Lateralidad, un tema desconocido pero crucial en el aprendizaje de las niñas y niños
Jordi Catalán es médico especialista en neurodesarrollo, director del Instituto Médico de Desarrollo Infantil de Barcelona; Nahikari Beltran, optometrista del centro interdisciplinar Unea. Charlamos con ambos sobre lateralidad, un tema desconocido pero crucial en el aprendizaje de las niñas y niños.

Jordi Catalán es un doctor apasionado del neurodesarrollo infantil. Lleva más de 45 años trabajando en este ámbito y este año ha venido por segunda vez desde Barcelona a Irun, esta vez para tratar el tema de la lateralidad, es decir, la capacidad de poner orden al sistema nervioso. Es vital para la lecto-escritura, pero, tal y como señala el médico, es «un drama», porque no hay nadie que se ocupe directamente, excepto las y los profesionales que han hecho algún curso y se han formado en el tema.
«No hay ninguna carrera en la que se trabaje el diagnóstico de la lateralidad a fondo. La maestra o el maestro puede hacerlo, el psicopedagogo tendría que hacerlo, los optometristas quizás son los que más lo hacen porque son muy inquietos y buscan respuestas a los problemas de las niñas y niños», sostiene.
Optometristas como Nahikari Beltran y su compañera Amagoia Artetxe, del centro interdisciplinar Unea de Errenteria.

Catalán ofreció el curso ‘Lateralidad y aprendizaje’ en el recinto Ficoba de Irun el pasado 22 de noviembre. También ha publicado un libro sobre el mismo tema: ‘Más allá de las dos manos’.
No es la mano, es el cerebro
Normalmente, cuando se habla de lateralidad lo primero que se piensa es con qué mano escribe la niña o el niño. Si escribe con la derecha es diestro y si escribe con la izquierda es zurdo. «Eso no es nada fiable, porque en realidad la lateralidad no es ni la mano ni el ojo ni la pierna; es el cerebro el que se organiza lateralmente», apunta el doctor.
En la película ‘El discurso del rey’, hay un momento en el que el rey Jorge V dice: ‘Yo empecé a tartamudear cuando me cambiaron la mano’
«Primero está la etapa motora, la coordinación de movimientos, el gateo, el arrastrado, y eso se hace a través de la organización del cerebro más bajo, más primitivo. En la medida en que se va subiendo de nivel aparece ya la corteza cerebral que hace las funciones más nobles de comprensión, de integración de la información, de la expresión, de todos los procesos de aprendizaje, de matemáticas, de lecto-escritura, del razonamiento... Esto está en la zona alta, y es ahí donde hace falta tener una buena lateralización», explica.
Primeras señales
Un síntoma de que puede haber un cierto desorden en la lateralidad es el retraso en el lenguaje. En opinión de Catalán, en la logopedia se debería de valorar también cómo está organizada la lateralidad de la niña o el niño. En la película ‘El discurso del rey’, hay un momento en el que el rey Jorge V dice: «Yo empecé a tartamudear cuando me cambiaron la mano». Él escribía con la izquierda o intentaba hacer el aprendizaje con la izquierda y le pasaron a la derecha, y en ese momento empezó a tartamudear.
Luego están los problemas de coordinación, que a veces repercuten en el montaje de la lateralidad.
Otro signo que se puede ver de forma precoz es cuando una niña o un niño no termina de decidir qué mano usar. A veces utiliza la derecha, otras veces la izquierda. «Eso sería normal hasta los tres o cuatro años. Pero a partir de los cuatro años, utilizar alternativamente las manos quiere decir que no hay predominio de un lado sobre el otro, y eso nos dice que hay confusión en las funciones de tipo cerebral».
«Antes de iniciar la lecto-escritura a todos los niños se les tendría que hacer una valoración de lateralidad para evitar fracasos, dificultades, trastornos... Es sencillo», defiende Jordi Catalán
Cuando se inicia el proceso de identificación de números y letras puede ocurrir que haya una baja relación entre fonema y grafema. Eso quiere decir que el número se nombra de una manera (uno, dos, tres...), pero a la persona no se le queda. Ve el número, sabe que es un número, pero no recuerda cómo se pronuncia. Y lo mismo pasa con las letras y las sílabas, intenta decirlas pero sin haber hecho el circuito correcto de identificación. Cuando se ven estas cosas hay que mirar la lateralidad.
Una valoración
«En realidad, antes de iniciar la lecto-escritura, a todos los niños se les tendría que hacer una valoración de lateralidad para evitar fracasos, dificultades, trastornos... Es sencillo», defiende el médico.
Hay una cosa curiosa en la lateralidad, muy sencilla y trascendente: el barrido visual. Es el recorrido que hacen los ojos para hacer un proceso de lectura o de escritura. «En nuestra cultura leemos de izquierda a derecha, pero los niños zurdos, los que no están bien lateralizados, los que tienen una lateralidad cruzada y les domina el ojo izquierdo, tienen tendencia a hacer el barrido visual de derecha a izquierda, porque su programación es de derecha a izquierda. La escritura árabe está montada por un zurdo, seguro», indica.
Si la niña o el niño no tiene bien estructurado el barrido de izquierda a derecha, al ponerle a leer lo fácil es que haga inversiones, porque su tendencia natural es ir de derecha a izquierda. Para el doctor este es un síntoma muy sencillo pero muy claro de que la lateralidad es trascendente en todo el proceso de aprendizaje. «Tener una buena organización del espacio, la direccionalidad, es básica para poder entrar en el aprendizaje».
Con los zurdos debería de hacerse un proceso para empezar a leer de izquierda a derecha. También con los que tienen lateralidad de ojo izquierdo, aunque escriban con la derecha. De la misma manera en que se les enseña a los zurdos escribir de izquierda a derecha, en la visión también debería de hacerse.
El drama de la lateralidad
«El drama de la lateralidad es que todo el mundo conoce lo que es: ser diestro, ser zurdo, lateralidad cruzada... pero hay muchos detalles en los que uno debe formarse para poder entrar a fondo en este tema y poder acertar», subraya Jordi Catalán.
«Me he encontrado incluso a adultos que escriben con la izquierda, dicen que son zurdos, pero les haces una valoración de la lateralidad y todo lo demás lo hacen con la derecha»
«Parece que no tiene importancia. Si el niño escribe con la izquierda, que escriba con la izquierda. Si es zurdo, bien, pero si es diestro no. Me he encontrado incluso a adultos que escriben con la izquierda, dicen que son zurdos, pero les haces una valoración de la lateralidad y todo lo hacen con la derecha. Cuando tienen que hacer procesos de aprendizaje tienen que hacer mucho esfuerzo: no están diseñados para escribir con la mano izquierda».
En el aprendizaje no usar la mano que te toca, sea diestro contrariado o zurdo contrariado, supone que puede haber problemas de mala grafía y dificultades en transmitir la información. «Tú tienes la información clara de lo que quieres escribir, pero en el momento en el que escribes hay un lío de circuitos que hace que se ralentice la producción gráfica y se escriba con más lentitud o incluso perdiendo ideas. Ya no te digo nada de la ortografía. La ortografía es un acto automático. Primero aprendemos las normas, pero luego al escribir no piensas si ‘haber’ lleva o no hache. Pero si no es la mano que está programada para hacer la escritura, puede haber errores también de ortografía».
Inversiones
Nahikari Beltran ve en las niñas y niños muchas inversiones: números al revés, confundir la ‘b’ con la ‘d’, la ‘s’ con la ‘z’, el 6 con el 9, el 5 con la 2... «Las dificultades son generales con la lectura y la escritura. Van más lentos que los demás. Y es bastante fácil que les pongan otras etiquetas: A ver si va a tener dislexia... Es muy habitual cometer esos errores en el diagnóstico», nos cuenta.
La lateralidad y la dislexia están relacionados. No todos los niños que tienen dislexia tienen trastornos de lateralidad, pero los niños que tienen trastornos de lateralidad pueden caer en una dinámica de dislexia.
Como si antes no hubiera nada
Catalán cree que hay un problema hoy en día porque «la moda es diagnosticar si es TEA o si tiene TDH, dislexia o discalculia. Es lo único que existe. ¿Por qué ha subido tanto el número de niños con déficit de atención, aparte de las pantallas y de que no se trabaja la atención? ¿Por qué han aparecido tantos casos de dislexia? Porque es lo único que se valora», censura.
«Si gira letras y números, si tiene dificultades en la coordinación, hay que ver de dónde viene eso. A lo mejor es de la lateralidad y a los cinco años ya podemos empezar a poner orden»
«Hay alteraciones visuales, alteraciones auditivas, procesamiento auditivo incorrecto, procesamiento visual incorrecto, temas de lateralidad, temas de falta de coordinación, temas emocionales, ¡como si no existieran los temas emocionales que fastidian el aprendizaje de los niños! Hay diferentes trastornos y dificultades antes del diagnóstico de TEA o de TDH, que normalmente se hace a los siete-ocho años. Es como si antes no hubiese nada, y es precisamente donde hay más cosas y que, además, se pueden empezar a trabajar».
«Si gira letras y números, si tiene dificultades en la coordinación, hay que ver de dónde viene eso. A lo mejor es de la lateralidad y a los cinco años ya podemos empezar a poner orden. Entonces, a lo mejor, no llega a diagnosticarse de dislexia porque se le resuelve el tema».
Catalán explica que muchos de los casos de déficit de atención vienen determinados porque son niños que no tienen facilidad de hacer procesos de aprendizaje por tener algún tipo de desajuste (visual, auditivo, de lateralidad...) y entonces, el trabajo académico les aburre, les cuesta, y no prestan atención, porque no les atrae, porque tienen que hacer un gran esfuerzo. Para ellos es un martirio, y desconectan. No todos los déficit de atención se deben a esto, pero hay algunos que sí.
No es lo mismo oír que escuchar
En el tema de la escucha hay un factor muy importante: no es lo mismo oír que escuchar. Yo puedo oír bien y escuchar mal. «Hay niños que han tenido desde el primer año hasta los cuatro mucho moco en el oído. Es la época en la que empiezan a construir el lenguaje. Como la llegada de información está disminuida, la construcción y la comprensión del lenguaje también. Luego, resulta que se arreglan los oídos, ya no hay moco. Entonces, el niño oye bien, pero la comprensión del lenguaje no es buena», indica Catalán.
Beltran añade que van al otorrino, allí solo le hacen una audiometría y oyen bien. «Ahí sí que hay poca gente que mide la escucha. Muchas veces estos niños están muy dentro de ellos porque se escuchan mucho a ellos y no escuchan lo de fuera. Entonces, para ellos es súper difícil mantener la atención fuera. Estos son muy típicos de déficit de atención, porque es muy difícil para ellos mantener la atención, sobre todo en clase, donde hay gente hablando por lo bajo. A veces escuchan mucho más ese susurro que al ‘andereño’ hablar».
Entrenar la atención
Normalmente se habla de déficit de atención porque se habla de un trastorno. Pero, según el médico, es una falta de aprendizaje de manejar la atención. «Hoy en día, aparte de los problemas de la maduración del oído y la escucha, las pantallas y los juegos interactivos no ayudan en el proceso de mejorar la atención. La atención se mejora a través del juego, del lenguaje, de la comunicación...».
Nahikari Beltran: «¿Quién habla con los niños? Muchas veces tienen problemas de lenguaje porque no se han entrenado. En las casas ahora se habla mucho menos»
La optometrista está de acuerdo. «Hay que entrenar la atención. Jugar a juegos de mesa. Algo que ahora se hace mucho menos es hablar. Hay que aprender a hablar. ¿Quién habla con los niños? Muchas veces tienen problemas de lenguaje porque no se han entrenado. En las casas ahora se habla mucho menos».
Diagnóstico
El diagnóstico de lateralidad no es nada difícil. En su libro Catalán ha desarrollado un test para que cualquier profesional o incluso cualquier madre o padre pueda hacerlo, aunque hay casos en los que hay que acudir a alguien que tenga experiencia.
Hay diferentes formas de lateralidad: «La diestra no tiene ningún problema. La zurda tampoco, excepto llevar el barrido de izquierda a derecha. La lateralidad tardía, el niño que no termina de decidirse, es relativamente fácil, consiste en trabajar la coordinación motora, todos los aspectos anteriores para darle la posibilidad de decidirse hacia qué lado. La cruzada (ojo de un lado y mano contraria; oído de un lado y mano contraria) requiere de un especialista. La lateralidad contrariada sucede cuando el niño es diestro y escribe con la izquierda o el niño es zurdo y escribe con la derecha. Eso también requiere de un especialista, para saber si hay que cambiar de mano, cómo, cuándo...
Otro concepto muy importante es la prelateralidad. En el libro hay un test de lateralidad y otro de prelateralidad. Este nos permite valorar toda la coordinación motora, la coordinación visual, habilidades auditivas, antes de estar lateralizado. Si no tengo una buena coordinación de los dos lados, soy torpe, los movimientos oculares no son buenos... no conviene hacer diagnóstico de lateralidad, porque puede ser erróneo.
Si ese test de prelateralidad está bien, se puede pasar al de lateralidad.
Mala pinza escribana
Por ejemplo, si hay una organización visual que no es buena, hay que ir al optometrista para que nos haga una valoración más específica. Si hay una baja impregnación de las manos, hay que enriquecer todo este proceso de manipulación, porque hoy en día se hace poco.
«Los niños empiezan a escribir demasiado pronto. A los cinco años ya empiezan a escribir cuando debieran de estar haciendo cosas mucho más manipulativas»
Catalán comenta que un problema que ha aumentado mucho es la mala pinza escribana. Las niñas y niños cogen el lápiz de las formas más inverosímiles. Tienen mala letra. ¿Por qué? Porque la etapa anterior, que es la manipulativa, no se ha hecho correctamente, tienen poca riqueza. Entonces cogen el lápiz como si fuese un puñal, porque no hay finura en la punta de los dedos.
Beltran considera que empiezan a escribir demasiado pronto. «En la edad de cinco años ya empiezan a escribir cuando debieran de estar haciendo cosas mucho más manipulativas. Recientemente hemos estado en un congreso y un grafólogo decía que antes de los seis años los niños no tienen que escribir absolutamente nada, ni su nombre. Habían hecho un estudio en España, Argentina y México y el 80% tenían una mala pinza, y era por eso».
Tenemos prisa para todo, pero la optometrista nos da el siguiente consejo: «No es importante empezar a caminar a los doce meses, déjale que gatee porque mientras gatea está creando esas conexiones entre los dos hemisferios que luego son los que necesitamos para que se haga una buena lateralización. Déjale que juegue manualmente, que corra en la arena, en la hierba, no le pongas una pantalla. Juega. Sal a la calle, a la naturaleza, al agua. Experimenta. Todo eso hace que tu cerebro se desarrolle y es lo que necesitas luego para escribir y leer bien».

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