«La solidaridad debe pasar a un movimiento contra la austeridad»
Nacido en Mytilene, capital de la isla de Lesbos, hace 35 años, Yiannis Bournous es una ficha clave en la estrategia de Syriza de cara a Europa. Asume los retos que tienen por delante y considera que todo avance tendrá su reflejo en otros estados.

Tiene una de las tareas clave en el programa de Syriza. Como responsable de políticas europeas, Yiannis Bournous tiene en su mano establecer alianzas para cambiar la correlación de fuerzas y revertir la austeridad.
Las elecciones han vuelto a dar la victoria a Syriza después del referéndum y tras firmar el tercer rescate. ¿Cómo valora la situación política actual?
Hemos vivido un cambio de atmósfera. Entusiasmo por la victoria en enero, entusiasmo por la dinámica de negociaciones, clímax en el referéndum y luego decepción por el acuerdo. Luego pesimismo porque Syriza iba a colapsar y, posteriormente, nueva victoria, pese a todas las dificultades. Por los mensajes que recibimos, todas las fuerzas de izquierda progresista están muy satisfechas por la victoria de Syriza. Saben que tenemos un gran reto. Por una parte, seguir el acuerdo al que nos forzaron a firmar. Por el otro, encontrar políticas paralelas para proteger a la población más pobre.
Tras la firma del memorándum hubo un compromiso para abordar la deuda.
Hemos conseguido poner sobre la mesa esta cuestión. Desde el principio insistíamos en que la deuda no es sostenible. En un primer momento únicamente la izquierda planteaba que la deuda de Grecia, España, Portugal o Irlanda no es asumible. Ahora todo el mundo se ha sentido forzado a admitirlo porque es la realidad. Incluso el FMI, por sus propias razones tecnocráticas, ha entrado en la discusión sobre una reestructuración de la deuda en Grecia. Intentamos forzar las contradicciones de nuestros oponentes. Merkel no quería discutir sobre la deuda. Sin embargo, sí que quieren al FMI dentro del programa de Grecia. Para quedarse, el FMI reclama una reestructuración de la deuda. Y esta es una de las claves de la negociación. Si conseguimos un acuerdo que alargue los plazos o reduzca los intereses será un mensaje para Europa. Especialmente de cara a las elecciones españolas.
Cuando Syriza llegó al Gobierno puso en marcha la comisión para la auditoría de la deuda. ¿Asumir el pago sin plantear su ilegitimidad implica un cambio de posición?
Vamos a ser claros. Esto tiene que ver con la realidad de desarrollar un programa de Gobierno. Teníamos un programa de oposición, algo teórico, pero llegas a la imagen real cuando intentas aplicarlo. Recordemos el caso de Ecuador. Al margen del lenguaje ético, no realizaron ninguna acción unilateral. Cooperaron con fondos norteamericanos y llegaron a un acuerdo para recomprar los bonos a un precio más barato. Usaron una metodología técnica. Al margen de que usemos los términos de que la deuda no es ética, o que una parte no sea legal, hay que remarcar que no es sostenible. Y hay que probarlo. De este modo tu oponente no te puede decir que usas un lenguaje ético, sino que, en la práctica, política e incluso tecnocráticamente, no tienen argumentos para rechazar tus argumentos. Incluso el analista más neoliberal tiene que admitir que, aún en el caso en el que vendiésemos la última isla griega, no podríamos incrementar el PIB que reclaman. Nadie puede decir que nos equivocamos. Con este argumento iremos a la mesa de negociación y recordaremos que incluso el FMI, que es su aliado, dice que la deuda no es sostenible y necesita ser reestructurada.
¿Replantear el pago de la deuda implicaría una salida de la eurozona?
Honestamente, no puedes tener una política fiscal autónoma incluso si sales de la eurozona. Imaginemos que sales del pacto de estabilidad. Sigues siendo miembro de la Unión Europa, que tiene tratados que también hablan de la política fiscal. Por eso decimos que la clave está en si las fuerzas de izquierdas, verdes, progresistas, somos capaces de cambiar los equilibrios de poder en cada país.
Creo que tenemos las bases para tener un buen acuerdo sobre la deuda si somos eficientes en la negociación. Espero que en invierno podamos lanzar un mensaje positivo al resto de los países europeos. Sabemos que no quieren hacer nada antes de las elecciones españolas. Pero explicaremos que no es sostenible.
Uno de los condicionantes para el chantaje de julio fue la proximidad de las elecciones en el Estado español. ¿Cree que pueden llegar a avances antes de que se celebren dichos comicios?
En realidad, cualquier logro, por pequeño que sea, se pondrá en la mesa de discusión. También cualquier error. Tenemos una gran responsabilidad.
Una de las tareas que tienen por delante en los próximos meses puede generarles un importante coste político. Deben gestionar las consecuencias del memorándum firmado por Tsipras en agosto con la Troika.
Es una discusión abierta. En cualquier caso, vamos a intentar mantener un equilibrio. Nuestro contexto es similar a la situación de la que Noam Chomsky hablaba en referencia al primer gobierno de Lula: la necesidad de expandir tu base dentro de la caja hasta que seas lo suficientemente fuerte como para romperla. Este análisis se puede aplicar a Grecia, donde, por un lado, tienes que implementar las medidas del memorándum y, por otro, reforzar las alianzas en Europa. El Sinn Fein, o la izquierda eslovena, son segunda fuerza. Estamos en mejor situación que hace un año. La cuestión es cómo transformar todo ese movimiento de solidaridad con Grecia en un movimiento contra la austeridad. Tiene que ser el reflejo de una lucha contra la austeridad en cada país. Por ejemplo, si logramos incluir en esta pelea al Partido Laborista británico con Jeremy Corbyn, esto cambiará los términos de la discusión en Europa. Corbyn ya no es el representante de una facción de izquierdas que se solidariza con Grecia, sino el líder de la oposición en un país muy conservador y que ha mantenido una línea estricta con la austeridad. El caso de Grecia, las elecciones en España y en Irlanda determinarán muchas cosas.
Antes de hablar sobre el futuro parece imprescindible hacer un análisis sobre los últimos meses. ¿Qué ocurrió en ese momento en el que Tsipras decide firmar el memorándum pese al abultado rechazo a la austeridad en el referéndum?
En mi opinión fue revolucionario el hecho de que se marchase de Bruselas y convocase el referéndum. Por primera vez las masas estaban sobre la mesa. Desarrollamos un referéndum con fuertes presiones, los bancos cerrados y una gran campaña mediática en contra. Fue una campaña de terror como en el golpe de Estado en Venezuela en 2002. Y pese a todo se obtuvo el 62%. Sin embargo, hay que recordar que Tsipras no pidió decir «no» para salir del euro, sino para lograr un acuerdo mejor. No apoyo el acuerdo, pero técnicamente es ligeramente mejor que lo que planteaba Juncker. La otra opción era el colapso. ¿Qué puedes hacer? Unidad Popular cree que si Tsipras se hubiese levantado de la mesa y hubiese aceptado un «default» incontrolado hubiese sido un héroe. No. Le hubiesen apedreado en Syntagma. Porque al día siguiente la gente no encontraría un euro en sus cuentas. Y los afectados no serían los ricos, porque ellos tienen el dinero fuera.
Uno de sus planteamientos estratégicos es cambiar la correlación de fuerzas en Europa. ¿Qué pasos tienen previstos en ese sentido?
Es necesario organizar encuentros con toda las fuerzas políticas y sociales. Por supuesto, estas alianzas no serán coherentes al 100%, pero tampoco los oponentes están faltos de contradicciones. La cuestión es tener cierta base para articular ideas y prácticas contra la austeridad. Lo que debatimos no es el carácter del socialismo, sino frenar la ofensiva neoliberal y proteger los derechos sociales. No necesitas tener acuerdos en el socialismo. Eso llegará luego.
Unidad Popular, la escisión surgida tras la firma del memorándum, planteaba una ruptura absoluta con el euro. ¿Cómo han gestionado la traumática ruptura con sus antiguos compañeros?
Pareció traumático en el Comité Central o porque perdimos 25 diputados, pero el partido perdió solo el 13% de sus miembros y Unidad Popular fue destrozado en las elecciones. Esto tiene que ser una lección útil: fallaron en dar un plan concreto sobre qué querían. Hemos escuchado muchas versiones sobre qué ocurriría si volviésemos al dracma, pero no hay una propuesta concreta. Nadie rechaza la discusión. Pero tienen que explicar qué hacemos con los bancos o con las importaciones. El propio Lapavitsas ha cambiado de opinión en público en varias ocasiones. Al final, una devaluación implicaría tocar los fondos de pensionistas y trabajadores, no de los ricos, que tienen su dinero en Suiza. Fallaron a la hora de dar respuestas. Es necesario plantear un plan, no una propuesta basada exclusivamente en ideología, que es la definición de la izquierda extraparlamentaria. No puedes atraer a la gente con programas basados en máximos ideológicos. Es no entender qué ocurre en la sociedad. Nosotros lo sabemos porque cometimos esos errores en el pasado. Estuvimos planteando dilemas que no existían en la sociedad. La clave de Syriza fue cuando Tsipras planteó en 2012 lanzar un programa contra el memorándum y comenzar a ganar gobiernos. Ese fue el «click» definitivo.
«La acogida de 120.000 refugiados es insuficiente»
El progresivo cierre de fronteras en Europa amenaza con que la crisis de los refugiados termine convirtiéndose en un problema griego. ¿Qué pueden hacer?
Ha habido un cambio radical en la presencia griega en Europa sobre migración. Antes teníamos incidentes con la policía marítima, que disparaba a los botes. Eso no ocurre ahora. No tenemos campos de concentración, sino centros de acogida abiertos. Intentamos tramitar la documentación lo antes posible para que puedan seguir su camino hacia Atenas o donde consideren. La mayor parte de esa gente no quiere quedarse en Grecia. Están obligados a venir porque este país es la entrada. Por ejemplo, el Gobierno de Antoni Samaras hizo la barrera en el norte, lo que le hace responsable de lo que está ocurriendo. Tenemos que poner en marcha un plan. Creo que hay que luchar por una responsabilidad de acogida en Europa. No se puede aceptar que haya países que dicen que no van a acoger ninguno o solo 2.000. En Lesbos hemos llegado a tener 40.000. No es aceptable. Hay que compartir la responsabilidad y eso implica dividir el número de acogidos. Es el único camino para resolver el problema. De otra manera Grecia e Italia serían destruidas, porque no pueden asumir todo esto.
Los países europeos han llegado a un acuerdo y han anunciado que acogerán a 120.000 refugiados. ¿Cómo valora esta cifra? ¿Cree que Grecia puede hacer algo más de lo que ya está haciendo?
Creo que si somos eficientes, si tenemos suficientes policías para hacer los trámites, si ponemos en marcha suficientes barcos, podremos compartir la responsabilidad. Los 120.000 no son suficientes. Tienen que incrementarlos.
La crisis de los refugiados se suma a una situación de graves dificultades sociales en la propia Grecia. ¿Cómo pueden gestionar la situación cuando tienen dificultades para sostener a su propia población?
Si no tenemos un acuerdo rápido podemos ver cómo se incrementa la crisis humanitaria. No vamos a parar a esta gente en su trayecto. En lugar de poner el foco en qué hace Grecia habría que plantearse quién hace vallas o les impide el paso.A.P.

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