Un autogobierno en manos de los caprichos de Madrid
Tal y como anunciaron el jueves, tras toda una semana de declaraciones cruzadas, el Gobierno español y el de Lakua formalizaron ayer el traspaso de las cinco transferencias anunciadas precipitadamente en julio. Ha sido necesario medio año para materializar lo que se suponía que estaba hecho, en línea con la tónica general que acompaña al desarrollo, eterno e inacabable, del Estatuto de Gernika. Baste recordar que se aprobó en 1979 y que todavía faltan por traspasarse 16 competencias. Es una ley orgánica de rango constitucional que Madrid incumple a placer.
La parte jeltzale de Lakua tuvo ayer la prudencia de esquivar el triunfalismo. Fue el propio lehendakari Imanol Pradales quien puso el marco a la firma, anunciando un informe de «cumplimientos e incumplimientos de los acuerdos suscritos» a modo de «reválida» para comprobar la voluntad real del Gobierno español. Se entiende la intención, pero tras casi medio siglo racaneando cada transferencia, no hace falta otro informe para hacer balance. Por contra, Eneko Andueza, entre cuyas virtudes no destaca la prudencia, sacó pecho por el traspaso concretado ayer y por el papel desempeñado por su partido. Este sortilegio por el cual PNV y PSE actúan como si no compartiesen gobierno en todas las instituciones no dice, francamente, nada bueno acerca de la salud de la coalición.
Al margen de estas riñas, la lección que deja este último episodio es que, en un marco transaccional que nada tiene que ver con un reconocimiento del derecho al autogobierno, las competencias van cayendo con cuentagotas en función de las necesidades de Madrid, que no quiere ver agotado este sistema. De ahí que cada vez cueste más lograr una competencia, por menor que sea. El retraso es parte de una estrategia ventajista, porque así se demoran otros debates. Las supuestas dificultades técnicas no esconden lo que, a fin de cuentas, no es más que una cuestión de voluntad política. Ahora que se habla de nuevo estatus, es importante enmendar este esquema desequilibrado que deja el autogobierno vasco a expensas de los caprichos o necesidades de Madrid. Medio siglo de experiencia debería haber convencido de ello al PNV.