Javi Rivero
Cocinero
GASTROTEKA

¿Tiene sentido cocinar todo en olla exprés?

Cocinar requiere tiempo y, además, hay que medir los tiempos para que los alimentos estén en su punto óptimo. Hay utensilios, como las ollas a presión, con las que se logra preparar los alimentos más rápidamente, pero este recipiente no está indicado para todos los platos, solo para algunos.

(Getty Images)

Hubo un tiempo en el que en el multiverso de la cocina doméstica no cohabitaban las redes, tampoco el postureo culinario. La cocina era un acto con el que alimentar a los convivientes de un mismo techo. Solo eso. Un acto inconscientemente consciente a través del cual, hoy, miramos atrás para entender todo lo que ocurre en una mini-fracción de segundo. Hablo del cómo se cocinaba, qué se comía, cómo y por qué. ¿Puede que hayamos relatado historias que realmente no lo son? ¿Hemos caído en la invención lógica de un cuento que explica lo inexplicable? Seguro que una gran parte de las cosas del comer se resume o limita a pequeñas y banales acciones que no tenían otro cometido que el de saciar el hambre del momento. Todo necesita un porqué, un contexto y un sentido para caber en nuestros libros de historia. Y, si no lo tiene, lo inventamos. Sucede lo mismo con la olla exprés.

Tiene mucho más que ver de lo que os pensáis, porque en este caso existe un motivo por el que nuestros mayores cocinaban absolutamente todo en olla rápida. He oído leyendas en las que se asaban pollos en olla exprés, se hacían tartas de queso e incluso caía alguna que otra paella. Os aseguro que la realidad, en este caso, supera la ficción. Nos prometieron el tiempo “perdido” a cambio del sacrificio de ciertos métodos culinarios. Y así es. Eso sí, el resultado… A todos nos gustan las vainas marrones de nuestra ama o amona. Nadie les hace ascos, pero todos los que hemos probado una vaina bien cocidita, a la inglesa, en su punto justo de cocción... ¿Tiene sentido cocinar todo en olla rápida? Si vuestra opinión es que sí, ya podéis ir pensando en qué historia escribir para que los libros del futuro hablen de las epopeyas de las ollas. Este es uno de esos casos en los que la historia, por inercia pura, ha cambiado algunas formas de cocinar y comer, sin hacer caso al sentido común culinario. La olla es fantástica por ese ahorro de tiempo, y nos permite tener en el plato unas legumbres en menos de una hora, en lugar de sus 3-4-5 horitas de cocción purista y clásica. Pero, en cuanto a las vainas, en lo que tarda en subir el pitorro de la presión, la vaina ya está pasada de cocción. Aquí, cada uno es libre de cocinar como quiera, pero creo que nos estamos perdiendo un gran disfrute en la mesa, sin tener que dedicarle más tiempo al asunto. Si pensamos que en la olla todo queda bien y le tenemos pillado el punto, genial, pero estamos perdiendo una parte de la cocina que nos obliga a pensar un poquito más. Es como cocinar todo con Thermomix. Cocinar es un hito en muchos casos, pero hacerlo todo con un robot, tiene cada vez menos de cocina. Sobre todo porque cada vez dejan menos espacio al error, al fallo que nos obliga a pensar el porqué del error y con el que aprendemos una forma más de cómo no hacer las cosas. Pues con la olla ocurre igual. No es lo mismo añadir medio dedo más de agua a la hora de cocinar unas legumbres, ni utilizar un vaso de 20cl que uno de 25cl. Entonces, ¿qué hacemos cuando nos indican que añadamos 3 vasos de agua a la cocción? Esos pequeños detalles se obvian, pero cambian totalmente el resultado. Errar es parte del proceso de aprendizaje de la cocina. Y, cuanto más cocinemos de forma automatizada, menos aprenderemos. Y lo peor, cuando nos animemos a cocinar algo y no quede como esperábamos, no sabremos resolverlo y esa frustración hará que nos desencantemos con la cocina. Por eso es importante saber para qué merece la pena utilizar cada cacharro.

La olla exprés: Gracias a la modificación de la atmósfera en la que se cocinan los alimentos, debido a la presión, estos se cocinan de forma más rápida. Por lo tanto, está pensado para productos “duros” o que necesitan largas cocciones. Por eso os pongo las vainas como ejemplo. Pero es que con los guisantes ocurre lo mismo. Un guisante necesita, para quedar verde y tierno, no más de 40-50 segundos de cocción inglesa. Por lo tanto, meterlos en una olla, además de una pérdida de tiempo, supone la pérdida del sabor fresco que caracteriza a esta verdura. Es curioso cómo para algunos casos la olla ofrece resultados totalmente contrarios al sentido para lo que fue concebida (el ahorro de tiempo).

Cocción inglesa: Para mí, la cocción natural de la gran mayoría de alimentos vegetales verdes. Se trata de añadir en una cazuela mínimo 10 partes de agua con respecto al producto que vayamos a cocinar. Poner esta agua a hervir con abundante sal y preparar un bol con agua fría y sal (y hielos, si queréis). Se trata de añadir el producto al agua hirviendo en tal cantidad que el agua no deje de hervir, aguantar los segundos o minutos necesarios, hasta que el producto esté tierno, y pasarlo rápidamente al bol con agua fría para cortar la cocción. Una vez frío, el producto mantendrá un color verde vivo y, si lo hemos tenido el suficiente tiempo, estará tierno. Listo para un último salteado en sartén o servirse tal cual. Para un guisante, lo dicho, unos segundos son suficientes. Para un puñado de “arbolitos” de brócoli, puede que necesitemos un par de minutos. Y así podemos cocer coles, coliflores, brócoli, guisantes, acelgas, espinacas, berzas, patatas, zanahorias… prácticamente cualquier verdura.

Para casos en los que realmente no hay tiempo, la olla se convierte en la mejor aliada. Pero, teniendo esa poca gana y margen de tiempo para probar a actualizar esas menestras ahora que viene la primavera, cargada de maravillas vegetales, vuestras preparaciones pueden tener algo más de brillo, luz y sabor. Lo de añadirle jamón u otros ingredientes es patrimonio inmaterial protegido de cada casa. Por lo que ahí no entro. On egin!