Una renta desigual y una tendencia preocupante

Eustat publicó ayer los datos de la renta personal y familiar del año 2024 en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa. El principal titular que dejó fue el crecimiento de la renta personal media de un 7,2%, una cifra reseñable que, sin embargo, debe observarse con mucha cautela. Para empezar, porque aquel año el IPC –indicador parcial, a su vez– se situó en el 3,6%, lo que amortigua considerablemente la subida. Y para seguir, porque esa renta media se reparte después de un modo muy desigual en diferentes sectores de la sociedad.

Las grandes brechas siguen siendo enormes. Los hombres cobran 10.000 euros más que las mujeres de media, los jóvenes no tan jóvenes de entre 30 y 34 años ganan otros 10.000 euros menos que quienes tienen veinte años más, y los nacidos en la CAV doblan sobradamente la renta de quienes nacieron fuera, que se queda en unos exiguos 14.018 euros. La buena noticia es que, en términos generales, la evolución es positiva. Por ejemplo, la renta de las mujeres creció en 2024 más que la de los hombres. La mala noticia es que, al ritmo actual, la igualdad en la renta no llegaría hasta dentro de unas cuantas décadas. Hace falta hacer mucho más, por lo tanto.

Hay otro aspecto, sin embargo, en el que el problema no es la velocidad, sino la tendencia en sí misma. Se trata de la composición de la renta, en la cual el trabajo tiene un peso cada vez menor. Entre 2023 y 2024, las rentas del trabajo subieron un 6,9%, por debajo de la media. Las rentas de capital, sin embargo, crecieron un 19,7%, triplicando casi la media. Hablamos de aquellos rendimientos derivados de las acciones, las participaciones empresariales o los activos inmobiliarios. Desde 2001, las rentas del trabajo han pasado de constituir el 66,8% de la renta total, a significar el 57,8%, en detrimento de las transferencias –pensiones, sobre todo– y de estas rentas de capital, de las que solo disfrutan quienes poseen más bienes que su fuerza de trabajo. La tendencia es alarmante y aunque el problema es global, se puede actuar a escala vasca. Una fiscalidad valiente, efectiva y verdaderamente progresiva es condición indispensable para corregir esta tendencia que amenaza la lucha contra las desigualdades.

Bilatu