10/11/2019

«Das Vorspiel»
MIKEL INSAUSTI
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En el palmarés de la pasada edición del SSIFF donostiarra brilló con luz propia la alemana Nina Hoss, que recibió el premio de Mejor Actriz ex-aequo. Su papel de una muy estricta y obsesiva profesora de música constituye la piedra piramidal sobre la que se asienta “Das Vorspiel” (2019), segundo largometraje como realizadora de la actriz Ina Weisse, que se distribuye internacionalmente con el título de “The Audition” y en el Estado español se estrenará el 15 de noviembre como “La audición”.

Su presentación fue en el Festival de Toronto, dentro de la sección Discovery, y desde entonces se la emparenta estilísticamente con el cine de Haneke y temáticamente con la oscarizada película de Damien Chazelle “Whiplash” (2014), con la diferencia de que era una historia de hombres en el mundo del jazz, que confrontaba a J.K. Simmons como profesor y a Miles Teller como alumno de batería.

También hay violencia y tensión interna en “Das Vorspiel” (2019), solo que el barroco de Bach se presta a un mayor refinamiento y sutileza expresiva, mucho más centroeuropea. Se da la circunstancia de que Ina Weisse es violonchelista y la coguionista Daphne Charizani, violinista, por lo que conocen de primera mano el nivel de exigencia imperante para las y los concertistas de música clásica. Hicieron que la estelar Nina Hoss tomase clases de violín, con tal de aprender a representar la idea de virtuosismo que querían transmitir a la audiencia.

Ina Weisse, que suele trabajar mayormente como actriz televisiva y en el cine la hemos visto en la reciente “La sombra del pasado” (2018), de Florian Henckel Von Donnersmarck, ya había colaborado con Daphne Charizani en la escritura de su ópera prima “Der Architekt” (2008), que le valió a la austriaca Sophie Rois el premio del cine alemán como Mejor Actriz Secundaria. Las tres vuelven a participar en este segundo largometraje que cuenta con un reparto internacional, acorde con la multiculturalidad que se suele dar en las academias de música y en las orquestas sinfónicas.

El actor francófono de origen armenio Simon Abkarian encarna al marido de la protagonista y el danés Jens Albinus, a su amante. Este triángulo amoroso no resulta en realidad nada operativo, porque la profesora Anna Bronsky vive por y para la música, que es su única y verdadera pasión. Sus relaciones personales, tanto la matrimonial como la oculta, se tambalean. Ella necesita la chispa que le permita dar un giro a su rutinaria existencia y la va a encontrar en el talento de un joven alumno de violín, de nombre Alexander, y que es interpretado por el desconocido Ilja Monti. Su hijo de 10 años Jonás, al que encarna el actor infantil Serafin Mishiev, y que da clases con su madre, pronto se verá desplazado por el recién llegado, a la vez que la protagonista descuida a su familia y se centra en su nuevo pupilo.

Pero que nadie se piense que ser el alumno favorito de Anna Bronsky supone privilegio alguno, ya que por el contrario se convierte en una tortura. Metrónomo en mano, la mujer controlará el tempo musical y existencial del chico hasta límites enfermizos, y cada vez que le grita con un «Nein!» en la versión original se le encoge a uno el alma.

Nada comparado con el infierno interior que vive ella misma, porque se la llevan los demonios. Estamos ante la conocida figura de la mujer perfeccionista y neurótica que se ha construido una cárcel de la que no puede escapar, toda vez que no tolera ni los fallos ajenos ni tampoco los suyos propios. Hay una clara utilización del talento ajeno como vía o atajo para superar las frustraciones íntimas, puesto que es plenamente consciente de que nunca habría podido ser esa concertista magistral que quiere que sí sea su discípulo más aplicado. Todo lo que ella no ha logrado lo tendrá que obtener el exigido Alexander en su nombre, y para ello no dudará en explotar sus condiciones a fuerza de ejercicios repetitivos.