Una nueva ola soberanista empieza a tomar forma

Los ministros principales de Gales, Escocia y el norte de Irlanda, Rhun ap Iorwerth, John Swinney y Michelle O’Neill, respectivamente, se reunieron ayer en Cardiff, en una imagen inédita, poderosa e impensable hace unos años. Los tres territorios están gobernados por fuerzas que desean romper amarras con Londres. Ayer firmaron un memorando por la independencia en el que advirtieron al Gobierno británico encabezado por el laborista Andy Burnham desde el mes de julio que no tiene derecho «a bloquear la democracia».

Ante el cenagal en el que se ha convertido durante la última década la política inglesa, una segunda ola soberanista está tomando forma en las islas británicas. Burnham ya ha sido cuestionado reiteradamente sobre la posibilidad de repetir referéndum en Escocia y activar el plebiscito sobre la reunificación en Irlanda –a la que recientemente se ha referido Donald Trump–. No ocurrirá de la noche a la mañana, pero hay un humus que puede empezar a cuajar. De momento, Burnham no quiere oír hablar de ello, pero reconoce que si la demanda es sostenida y mayoritaria en Escocia, donde existe el precedente de 2014, revisará su posición. En el caso de Irlanda, los acuerdos de Viernes Santo son claros.

Irlandeses, escoceses y galeses llegan a este momento por caminos totalmente diferentes, con mayorías y contextos nacionales igualmente distintos, pero comparten un deseo y una contraparte: Londres. Cierta unidad de acción permite salvar la retórica sobre el problema irlandés, escocés o galés, para centrar el marco en el problema inglés.

A diferencia de buena parte de la sociedad, las instituciones vascas miraron desde la barrera, en ocasiones con temor, la ola soberanista de hace una década. No puede ocurrir lo mismo. Quienes defienden el derecho a decidir del pueblo vasco deben hacer lo posible por aprovechar ventanas de oportunidad como esta, que permiten exhibir ante el mundo el contraste entre la incompleta pero real cultura democrática británica y la cerrazón española. En una escala como la vasca, prestar atención a los movimientos de otros pueblos y saber coger los trenes a tiempo resulta fundamental.

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