Dabid
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Impeachment contra el Partido Demócrata en Iowa

El desastroso recuento de los resultados de los caucus demócratas en Iowa ha acabado en un empate técnico entre el centrista Pete Buttigieg y el socialista Bernie Sanders o viceversa, si tenemos en cuenta la proporción de delegados o la cifra total de votos lograda por uno y otro.

La crisis por el desplome informático en la aplicación del sistema de cómputo ha coincidido con la cantada absolución del presidente, Donald Trump, en el proceso de impeachment (destitución política) en el Senado.

El cuarto puesto del exvicepresidente y candidato del establishment demócrata, Joe Biden –por detrás de la candidata progresista Elizabeth Warren–, ha venido a confirmar lo que anunciábamos allá por el mes de octubre. El juicio político contra el inquillino de la Casa Blanca por haber presionado a Ucrania para que investigara  los negocios del hijo de Biden iba a volverse finalmente contra este último.

Pero, paradojas, el boomerang del impeachment ha alcanzado al conjunto del Partido Demócrata, que encara muy tocado el proceso de primarias y que llega el próximo martes a New Hampshire.

Sanders, que en 2016 ganó en las primarias de este Estado de Nueva Inglaterra (este), es a priori el favorito y ha salido reforzado, también en donaciones, de Iowa. Tiene a su favor que el ala izquierda demócrata, en la que se sitúa junto a Warren, es más influyente que nunca y ha logrado poner en el centro del debate sus propuestas socialdemócratas. 

No obstante, tendrá enfrente a un Buttigieg al alza. El «alcalde Pete», quien fue regidor de la ciudad de South Bend (100.000 habitantes) en Indiana, ha sido, con su impronunciable apellido (de origen maltés)  la sorpresa para casi todos en Iowa. Algunos ya habíamos avanzado en las tradicionales porras de la redacción que, por su perfil y biografía, podía dar la campanada en Iowa.

Homosexual confeso (sube al estrado en los mitines junto a su marido) y cristiano devoto (es episcopaliano aunque estudió en un colegio católico y cita profusamente a San Agustín), combina un centrismo en política con su juventud (38 años) y trata en cierta manera de emular el fenómeno Obama.

Sin embargo, su perfil no termina de encajar respecto a las minorías, negra y latina, lo que unido a su inexperiencia, puede suponer un lastre a su candidatura. Y ahí, en el centro, le espera un Biden que sigue siendo el que más apoyos concita en las encuestas entre los demócratas a nivel federal y quien espera que su condición de vice de Obama le asegure la fidelidad del voto negro en las primarias del 29 de febrero en Carolina del Sur y le recoloque en buena posición ante el Supermartes del 3 de marzo, catapultando su mal comienzo y sus crecientes problemas para lograr el aval de los grandes donantes.

Esto (el proceso de primarias) no ha hecho más que empezar. Pero no podía haber empezado peor. Y no solo para Biden, sino para las expectativas del Partido Demócrata para mandar a casa de una vez a Trump.

 

 

 

 

 

 

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