Una irracionalidad que solo aporta obstáculos

A Alberto Plazaola no le han regalado nada. No le han perdonado nada, ni durante los 24 años que pasó en prisión ni ayer el Juzgado de Pau al rechazar la petición española de euroorden contra él. Se trata del mero y estricto cumplimiento de la ley, en este caso por procedimiento inadecuado. Sin embargo, a la vista de la dinámica de los estados español y francés, podría parecer una muestra de voluntad en aras de la resolución de un conflicto del que aún no han desaparecido las expresiones causantes de sufrimiento, una de ellas precisamente la padecida por Plazaola. Ojalá lo fuera. En cualquier caso, es preciso recordar que, más allá del procedimiento, la orden de detención contra el expreso vasco por la que el Estado español solicitó la aplicación de la euroorden es consecuencia del incumplimiento de una decisión marco europea, de obligado cumplimiento, como recordó la Comisión Europea en febrero pasado, que dispone que se debe contabilizar el tiempo de condena cumplido en otros estados de la UE.

Se trata, por tanto, de una simple decisión racional, como corresponde a la aplicación del Derecho, pero que contrasta con la actitud irracional de París y Madrid, empeñados en hacer fracasar cualquier intento de normalización de este país, incluso incumpliendo sus propias leyes. Curiosamente, el Gobierno de Lakua se refería ayer al comunicado en el que ETA ratificaba sus compromisos, asegurando que «no aporta nada» y arremetiendo contra la izquierda abertzale. Una semana después de la detención de personas determinantes en el abandono de la actividad armada y en labores de desmantelamiento de los arsenales de la organización. Al parecer, la aportación ideal es la beligerancia extrema hacia el único agente determinante interpelado desde Aiete hasta la Conferencia de Paz de París que ha respondido satisfactoriamente a los requerimientos, así como la tibieza con quienes tienen como objetivo entorpecer hasta el desarme.

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