Una universidad pública a la altura del los retos del país

Las elecciones en la UPV-EHU del próximo 24 de noviembre están marcadas por la presentación de una única candidatura a rectora, la liderada por Nekane Balluerka. Eso supone que no tiene contrincante, pero a su vez debe ser refrendada con un número suficiente de votos, un mínimo del 33%. La falta de oponente tiene sus riesgos, en la medida en que no se puede confrontar ni programa ni equipo con otros proyectos y que es difícil motivar a ciertos sectores porque, al margen de conflictos sociolaborales, intereses clientelares y rencillas particulares, tanto dentro como fuera de la universidad esta institución y sus órganos de gobierno no son parte del debate público.

A veces esto es positivo porque da tranquilidad para concentrarse en el funcionamiento, lo cual ya es mucho dado que la UPV-EHU es un «monstruo» burocrático. Pero también le resta relevancia social a una institución pública que debería tener mayor peso en la vida social de un país, que debería ayudar en su vertebración y en su desarrollo con mayor profundidad.

El equipo presentado por Balluerka es solvente, refleja la pluralidad de la universidad pública y de la sociedad vasca, académicamente es pluridisciplinar, con experiencia en universidades extranjeras y en investigación, con conocimiento de los entresijos de la institución y de la administración pública. Esa experiencia, el haber formado parte del equipo de Iñaki Goirizelaia, le otorga la ventaja y a la vez la carga de ser visto como continuista.

Balance y espíritu refundacional

Lo cierto es que, tal y como señala Balluerka en su entrevista hoy en GARA, el balance de estos últimos años está totalmente condicionado por los recortes. En un sentido más general, por la crisis, porque el modelo de universidad que se ha desarrollado desde el Proceso de Bolonia y la Estrategia de Lisboa partía de unas premisas socioeconómicas que se han mostrado socialmente letales. La mercantilización, la subcontratación, la precarización… forman parte de esas premisas. Como en el resto de ámbitos, entre quienes tienen una visión crítica de ese modelo, aquí también está más claro el diagnóstico que las alternativas, los principios que las estrategias.

En una medida importante, las alternativas pasan precisamente por la economía. En 2016 la UPV-EHU cuenta con un presupuesto de 402 millones de euros. Por ponerlo en relación con otras partidas, EiTB tiene este año un presupuesto de 130 millones. El presupuesto de la universidad pública es insuficiente para poder lograr los resultados académicos, la proyección y la excelencia necesaria para competir con algunas universidades privadas, mucho más con otras universidades europeas. Gran parte de ese presupuesto está asignado de antemano, por lo que el margen de maniobra es muy pequeño si no logra mayores ingresos. Y si no crece en eficiencia. Todo lo cual no depende solo de la propia universidad, sino sobre todo de las instituciones públicas vascas. La necesidad de una nueva ley y de articular un sistema de universidades (algo que, por ejemplo, en Catalunya está mucho más avanzado) resulta urgente por encima de discrepancias ideológicas o académicas.

No obstante, depende también de que la universidad, en concreto, y la educación, en general, entren en el debate público con mayor fuerza, de manera constante, no como mantra aprendido sino como cuestión de estado –evidentemente, desde un punto de izquierda y abertzale, no del que no tenemos, ni del que está en descomposición, sino del que queremos construir–.

El programa presentado por el equipo de Balluerka, “Nuestro futuro, ahora/ Geroa, denon artean”, lucha entre esa continuidad que garantice la estabilidad y una ambición comedida, quizás demasiado comedida en algunos puntos, que mira más allá, más al «norte», más abierta a la sociedad vasca y a sus retos. De un modo u otros, esos retos deben guiar los estudios, las pedagogías, las investigaciones y al capital humano que conforma una universidad pública en el siglo XXI.

Más allá del proceso electoral, pero aprovechándolo, todos los estamentos de la universidad deberían revisar su posición y sus objetivos a corto, medio y largo plazo. Porque, más allá de este proceso, la UPV-EHU necesita liderar el sistema universitario vasco, ensamblarse con el resto de la comunidad educativa, asociarse más al tejido económico, proyectarse dialécticamente con la sociedad y refundarse para acometer esta nueva fase histórica. Porque una universidad es una máquina de reproducción del sistema, y este está degenerando y agotándose.

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