La recuperación de la eurozona debe esperar
La caída de la economía alemana y el estancamiento de la francesa, las dos mayores de la eurozona, junto a la recesión de la tercera, la italiana, revelan la fragilidad de una recuperación anunciada pero que está por ver que sea tal. Los ciudadanos habían oído hablar de ella a expertos y responsables políticos, pero no habían percibido indicio alguno de que las duras medidas que padecen, supuestamente dirigidas a superar la crisis, hubieran surtido efecto.
El mal comportamiento del comercio exterior y la disminución de las inversiones empresariales han sido señalados como la causa del retroceso de la economía alemana. También el conflicto comercial de la UE con Rusia a raíz de la crisis de Ucrania está siendo apuntado como una de las causas de este parón del crecimiento en la eurozona, y es lógico pensar que la economía europea se resienta por dicho conflicto, si bien parece prematuro afirmar que sus efectos son ya notorios. En cualquier caso, el bloqueo comercial que, ciertamente, perjudicará tanto a Rusia como a la UE, es consecuencia de una política exterior supeditada a los dictados de Washington. Lo que sí ha afectado a la economía alemana y, por tanto, al crecimiento de la eurozona, es una política económica concretada en recortes en el gasto público y en los salarios en numerosos países, lo que ha terminado por perjudicar seriamente también a las principales economías de la zona, incluida la alemana, como se está comprobando.
La eurozona ha sido incapaz de encontrar una fórmula para salir de la crisis, porque la que ha aplicado, tras dejar a su población empobrecida, en algunos lugares severamente, no ha logrado la recuperación, mientras que el índice del paro sigue en cotas alarmantes y la precariedad laboral en aumento. Sin embargo, sí ha habido quien ha visto crecer su economía, a saber, los bancos y las grandes empresas, aprovechando precisamente las consecuencias de las políticas implementadas a las órdenes de la Troika.