman como ámbito de observación a todo el país, y contadas las oportunidades en las que son los jóvenes quienes hablan de sí mismos. Y es que también ellos han soportado demasiadas veces que otros hablen en su nombre al tiempo que censuran sus palabras.


El retrato elaborado por el organismo juvenil es demoledor, pues desnuda la precariedad sistémica que caracteriza al espacio económico y laboral en el que se desenvuelven los jóvenes y las jóvenes vascas. Una precariedad estrechamente ligada a la miseria, como indica el dato de que el 72% no llega a cobrar 937 euros, cifra que marca el umbral de la pobreza y por debajo de la cual la esperanza de diseñar un horizonte vital autónomo se diluye. Asimismo, la estabilidad es un lujo para un colectivo cuyos contratos son casi exclusivamente temporales, y lo que antes era una opción, abandonar esta tierra en busca de nuevos retos, se ha convertido en una necesidad para miles de personas.


La juventud vasca tiene que hacer frente a dos problemas estructurales. Por un lado, la represión a la que una parte sustancial de la misma es sometida por motivos ideológicos. Calcular la cantidad de jóvenes que han sido detenidos, juzgados y encarcelados por la única razón de su militancia política daría una cifra escandalosa, inasumible en cualquier otro estado europeo. Y, por otro lado, la marginalidad en materia sociolaboral y la precarización como norma común, asentada en un marco legal cada vez más hostil respecto a la clase trabajadora. Afortunadamente, el movimiento juvenil tiene experiencia no solo en acertar en el diagnóstico sino también en dar con la respuesta adecuada, una costumbre que se mantiene y que le lleva a concluir que mientras no haya un cambio de marco no desaparecerá ni la persecución política ni la precariedad.

Bilatu