Revertir la incompetencia, primar la responsabilidad

Es difícil cometer más errores que los que ha encadenado el Gobierno de María Chivite con relación al cierre de aulas. Consciente de los límites que implica su minoría parlamentaria, la lehendakari ha hecho bandera de su capacidad para acordar entre diferentes y lograr así estabilidad y desarrollo. Sin embargo, de la mano del consejero Carlos Gimeno, de sus obsesiones y de sus malas maneras, ha provocado una crisis de gobierno donde había un programa claro y presupuestos para llevarlo a cabo. Ha maltratado y enojado a su socio Geroa Bai, forzándole a posicionarse al margen del Ejecutivo. No es fácil poner de acuerdo a EH Bildu, Geroa Bai, UPN y PP, pero hay consenso sobre la incapacidad y el sectarismo de Gimeno. La derecha ha entendido la jugada. Contigo-Zurekin, parece que no. PSN y Geroa Bai no han sido capaces de lograr un pacto de mínimos para dar un debate serio sobre el modelo educativo. En este contexto, cuando casi nadie está en su sitio, EH Bildu aporta seriedad. 
   
Pudiendo utilizar las amplias mayorías que han dado a este Gobierno y a sus aliados un mandato democrático para avanzar de forma gradual, pero firme, Gimeno encontró un resquicio por el que, en vez de los acuerdos, se exacerban las discrepancias. Partiendo de la excusa del dato demográfico de este año, el dirigente del PSN ha aprovechado la coincidencia burocrática de que toca renovar conciertos para alimentar un conflicto de intereses entre líneas y modelos, se ha desentendido de su responsabilidad en la situación del euskara y ha actuado como si tuviera mayoría absoluta. Ayer, en vez de frenar, escaló. Ha provocado un problema donde, en realidad, hay una oportunidad. Existen condiciones y medios para atender las demandas de la comunidad educativa, empezando por unos ratios que multipliquen las capacidades pedagógicas. Es decir, para hacer de la educación una prioridad total. 

En este despropósito pueden haber influido cálculos electorales equivocados, presiones corporativas interesadas, egos descontrolados, nostalgias mal digeridas e incompetencias. En su solución, se deben imponer la responsabilidad, la prudencia, la buena voluntad y la inteligencia política.

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