Puigdemont, un regreso que ha tardado demasiado

El Tribunal Constitucional ordenó ayer de forma tajante aplicar la amnistía también por el delito de prevaricación a la exconsejera catalana Dolors Bassa. Era el único delito al que artificialmente se había aferrado el Tribunal Supremo español para mantener la inhabilitación de los dirigentes condenados y en su día encarcelados, así como las órdenes de detención contra los exiliados, con Carles Puigdemont al frente. La sentencia de Bassa, cuyo texto se conocerá los próximos días, fue la primera pieza del dominó en caer. Tras ella, el magistrado del Tribunal Supremo encargado de la instrucción, Pablo Llarena, levantó la orden de detención contra el expresident, alegando ahora el perjuicio que podría ocasionar su mantenimiento ante el previsible contenido de una sentencia que no conoce. Parece una broma de mal gusto. Sin encumbrar por ello al ponente, Cándido Conde Pumpido, el varapalo del Tribunal Constitucional al Supremo de Manuel Marchena es monumental, en forma y fondo. La pregunta no es si habrá revancha, sino cuándo y cómo llegará.

Por esperada, en cualquier caso, no deja de ser una noticia positiva y de calado que los dirigentes independentistas catalanes regresen a su país y participen sin cortapisas en la vida política. Evidentemente, la amnistía plena llega muy tarde, pero esta demora tiene unos responsables muy concretos.

El retorno de Puigdemont abre nuevos e inciertos escenarios en Catalunya y en el Estado. Regresará a un país donde los suyos atraviesan con las fuerzas justas un desierto electoral, poco después de dar la puntilla al Gobierno que sublevó al Estado profundo al aprobar la amnistía gracias a la cual ahora vuelve. No será el regreso soñado y está por ver qué rol asume. ¿Expresident de la Generalitat del referéndum del 1-O o líder de Junts? Por otro lado, en este contexto electoral, ni Junts ni PSOE parece que vayan a hacer bandera de la amnistía. Alberto Nuñez Feijóo habla poco de Puigdemont y de la prisión, por si necesita a la derecha catalana. Quien no abandona ese relato es Vox, que lo extiende a Pedro Sánchez por traición. El retorno de Puigdemont cierra un capítulo político, pero está por ver con tinta de qué color se escribirán los nuevos.

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