Harriet, Joaquim, Adur; tres vértices de la misma venganza política

Harriet Iragi ha pasado 18 años en aislamiento. Joaquim Forn ha recurrido a la huelga de hambre para desatacar el bloqueo judicial. Y Adur Ramírez sigue cumpliendo prisión por una riña de bar. Parece que nada pudiera unir a una persona que militado en ETA, un conseller de Interior catalán y un chaval de Altsasu. Pero ha ocurrido: ese hilo oculto es el afán de venganza español.

Ramón Sola|BILBO|12/01/2019|2 commentaires
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Azkarraga junto a Viso, Masvidal y Pozueta. (Marisol RAMIREZ / FOKU)

A ese triángulo representativo del nivel de represión política en el Estado español le han puesto cara y voz esta mañana Maider Viso, compañera del preso Harriet Iragi; Laura Masvidal, esposa del exconseller Joaquim Forn; y Bel Pozueta, madre del joven altsasuarra Adur Ramírez de Alda. Los tres están presos en situaciones que podrían tildarse de surrealistas si no fueran tan dolorosas.

Sin ir más lejos, Joseba Azkarraga, portavoz de Sare que ha ejercido como moderador, ha apuntado que Iragi es el preso vasco que más tiempo ha pasado en aislamiento: 18 años. Pero a este número le ha puesto contenido Viso; 18 años significan que la hija de ambos, que hoy tiene 16, «hasta hace un mes no había visto a su padre nunca fuera de esas galerías». Es decir, nunca fuera de unos bajos que no solo tienen barrotes sino también rejas, con acceso a un patio de apenas cinco metros de anchura y enrejado igualmente por arriba, una jaula.

No es solo Iragi, obviamente: Maider Viso ha contado con congoja cómo los familiares del preso enfermo Jagoba Codo salían de la visita en Albocasser (Castelló) explicando que «estaba hecho una bola» por la imposibilidad de ponerse recto. Hoy Codo está en Logroño, pero sigue prisionero.

Crítica es igualmente la situación de los líderes independentistas catalanes, que en breve se sentarán en el Tribunal Supremo con riesgo de enormes condenas. Masvidal ha asegurado que acuden «fortísimos» a Madrid, tras una huelga de hambre que ha situado como «llamada de atención necesaria, viendo cómo se juega con los tiempos procesales y con todas las intríngulis legales. Estaban bloqueando el acceso a la Justicia europea. Se consiguió mover algo».

«Perdieron peso y eso debilita, aunque lo peor fue la reintroducción de alimentos posterior –ha detallado la compañera de Forn–. Pero se han recuperado fantásticamente bien y están muy fuertes, muy fuertes, con ganas de afrontar el juicio». Ha incidido además en que «está claro que será un juicio al pueblo de Catalunya, porque están juzgando a su gobierno».

Aunque con total serenidad, Bel Pozueta no ha ocultado que las madres y padres de Altsasu sienten «frustración, incredulidad, mucha mala leche» porque su situación siga sin corregirse. «Se está diciendo incluso que las familias podríamos ayudar a que se escapen... La igualdad ante la Justicia no existe, lo vemos no solo con ‘La Manada’, sino con la corrupción económica, o con la gente relacionada con las cloacas del Estado (Galindo) que ha salido nada más entrar...» En vísperas del juicio al «procés» ha querido recordar el del «caso Altsasu» y tantos otros en que «ganamos el juicio pero perdemos la sentencia».

Más allá de lo dramáticas que resultan estas situaciones, las tres han mirado igualmente al futuro y a las posibles soluciones. Masvidal ha asegurado que cuentan con el apoyo y la movilización de Euskal Herria ante la vista del Supremo; Pozueta ha evocado cómo Altsasu se ha convertido «en destino de turismo para muchos catalanes; la empatía del pueblo catalán con nosotros ha sido increíble, y entienden lo que contamos porque con ellos están haciendo lo mismo que con nuestros hijos»; y Viso ha añadido el «papel fundamental de los medios de comunicación, porque cuando normalizamos toda esta situación, ya no avanzamos».

De la necesidad de tocar todas las puertas, incluidas las del Estado y el ámbito internacional, ha hablado también Joseba Azkarraga desde su experiencia en Sare: «Y es que los estados no se mueven, hay que moverlos». Pozueta ha explicado que han dado charlas en Palencia, Valladolid, Soria, Huesca, Zaragoza, Madrid, Asturias... «y hacemos llorar a mucha gente. Acaban preguntándose ¿cómo puede ser esto? ¿y cómo podemos estar tragándolo? Cuando la gente ve nuestra cara, ve que no somos demonios». Masvidal se ha sumado a esa necesidad de interpelar, pero reconociendo que cuando lo hacen recogen frutos solo en el ámbito internacional, porque en el Estado «hemos tocado el orgullo patrio».

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