08/02/2015

Arquitectura de la resistencia
IñIGO GARCíA ODIAGA
42arkitektura837

La arquitectura más humilde suele ser al mismo tiempo la más sincera. Allí donde no hay derroches económicos no pueden producirse exageraciones, y por este motivo, la arquitectura se reduce a su esencia. Bajo estos esquemas de mínimos, que aportan carácter a la obra construida, los edificios se vuelven contundentes, rudos y austeros, en cierto modo resistentes al paso del tiempo y a las modas pasajeras. El ornamento y lo superfluo no tienen cabida en este tipo de proyectos.

El arquitecto Kashef Mahboob Chowdhury nació en Dhaka, Bangladesh. Dado que su padre era profesor de ingeniería civil, pudo acceder a los estudios superiores y graduarse como arquitecto en la Universidad de Ingeniería y Tecnología de Bangladesh en 1995. Pero su vida cambió radicalmente cuando asistió a una masterclass del premio Pritzker Glenn Murcutt, donde comprendió que de las máximas restricciones pueden derivarse los mejores aciertos.

Con estos ideales, Kashef Chowdhury abrió su estudio de arquitectura, con la convicción de que sus edificios debían encontrar la raíz de la historia, poniendo el énfasis en el clima, los materiales y el contexto, tanto natural como humanitario. El ritmo de trabajo es pausado, una condición que Chowdhury impone a sus proyectos, de modo que pueda reservarse un tiempo adicional para la investigación, alcanzando así un nivel de innovación y de expresión adecuados. Su obra alberga desde la conversión de las naves industriales antiguas en centros de formación, hasta mezquitas, galerías de arte, edificios de viviendas e incluso oficinas centrales corporativas de algunas grandes empresas.

El Centro de la Amistad, cerca de la capital del distrito de Gaibandha, en Bangladesh, es la sede de una ONG que trabaja con algunos de los habitantes más pobres del país. Toda esa población habita principalmente en las islas fluviales que forma el río Jamuna, un territorio con difícil acceso y oportunidades laborales muy limitadas. La agricultura es la actividad predominante de los vecinos de la región, que viven y trabajan bajo la amenaza constante de una gran inundación si los terraplenes que rodean la ciudad y los campos se rompiesen.

El Centro de la Amistad promueve programas de formación y también presta sus instalaciones para celebrar reuniones, cursos, conferencias, etc., abriendo una puerta a la esperanza para los ciudadanos de Bangladesh.

Económicamente, para Kashef Chowdhury no era viable elevar el edificio y sus estructuras por encima del nivel de inundación, una altura aproximada de dos metros y medio, lo que suponía prácticamente construir una planta más. Además, la ubicación del solar en una zona sísmica y con un suelo limoso de baja capacidad portante añadía aún más complicaciones.

El diseño del proyecto se basa en un terraplén que rodea el edificio y le brinda protección contra las inundaciones, al mismo tiempo que permite que este se construya directamente sobre el suelo existente, utilizando los tradicionales muros de ladrillo y mampostería portantes de la región.

El agua de lluvia y la escorrentía superficial se recogen en las piscinas interiores y el exceso se bombea a un estanque excavado, que también se utiliza como piscifactoría, dando empleo a los agricultores de la región.

El diseño de los espacios interiores persigue la ventilación natural y la refrigeración, objetivo que el proyecto logra mediante la disposición de los patios y las piscinas interiores, y gracias también a la tierra que cubre las cubiertas, que sirven para acumular el agua de la lluvia.

En este mismo sentido, el terraplén que rodea al edificio, además de protección, le otorga sombra y resguardo frente al calor.

Los diferentes usos se distribuyen por los distintos pabellones, como por ejemplo la recepción, oficinas, biblioteca, sala de conferencias, las aulas de formación, un espacio de oración y un pequeño almacén de víveres.

Al igual que en el sistema constructivo, la tradición y la historia también están presentes en las formas del edificio, haciéndose eco de las ruinas de los antiguos templos de Bangladesh, como el de Mahasthan, del siglo III a.c., a unos sesenta kilómetros al norte del edificio. La utilización de un único material, el rigor de las formas y la fusión de la arquitectura con el paisaje otorgan al templo y a la sede de la ONG una simplicidad rigurosa que construye una austeridad monástica.

La arquitectura del Centro de la Amistad se enfrenta a las inundaciones, al calor extremo y a las limitaciones económicas, y lo hace con la dignidad que le brinda lo esencial, con la fuerte determinación de perdurar y con el deber de proporcionar a sus usuarios un refugio en el que resistir.