La transición energética ante el espejo del apagón
Hoy se cumple un año del apagón que dejó sin luz durante varias horas a Hego Euskal Herria y a todo el sistema eléctrico de la península Ibérica. A las molestias del momento les siguió una batalla descomunal por buscar al responsable de un incidente que tuvo importantes costes económicos. Las principales señaladas en un primer momento, las renovables y la falta de inercia en la red, han sido tajantemente exculpadas por los informes más detallados sobre el apagón, entre los que destaca, por apriorísticamente imparcial y técnicamente solvente, el reciente trabajo de la Red Europea de Gestores de Redes de Transporte de Electricidad (Entso-E).
Según este organismo supraestatal, ni la inercia ni las renovables deben ser señaladas por un apagón que tuvo múltiples causas, de las cuales la principal fue una sobretensión provocada por un mal manejo de la potencia reactiva del sistema. Las renovables podían haber ayudado a controlar dicha potencia, pero un reglamento obsoleto que favorecía a las térmicas lo impido. Estas centrales debían haber absorbido esa potencia reactiva, pero no lo hicieron. Red Eléctrica tiene su parte de responsabilidad en tanto en cuanto operador de la red que cayó, pero quien no cumplió con el papel asignado –y bien pagado– parece que fueron las centrales térmicas.
En último término, en el marco estatal el apagón puso de manifiesto el desfase entre, por un lado, una potente irrupción de las renovables en la generación de electricidad y, por otro lado, una red y un marco regulatorio que responden a un sistema anterior que premia a las centrales térmicas alimentadas sobre todo con gas. El resultado es un sistema con la electricidad barata, pero con los costes de las restricciones técnicas disparados. Es la realidad que se vive en Nafarroa, donde la penetración de las renovables es notable. Nada que ver con Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, que siguen prácticamente en la casilla de inicio. Lejos de cuestionar la transición energética –una de las patas de la transición ecosocial que el mundo necesita–, el apagón debería ser el acicate para darle un empujón decidido, actualizar reglamentos y reformar la red.