Las consecuencias de una cruel política migratoria
Con la crisis de Ceuta todavía abierta, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) hizo ayer balance de lo que va de año. Son cerca de 60.000 las personas que han tratado de llegar a territorio europeo por mar, un 39% menos que durante el mismo periodo del año pasado. La tendencia, sin embargo, es inversa si se observa el número de fallecidos en el intento: 2.292, frente a los 1.999 del año anterior. Y la OIM advierte: es una cifra conservadora, pues muchos naufragios no quedan registrados. «Casi todas las muertes y desapariciones en el mar se pueden evitar», apuntó ayer su directora general, Amy Pope.
Menos migrantes, más muertos. Esta ecuación no es fruto de la casualidad, teniendo en cuenta un contexto de endurecimiento de las políticas migratorias de la Unión Europea, que este mismo mes de junio dio luz verde a iniciativas tan lesivas para los derechos de los migrantes como los centros de detención en terceros países o la aceleración de la tramitación –y posterior rechazo– de las peticiones de asilo.
La política migratoria comunitaria pivota sobre tres elementos que solo pueden tener como resultado una reducción del flujo de personas a costa de una mortalidad cada vez mayor. Por un lado, reduce la posibilidad de solicitar asilo o migrar de forma legal –en contra de la Declaración Universal de Derechos Humanos–, empujando a miles de personas a circuitos clandestinos. Por otro, militariza la gestión migratoria, tanto en las fronteras como en el mar, erigiendo un muro o, peor, un foso. Por último, riega con millones de euros regímenes autocráticos para que mantengan a raya las rutas migratorias, afianzando así unos Gobiernos que no tienen alicientes para mejorar la situación de una población que, llegado el caso, pueden utilizar como medida de presión. Véase Ceuta.
Es un círculo vicioso en el que el propio sistema alimenta los mecanismos que provocan la migración y, al mismo tiempo, la dificulta, obligando a miles de personas a optar por rutas cada vez más peligrosas. Es urgente romper este círculo cruel y perverso, que, además de llevar a la muerte a miles de migrantes, allana en Europa el terreno a la extrema derecha.