Los Soldados de Odín y las Hermanas de Kyllikki, cara y cruz para los refugiados
El incesante flujo de refugiados hacia Europa ha reavivado la xenofobia, pero también la solidaridad. En Finlandia, los Soldados de Odín patrullan las calles para «proteger» a los fineses de los refugiados, mientras las Hermanas de Kyllikki llaman a cohabitar en paz.

Escuadrones de aspecto feroz que se hacen llamar Soldados de Odín, a las órdenes de un neonazi, patrullan desde hace meses las calles finlandesas con el pretexto de proteger de los refugiados a la población local. Pero últimamente se han visto desafiados por un equipo inesperado: mujeres y payasos que siembran sonrisas y mensajes de paz.
Un grupo de hombres musculosos sigue el rastro de los «invasores islámicos» por las calles nevadas de Kemi, ciudad industrial de Laponia reconocible por las chimeneas de fábricas de celulosa y puerta de entrada para los refugiados que llegan desde Suecia.
Los Soldados de Odín, el dios nórdico y germánico del furor y la guerra, desfilan a cara descubierta, vestidos de negro y con un logotipo que representa un casco de vikingo grabado en sus chamarras. El movimiento se presenta como «una organización patriótica que lucha por una Finlandia blanca» y se ha arrogado la función de ser los ojos y los oídos de la Policía ante los «intrusos islamistas», a los que responsabilizan del incremento de la delincuencia.
Si estos grupos llamados de autodefensa aún no han hallado una presa es porque hace frío, afirma su líder, Mika Ranta, un camionero de 29 años. Pero cuando haga buen tiempo, asegura, los bañistas acudirán a los lagos y «empezarán las violaciones».
Ranta creó una milicia en esta localidad de clase obrera a una hora por carretera al sur del círculo Ártico en octubre, cuando miles de refugiados iraquíes cruzaron la frontera sueca de paso hacia el sur del país. Cuenta con 600 miembros activos en varios municipios, la mayoría pertenecen a la clase trabajadora y tienen entre 20 y 40 años.
En 2015, Finlandia, de 5,4 millones de habitantes, acogió a más de 32.000 solicitantes de asilo (frente a los 3.600 de 2014), una de las proporciones (6%) más altas de Europa, aunque poco a poco, el Gobierno, en el que participa el ultraderechista Partido de los Finlandeses, les ha ido cerrando la puerta.
Una pesadilla para Ranta, un militante neonazi condenado por violencia de carácter racista contra dos inmigrantes en 2005. Matiza que las milicias Odín no tienen por qué compartir su ideología. «Si yo, su fundador, soy lo que soy, no significa que lo sea todo el grupo. No somos más que una organización de patrulleros callejeros», insiste.
Hermanas de Kyllikki
La Policía finlandesa desaprueba la iniciativa de los Soldados de Odín, aunque sin demasiado ahínco, y el ministro del Interior, Petteri Orpo, denuncia lo que considera un movimiento «extremista» y dice que no debe entrometerse en las tareas policiales, en respuesta a las palabras del comisario Seppo Kolehmainen, quien dijo que las patrullas eran algo positivo, ya que podrían notificar a las autoridades posibles crímenes.
Otros reaccionan con sentido del humor. Las Hermanas de Kyllikki, que toman su nombre de una figura femenina, jovial y pacifista del poema épico finlandés Kalevala, son mujeres (madres e hijas de Kemi, jubiladas o en actividad) que se conocieron en Facebook y promueven una cohabitación en paz con los que buscan refugio.
Siempre que pueden se juntan en el centro de la ciudad para repartir sonrisas y «vales» por un abrazo, una iniciativa suele suscitar desconfianza en un país pudoroso, donde hablar con un extranjero y expresar afecto no van de la mano. Pero estas mujeres creen que el miedo y la inseguridad pueden superarse con simples actos de bondad.
«Estamos aquí para demostrar que Kemi es segura y tranquila, que las personas deberían cuidar las unas de las otras», explica la «hermana» Katja Hietala. «Hace al menos ocho años que tenemos un centro de acogida (para solicitantes de asilo) y nunca ha habido problemas», explica.
«Me dan más miedo los Soldados de Odín porque son mucho más aterradores», asiente una transeúnte veinteañera.
Mervi Sotisaari, de 56 años, disiente. Dice que una vez un refugiado la siguió por la calle. «No me molestaría que ellos (los Soldados de Odín) patrullaran más a menudo por la noche (…). Con tal de que se porten bien. No es agradable vivir con miedo», afirma.
Pero las Hermanas de Kyllikki son las únicas que desafían a los Soldados de Odín. En otras ciudades finlandesas como Tampere, personas anónimas se disfrazan de payaso y desfilan haciendo ruido para dar la bienvenida a los solicitantes de asilo. Se hacen llamar Loldiers of Odin (juego de palabras con el vocablo lol, que significa carcajada) para burlarse de los neonazis.
Pero estos grupos de autodefensa han traspasado fronteras en Escandinavia. Los Soldados de Odín patrullan también en ciudades noruegas como Stanvager, Kristiansand y Drammen, además de extender sus tentáculos a Dinamarca y Suecia, donde se ha calcado el modelo finlandés.
«Queremos que nuestras calles sean seguras. Se venden drogas, las niñas son víctimas de tocamientos, agresiones y violencia», , señala su portavoz, Ronny Alte, quien agrega que «una parte importante de la criminalidad en la que nos centramos se debe a la inmigración ilegal en Noruega después de que Europa haya abierto sus fronteras».
Según el informe anual del Servicio de Inteligencia de Noruega, publicado el 9 de febrero, «la amenaza de la extrema derecha está creciendo en Noruega» como consecuencia de la crisis migratoria.

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