No es de risa que se rían de uno (y de todos)

En prácticamente una semana, no parece haberse esmerado excesivamente el ministro de Interior español en preparar su comparecencia, ayer, en la Comisión de Interior del Congreso para dar explicaciones sobre la reunión que mantuvo con Rodrigo Rato en su despacho del Ministerio. Al igual que cuando Mariano Rajoy aseguró no recordar la última vez que había hablado con Luis Bárcenas siete días después de intercambiar mensajes con él –entre ellos aquel famoso «Luis, sé fuerte»–, las explicaciones de Fernández Díaz darán pie a numerosos comentarios jocosos y chistes. Crear tan a menudo situaciones así es una habilidad que hay que reconocer al Gobierno del PP. Sin embargo, quien verdaderamente se ríe a mandíbula batiente es ese Gobierno de toda la ciudadanía, incluido el Parlamento. Y lo hace con prepotencia y descaro.

Cualquier ciudadano que quiere denunciar amenazas acude a una comisaría, y si, en su ignorancia, se presenta en el Ministerio de Interior, es de suponer que se le informa de que no es ese el lugar apropiado. La preocupación que Fernández Díaz dijo mostrar por su amigo imputado y su familia puede ser comprensible, pero su proceder no es propio de un ministro. No es la misma preocupación mostrada, por poner un ejemplo sangrante, hacia las mujeres sobre las que pesa una amenaza mucho más real, como muestra la escalofriante cifra de muertes causadas por la violencia sexista. Esas mujeres no acuden al despacho de Fernández Díaz, sino a la Policía de la que él es máximo responsable, adonde no llega esa gran preocupación, ya que muchas de ellas reciben una atención deplorable, a tenor de las numerosas denuncias habidas en ese sentido.

Ayer no se descubrió la falta de credibilidad del ministro de Interior, simplemente se asistió a una muestra más de la misma. Una muestra que no era necesaria, toda vez que la lógica y el sentido común empujan a pensar que la reunión tenía por objeto, como afirmó Rato, hablar «de todo lo suyo», porque lo es también de Fernández Díaz y todo su partido, quienes llaman transparencia a la prepotencia.

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