Migel Joakin Eleizegi, un gigante de profesión «más resolutivo» que en la película ‘Handia’

El doctor en Historia y titular de Antropoligía Cultural Luis Ángel Sanchez ha escrito un libro sobre el Gigante de Altzo en el que refleja sus impresiones sobre el popular personaje vasco. Su propósito es documentar la historia vital de Migel Joakin Eleizegi.

NAIZ|Donostia|25/06/2019 16:20
Altzokohandia
Migel Joakin Eleizegi, con su padre y su hermano, en un grabado de la época. (NAIZ)

Migel Joakin Eleizegi fue el gigante más imponente que recorrió el territorio europeo durante el siglo XIX desde su Altzo natal, alguien que hizo cosas extraordinarias, diferentes a las de las personas de su entorno, y cuya anatomía colosal cobijaba un personaje «más resolutivo e interesante» que el protagonista de ‘Handia’.

Estas son las impresiones que el doctor en Historia y titular de Antropología Cultural de la Universidad Complutense de Madrid Luis Ángel Sánchez Gómez ha plasmado en su libro ‘El Gigante de Altzo, Un vasco mítico (aunque muy real) en la Europa del Siglo XIX’, editado por la Diputación de Gipuzkoa, tras revisar el material de archivos y hemerotecas.

El propósito del libro, que se ha publicado en castellano y en euskara, es «documentar» la historia vital del Gigante de Altzo, ha señalado este martes en la presentación López Gómez, quien ha reconocido que le gustó la película ‘Handia’, merecedora de 11 premios Goya en 2018, aunque la realidad del personaje «fue diferente».

Su interés por la figura de este vecino de Altzo, que pudo llegar a medir 2,42 metros y del que se ha escrito muy poco, arranca de los estudios que previamente había llevado a cabo sobre historia de la antropología y la museología anatómica durante el siglo XIX y sobre el interés que suscitaban entre los científicos de la época los «gigantes» que se mostraban por plazas y cortes europeas.

Desmintiendo leyendas

Entre las imágenes de la película de Aitor Arregi y Jon Garaño que son desmontadas por este libro figura que los Eleizegi «eran pobres» ya que habían heredado de su madre dos caseríos lo que les otorgaba una posición económica media.

A esto se suma el éxito que supuso la operación de «rentabilizar la desgracia» de Migel Joakin que lleva a cabo, en primer lugar la familia mediante un representante de Lekunberri y después solo su padre y su hermano que ven que «la cosa va bien».

En este sentido, López Gómez remarca que el «gigante guipuzcoano no era un explotado» ya que él compartía el deseo de viajar y de ganar dinero en espectáculos cuya entrada «no era barata».

Fue expuesto ataviado con trajes que iban desde atuendos turcos a uniformes del Ejército español en diferentes espectáculos en los que se limitaba «mover los brazos por encima de los sombreros de los asistentes».

En Gran Bretaña, donde estuvo ocho meses, era conocido como «Spanish Goliat» y fue presentado ante la reina Victoria mientras en 1843 Madrid tuvo audiencia con Isabel II, aunque el autor resta toda credibilidad al interés por los genitales del gigante mostrado en el filme por la monarca, ya que esta tenía entonces 14 años.

Migel Joakin no fue una persona que «se dejara llevar» o poco inteligente, una condición que durante años se asoció a los afectados de gigantismo pero que es errónea ya que «no existe ninguna relación entre el acromegalia y ningún tipo de retraso», ha explicado López.

Los movimientos lentos debido a la envergadura del esqueleto, las dificultades en la expresión oral debido al crecimiento excesivo de la lengua hacían dudar de la inteligencia de estas personas pero «no era así», asegura.

También desmiente otra de las leyendas más repetidas sobre este personaje, la idea de que hubiera vendido su cuerpo a un anatomista y explica que los restos de Eleizegi no están en la sepultura familiar porque los huesos se iban sacando según iba apremiando la necesidad de espacio.