«Llevaba dos años en París, estudiaba y trabajaba allí... pero buscaban un trofeo»
Su caso está repleto de paradojas. La detención fue vendida por Madrid como un gran golpe, pero se desinfló en minutos, cuando se supo que hacía vida normal en París. Ahora está libre, pero con juicios pendientes sobre recursos que pueden llevarle a prisión.

No es la primera vez, pero sí especialmente llamativa. La detención de Egoitz Urrutikoetxea fue vendida el 6 de octubre como un intento de impedir el relevo en la dirección de ETA. Pero se desinfló casi al instante, hasta el punto de que el pasado viernes quedaba libre. Muy pocos medios dieron cuenta de ello, más aún al coincidir su puesta en libertad en Fresnes con los atentados yihadistas que han conmocionado a París. El caso es que Egoitz Urrutikoetxea ya está en Zuberoa, donde ha sido entrevistado por Kazeta.eus. Esta es la traducción al castellano de la valoración que hace de todo este caso.
Después de haber recuperado la libertad, ¿cómo se siente?
Libre, de momento. La cuestión es que en el procedimiento había un montón de fallos y mis abogadas los han encontrado y subrayado. Así que no han tenido más remedio que soltarme...
Mirando atrás, ¿cómo valora la detención? Por lo que se sabe, hace dos años que vivía en París, el mismo día de la detención los ministros de Interior de los estados español y francés firmaron una declaración...
Hacía casi dos años que vivía en París, estaba estudiando en la Universidad. Por decirlo de algún modo, hacía vida normal, había empezado a trabajar. Hacía sustituciones en la Universidad y también tenía otro trabajo fijo. Lo único que veo en esto es que querían conseguir otro trofeo, dentro de esa lógica del Gobierno español de vencedores-vencidos y en ese remolino de las elecciones españolas. Ha sido una operación de propaganda, no veo nada más que eso. Que los ministros firmen una declaración ese mismo día es algo que no ha ocurrido en otras detenciones recientes. Curioso.
¿Bajo qué condiciones ha sido liberado?
Cuando me soltaron, el juez decidió conceder la libertad sin ninguna condición. Las únicas son que tengo dos juicios en diciembre y un tercero el 2 de febrero y tengo que presentarme allí. El asunto es un error de procedimiento; no han respetado los plazos que debieran por ley.
¿Qué hay de esos juicios pendientes por condenas anteriores? Dos de ellos conllevan una amenaza de cárcel de cuatro años, y el tercero, de dos...
Ese tercero en realidad era de seis años. Lo que ocurrió es que recibí una condena de dos años en el Tribunal Correccional y el fiscal recurrió; entonces, la pasaron a seis años. Lo que los abogados han hecho ha sido presentar apelación a los seis años que se establecían cuando me arrestaron, y al mismo tiempo otra a la condena de dos. Lo que han puesto sobre la mesa es que mis derechos han sido vulnerados en cierta medida, porque si el juicio en la Corte de Apelación fuera sobre la condena de seis años, yo no tendría ninguna opción de recurrir. Basándose en la jurisprudencia, han encontrado una opción de suspender la vista en la Corte de Apelación y volver a «bajar» al Correccional. Sería algo así, aunque aún no está todo claro.
Hasta esos juicios, libre...
Sí, estoy libre y que yo sepa no tengo ninguna medida especial en mi contra, sobre todo porque el fallo lo han cometido ellos. Me han tenido que liberar porque disponían de un plazo de quince días. La detención del 29 de octubre al 13 de noviembre, por tanto, ha sido ilegal.
En cualquier caso, esos juicios estarán en la mente...
Sí, pensar, se piensa en ello, pero por el momento estoy fuera y quiero fijarme en eso. Tendré opción de acudir al tribunal en libertad, con todo lo que ello supone. El hecho de estar libre en gran manera le pone el contrapunto a los argumentos que ellos quieren utilizar. Sabemos qué criterios usa la Justicia. Tomarán la decisión en función de la situación, sobre la marcha. Sabemos que la detención ha sido la consecuencia de una decisión política. A partir de ahora, veremos.
Ha recibido numerosos gestos de apoyo, especialmente en Zuberoa. Además de crearse un grupo de apoyo, cientos de personas salieron a la calle por su libertad. ¿Cómo lo ha recibido?
Con alegría. Y con alegría además porque esa movilización no tenía solamente como objetivo expresarme su apoyo a mí, sino reclamar que todos los presos y presas políticas estén en casa. El caso no es mío, sino general. Eso está claro. Este apoyo lo ha expresado bien y yo también lo tengo muy claro.
En un momento en que Euskal Herria está inmersa en un proceso de paz, las detenciones se multiplican...
Creo que no se puede hablar de proceso de paz. Para que eso ocurra realmente, tiene que haber dos partes implicadas. La izquierda abertzale ha dado pasos unilaterales desde hace cuatro años, pero frente a ellos no ha habido ninguna voluntad de poner en marcha precisamente un proceso de paz. Yo diría que no hay proceso de paz en este momento.
Envuelto en las maniobras de Madrid y París, siempre bajo la sombra de Josu Urrutikoetxea
Fuentes judiciales aseguran que Egoitz Urrutikoetxea tenía órdenes de captura de los tribunales especiales de París desde 2007, pero ha vivido en la misma capital francesa sin haber sido detenido hasta hace un mes escaso. Ampliando el foco, más llamativas aún resultan todas las maniobras, bien vía detenciones o filtraciones mediáticas, desarrolladas por los aparatos del Estado español sobre él y su padre Josu, en una dinámica que delata una evidente obsesión.
Comenzando por el final, la detención de Egoitz en el barrio de Saint-Denis el pasado 6 de octubre fue presentada en un primer momento como un golpe a ETA. Sin embargo, inmediatamente la Cadena Ser precisó que hacía vida completamente normal y constató que estudiaba en la Universidad y estaba matriculado allí con su nombre y apellidos reales, por lo que no había caso. Entonces, la reacción de Madrid no fue más decorosa que su primera filtración: el arresto se justificó como una maniobra preventiva para impedir que accediera a la dirección de ETA. Con este cuadro, resulta ciertamente lógico que acabara siendo liberado el viernes.
Otro detalle. El 28 de febrero del pasado año, el Ministerio de Interior español llegó a dar cuenta en una nota de que Egoitz Urrutikoetxea había sido detenido. Poco después lo desmintió, sin más explicación. En la entrevista concedida ahora a ‘‘Berria’’, explica que fue precisamente a raíz de aquel incidente cuando decidió instalarse en París, «es decir, aparecer de modo claro, mostrando que estaba haciendo vida normal». Y con ello, sobre todo, «evitar las utilizaciones que pudieran hacerse» sobre su persona y situación. Desde entonces, Egoitz Urrutikoetxea afirma haber sido consciente de cierta vigilancia policial, «pero no he querido vivir en una paranoia».
Un nuevo eslabón de la cadena se encuentra este pasado 22 de setiembre. Nada más conocerse que había una operación policial en marcha en Baigorri contra la cúpula de ETA, varios medios aseguraron que entre los detenidos se encontraba Josu Urrutikoetxea, padre de Egoitz. De nuevo le siguió un desmentido. No respondía a esa identidad ninguno de los otros dos arrestados junto a David Pla e Iratxe Sorzabal.
Egoitz Urrutikoetxea explica en ‘‘Berria’’ que en los interrogatorios posteriores a esta última detención no solamente ha sido preguntado sobre el paradero de Josu Urrutikoetxea, sino que «el procedimiento en sí era contra mi padre». Preguntado sobre si cree que se dio tanta relevancia a su detención por el apellido que comparten ambos, Egoitz responde que «puede ser así. Pero puede ser también por la propia estrategia del Estado español. Está en ese juego de vencedores y vencidos, y para que ese punto de vista se haga realidad en la práctica tiene necesidad de este tipo de operaciones policiales».R.S.

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