Otro muro de la sinrazón con muchas complicidades

Resulta terrible que la noticia de la muerte de al menos cinco palestinos en Gaza sea a su vez un suceso habitual, como la persistencia de las elevadas temperaturas. Y es preciso recordar que está ocurriendo en una situación que dicen de tregua. Junto a esa noticia, destaca otra menos habitual pero enmarcada en la ilegal y constante política de segregación y anexión del Estado de Israel, como es la construcción en Cisjordania de un nuevo muro de 480 kilómetros que impedirá a la población palestina acceder a miles de hectáreas de tierra fértil. El motivo de este nuevo paso colonizador, según el Ejército sionista, es una supuesta amenaza de contrabando iraní. La decisión ya afecta a varios municipios al norte de Cisjordania, donde el Ejército ha ignorado una resolución cautelar del Tribunal Supremo que ordenó paralizar las demoliciones y los desalojos. 

Con una supuesta tregua en vigor en Gaza y un dudoso acuerdo con el Gobierno de Líbano pero manteniendo sus mortíferos ataques a ambos territorios, el Gobierno sionista ha ordenado la confiscación de 116 hectáreas para la construcción del nuevo muro en Cisjordania, expropiando tierras y dejando sin sustento y sin hogar a miles de palestinos. Mantiene así todos sus frentes abiertos, enfocados a llevar a cabo un proyecto que incluye no solo la expulsión, sino incluso la eliminación de todo un pueblo. Y lo hace con una pose victimista que la comunidad internacional no se atreve a desenmascarar; al contrario, apela al derecho de Israel a defenderse. Un supuesto derecho del que el sionismo también se ha valido para, mientras destruía y ocupaba Gaza, seguir expandiendo sus colonias ilegales en Cisjordania. 

Un espurio derecho a defenderse que al parecer vale más que los derechos más elementales de los habitantes de Palestina. Sin embargo, el Estado sionista ha pedido ayuda a Alemania para que le defienda frente a las medidas que la UE pudiera adoptar contra él, ya que hasta el momento no ha pasado de tibias declaraciones que ni siquiera han llegado a la reprobación, en una actitud tan vergonzante como las justificaciones sionistas, lo que no hace sino alentar sus desmanes.

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