Un cambio de nombre representativo del cambio

Tal vez haya quien no entienda la importancia que puede llegar a adquirir el cambio de nombre de un lugar público; por ejemplo, una plaza. En Iruñea, en Nafarroa, tanto partidarios como detractores de ese cambio, a buen seguro que no pondrán en duda su trascendencia cuando consiste en eliminar del reconocimiento público a un personaje nefasto para la mayor parte de la población como fue el ministro franquista Tomás Domínguez Arévalo, Conde de Rodezno. Tiene importancia, y mucha, cuando supone el fin de la afrenta a decenas de miles de personas muertas por orden de quien fuera siniestro ministro de Franco; cuando se trata de una medida que dignifica la ciudad.

Resulta más que significativa la reiterada negativa de quienes hasta hace poco han copado el poder en Iruñea y Nafarroa a retirar de una plaza pública el nombre de quien firmara 50.000 fusilamientos, hasta el punto de sortear la Ley de Símbolos con burdas artimañas, asegurando que en realidad la plaza estaba dedicada a un título nobiliario. Significativa porque es símbolo de la negativa a romper con el régimen fascista en el que ese personaje tuvo grandes responsabilidades. Una ruptura imprescindible y aplazada hasta ahora, simbolizada por la modificación del nombre de esa plaza, reclamada una y otra vez por el movimiento ciudadano.

La decisión de suprimir de la vía pública el homenaje permanente a los personajes franquistas llega junto a otra igualmente representativa del cambio en Nafarroa, cuyo alcance va igualmente más allá de las meras palabras. La plaza que el Ayuntamiento de Iruñea dedicará en Lezkairu a homenajear a Maravillas Lamberto, Florecilla de Larraga, viene a saldar, lamentablemente con décadas de retraso, una deuda para con aquellos y aquellas que han intentado enterrar también en el olvido, pero que, gracias a haber permanecido en la memoria popular, ahora contarán con el reconocimiento institucional.

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