«La mezcla de lirismo y brutalidad es algo típicamente italiano»
Nacido en Roma en 1974, ha ejercido como traductor y profesor de italiano en el Trinity College de Dublín. Su primera novela, «Así es como se mata», ha sido un verdadero fenómeno editorial en Italia. A medio camino entre el thriller anglosajón y la tradición del giallo, la obra evoca una sociedad enferma en la que un comisario y un psycho killer vengador miden sus fuerzas.

Según usted, escribir este libro ha sido su venganza contra el fuego que sentía arder en su interior desde hacía años. ¿Cómo cabe entender esta frase?
¿Te inquieta que pueda llegar a ser un sicópata? (risas). Tranquilo, no lo soy. Lo que sí es verdad es que esta novela, que empecé a escribir por el placer de armar una especie de rompecabezas literario, se fue apoderando de mí hasta el punto de que sentí la necesidad de volcar en ella un sentimiento, mezcla de melancolía y de rabia, que llevaba tiempo acompañándome. Un sentimiento que tiene que ver con la falta de humanidad desde la que solemos enfrentarnos al dolor ajeno, algo que nos genera un pavor injustificado al punto de dejar abandonados a su suerte a aquellos que sufren, como si fuesen unos apestados.
No obstante, creo que toda la novela la construyó a partir del personaje protagonista, el comisario Enrico Mancini. ¿Cómo fue el proceso de creación?
Al principio solo tenía una imagen, un esbozo de una cara y de unos guantes que había dibujado en una libreta inspirándome en el personaje de Tony Curtis en aquella serie de los 70 llamada “Los persuasores”, que veía junto a mi abuela. Ese fue el germen del comisario Mancini, pero en la medida en que fui definiendo al personaje y decidí hacerle depositario de mi propio dolor, quise dotar de una significación a los guantes como rasgo distintivo del personaje y entonces fue cuando se me ocurrió que su uso, en Mancini, es como una segunda piel desde la que él busca aislarse del mundo tras la muerte de su mujer y, sobre todo, tras el dolor y la culpabilidad que le produjo el no haber podido despedirse de ella.
El lector va asumiendo la personalidad tanto de Mancini como del resto de personajes a partir de los traumas que arrastran. ¿Esa caracterización tan exhaustiva se la planteó como una exigencia?
Sí, porque aunque tuviera muy definido al protagonista del relato, me interesaba construir una novela polifónica y la única manera que conozco para lograr ese carácter coral es la de excavar en la sicología de los distintos personajes. Porque todo el mundo tiene grandes vacíos, grandes carencias, que trata de llenar invocando los fantasmas de aquellos que ya no están. Ese es un mecanismo de defensa, de autoafirmación, que me interesaba mucho explorar, por eso todos los personajes del libro están, de un modo u otro, explicados a partir de ese componente emocional que apela a la propia memoria de cada uno de ellos.
La identificación que se ha hecho de «Así es como se mata» con el canon anglosajón quizá venga dada por una figura como la del psycho killer con tan poca tradición en la novela europea. Parece como si aquí no hubiera asesinos en serie.
Justamente, pero no es así. Tengo la suerte de tener un amigo criminólogo, que me orientó bastante mientras escribía el libro, y hace poco me decía que en Italia, ahora mismo, hay quince asesinos en serie actuando cuya identidad es desconocida por la Policía. Cuando hablamos de serial killers la imaginación nos lleva enseguida a EEUU cuya literatura y cuya cinematografía nos han familiarizado con ellos, pero no debemos cometer el error de considerarlo un fenómeno foráneo. A mí lo que me fascina de estas figuras, desde el puno de vista literario, es que me brindan la posibilidad de penetrar en la sicología del monstruo.
No obstante, el asesino de su novela se mueve por venganza mientras que, si hemos de hacer caso a la ciencia, la mayoría de los psycho killers carecen de este tipo de motivaciones.
Hay muchas categorías de asesinos en serie, yo opté por retratar una personalidad al límite de la sicosis que se mueve entre el deseo lúcido de la venganza y la locura típica de quien convierte cada asesinato en una especie de obra de arte con detalles tétricos de puesta en escena. A través de este personaje puedo decir que me he confrontado con mi lado más oscuro, más perverso, descubriendo facetas de mi personalidad que no conocía. Quizá por eso, para tomar distancia, opté por recurrir a un lenguaje refinado y premeditadamente barroco a la hora de narrar sus crímenes, buscando potenciar cierta sensación de alucinación, de pesadilla, entre quienes los investigan.
Ese barroquismo descriptivo aproxima su novela a las señas de identidad del giallo como género. ¿Es una tradición que ha tenido presente?
Sí y además creo que esa mezcla de lirismo y brutalidad, de la que se nutre el giallo, es algo típicamente italiano. Pero más allá de eso, está la minuciosidad a la hora de trabajar el aspecto formal buscando la manera de golpear al lector. En el caso de “Así es como se mata” he querido lograr ese efecto experimentando con el sonido de las palabras, combinando el uso de sustantivos y dobles adjetivos.
Dentro de esa tradición también estaría el modo en que retrata en la novela una ciudad como Roma, confrontando su esplendor monumental con sus rincones más sórdidos.
Bajo los fastuosos mármoles de la Roma imperial y de la Roma barroca a menudo ignoramos otros paisajes que reflejan las servidumbres que le son propias a una gran capital y que lejos de estar aislados en la periferia, forman parte del centro urbano. Todos esos rincones decadentes que describo en la novela, y que testimonian la ruina de una idea de progreso ligada exclusivamente al desarrollo industrial, están situados a apenas dos kilómetros del Trastevere. Se trata de construcciones que parecen estar fuera de lugar formando un paisaje de desolación y muerte: están las naves del matadero y también el gasómetro que, durante décadas, contaminó las aguas del Tíber.
Ese contraste funciona como alegoría de la deshumanización a la que aludía antes y que se manifiesta a lo largo del relato como si se tratase de una enfermedad.
¡Exacto! La gran energía humana y artística que atesora Roma dota a la ciudad de un físico esplendoroso, pero bajo esa superficie hay un organismo enfermo que corrompe y oxida esa belleza, esa armonía aparente. Mis personajes son como células en un tejido social amenazado de metástasis.
¿Cómo está viviendo el éxito de la novela? ¿Teme que condicione su evolución como autor?
Mi evolución como autor, a corto plazo, viene determinada por el personaje del comisario Mancini y su grupo de investigación. “Así es como se mata” es la primera parte de una trilogía donde aspiro a poner en cuestión, sucesivamente, los conceptos de justicia, de realidad y de identidad y no creo, o no quiero creer, que el éxito de esta primera novela me haga cambiar mi propia voz, mi propio estilo. Hoy por hoy, solo puedo disfrutar de las alegrías que me está proporcionando una obra que, paradójicamente, nació de un dolor profundo.
«A la hora de jugar con las tonalidades del relato mi punto de referencia está en la literatura anglosajona»
¿Diría que el sicologismo es una de las señas de identidad de la nueva literatura policiaca?
Se trata de un elemento relativamente reciente dentro del género, pero no en la literatura. De hecho, entre mis autores de referencia se encuentran nombres como los de Dickens, Poe o Stevenson que fueron auténticos maestros a la hora de explorar las vetas de dolor que se dan en el alma humana. Creo que la literatura popular que se produce hoy está volviendo, poco a poco, a esas fuentes.
Todos los autores que ha citado son anglosajones. ¿Da la razón a quienes han sugerido que «Así es como se mata» está más vinculada al canon literario británico que a la tradición europea?
A mí no me toca ejercer de crítico de mi propia obra pero es cierto es que, a la hora de dibujar los escenarios y de jugar con las tonalidades del relato, mi punto de referencia está en la literatura anglosajona. Eso no quiere decir que no sepa valorar a quienes se han servido del género en Italia para cambiar la historia de la literatura y pienso por ejemplo en Gadda cuya novela “El zafarrancho aquel de via Merulana”, bebiendo de las fuentes del policiaco, constituye un relato insólito que marcó un antes y un después en la narrativa de mi país, o Umberto Eco que con “El nombre de la rosa” se atrevió a hacer un thriller histórico, o Leonardo Sciascia, Andrea Camilleri... Es decir que ese canon que sostiene mi novela no es un invento mío. Otros autores italianos, antes que yo, experimentaron con él.
¿No reconoce influencias en ningún autor contemporáneo?
¿Sabes lo que ocurre? Que yo nunca he sido un gran lector de thrillers. Me he forzado a serlo cuando estaba preparando esta novela y asumí que la única manera de narrar esta historia de muerte y venganza era a través del thriller. Entonces sí empecé a leer a bastantes autores de ahora a fin de tomarle el pulso al género. Y me he encontrado con gente muy interesante como Jo Nesbø o Donato Carrisi, aunque pienso que mi estilo es un poco más clásico que el de ellos.J.I.

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