Un paso para devolver la palabra a Nafarroa

La moción de censura es una de las herramientas más potentes en la política institucional, y por eso supone una gran oportunidad pero también conlleva notables riesgos. Mirando solo a la realidad objetiva, es indudable que pocas iniciativas de este tipo están más justificadas que la anunciada ayer por EH Bildu contra Yolanda Barcina. El propio Parlamento la reprobó recientemente en una declaración de la Mesa y Junta, que en términos dialécticos suponía toda una censura. Su propio partido la ha puesto en entredicho en el Congreso de UPN. Y sobre todo, una mayoría social que ya es abrumadora deplora su actuación política. Barcina ha impuesto con una mano durísimos hachazos a los pilares del bienestar (sanidad, educación, renta básica...), mientras con la otra engordaba su bolsillo a escondidas con las dietas de la CAN o las cesantías de la UPNA. Que está deslegitimada casi nadie lo cuestiona ya, ni siquiera los suyos. Sin embargo, para ganar la causa del cambio en Nafarroa, en la que esta moción es un eslabón más, no bastará estar cargado de razones; hará falta construir otra mayoría, y eso aboca a una gestión cuidadosa.


EH Bildu acierta en su planteamiento al otorgar a esta moción de censura un objetivo diferente al habitual. No se trata de buscar un mero cambio en la Presidencia, sino de lograr que la ciudadanía acuda de nuevo a las urnas para recomponer una situación ilegítima, con un gobierno en minoría política y social clamorosa y con nuevos datos sobre la mesa –el escándalo de la CAN– que no existían cuando se votó en 2011. A su vez, esas elecciones serían un paso hacia el objetivo de fondo, el principal: que Nafarroa decida al fin por sí misma sin cortapisas ni límites desde Madrid. El cambio que se reclama hace 30 años no es otra cosa que eso.


Pierda o gane la votación, esta moción de censura será positiva si logra impulsar esa conciencia. Por contra, desviarse de este objetivo podría acabar contribuyendo a reforzar a UPN –movilizando a sus hoy alicaídos votantes por la vía del victimismo– o generando tensiones con otras gentes de la oposición –cuando todas serán imprescindibles para el cambio–.

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