Mikel INSAUSTI
CRÍTICA «Zootrópolis»

La gran civilización de los animales antropomórficos

El público familiar es el que mejor se está adaptando a los rápidos y profundos cambios que se están obrando en la animación de Disney, ya que a parte de la crítica le está costando algo más asimilar la influencia decisiva que está teniendo en el estudio del tío Walt la entrada de John Lasseter con su compañía Pixar. Hay quien todavía se resiste a ponerse al día y reconocer que las princesas Disney son un concepto del pasado, y que han sido sustituidas por verdaderas heroínas de acción con las que las niñas de todas las edades se sienten plenamente identificadas. La nueva “action-woman” Disney se llama Judy Hopps, y como personaje no para de crecer a lo largo del metraje de “Zootrópolis”, aunque en principio no es más que un pequeña conejita que apenas llama la atención.

“Zootrópolis” en la versión doblada y “Zootopia” en la versión original, que tanto da, es el reverso animal de la moderna civilización. De este modo la película logra actualizar la tradición de la fábula con animales antropomórficos, y hasta se permite hacer chistes sobre el hecho de que estos vayan vestidos y se sientan cohibidos cuando se desnudan. En ese universo paralelo la protagonista sufre discriminación por razón de sexo, ya que quiere ser investigadora y en el cuerpo policial los grandes mamíferos macho la relegan a tareas humillantes.

Para salir adelante la conejita tendrá que aliarse con su enemigo natural el zorro, que toma la identidad detectivesca de Nick Wilde, quien le ayudará en la resolución de un caso criminal que presenta preocupantes síntomas de una involución a los instintos depredadores de las bestias salvajes. Así forman una pareja policial antitética en la tradición genérica de las “buddy movies”, dentro de una divertida y ocurrente comedia negra que homenajea a “El Padrino” en tamaño reducido de roedor, o parodia el funcionariado kafkiano con los lentos osos perezos en ventanilla.