Arnaitz GORRITI
Entrevue
Carles Durán
Entrenador del Bilbao Basket

«Más que ganar o perder, lo importante es saber en qué camino quieres ir»

Lejos de los códigos de vestimenta y otros ritos, Carles Durán es un ser cercano, amable. Un ser que un buen día dejó de ser entrenador de base de la Penya o ayudante de monstruos de la talla de Aíto García Reneses, Velimir Perasovic, Pepu Hernández o Pedro Martínez, y emprendió el tortuoso camino de ser primer entrenador en la ACB.

Carles Durán, entrenador del Bilbao Basket. (Monika DEL VALLE / ARGAZKI PRESS)
Carles Durán, entrenador del Bilbao Basket. (Monika DEL VALLE / ARGAZKI PRESS)

Después de «un master acelerado» en Valencia, cambió el Mediterráneo por Bilbo, «un proyecto que ha decidido hacer las cosas bien y que tiene ambición de crecer». Y esa ambición de crecer del club bilbaino casa con el suyo propio: «no es momento de volver a casa, porque ahora mi casa está en Bizkaia».

Ya es raro verlo sin uniforme. ¿Liberado?

Ir en chándal es mi modo de trabajar y el traje es para los partidos, pero lo común es ir como estoy –vaqueros, camisa y chaleco–, como uno más de la calle, porque es donde me siento más cómodo.

Quienes lo conocen indican que es usted «muy normal». ¿Demasiado normal para su profesión?

Yo trabajo siendo entrenador de baloncesto. Otros son periodistas… y hay otros muchos trabajos. ¿Por qué debo ser diferente por ser entrenador de baloncesto?

Un exjugador me decía que «no hay espécimen más raro y caprichoso que un entrenador de basket». ¿Lo raro en usted es la normalidad?

Simplemente, creo que buscamos la perfección y el detalle… para ser mejores, porque de otro modo, siempre habrá quien sea mejor que tú. Pero al mismo tiempo, pienso que las cosas son más naturales de lo que a veces se ve desde fuera. Así me educaron a mí y así lo transmito.

Usted entrena desde 1998 en las categorías inferiores del Joventut...

No, eso es lo que consta en las actas oficiales, pero empezar, empecé a los 15 años en mi pueblo, Villasar de Mar. Yo era jugador, no muy bueno, pero empecé a entrenar a niños pequeños, porque la persona que me enseñó a jugar a baloncesto pensó que también podía entrenar. Y me siento orgulloso de ello.

¿Cuando ve un partido, es usted muy forofo, o le gusta más el juego que los equipos?

Cuando veo un partido fuera de mi trabajo intento verlo desde el prisma de aprender y quedarme con algún detalle, pero sin muchos forofismos. En resumen, soy un enamorado del baloncesto y tengo la suerte de poder trabajar en mi pasión, aunque es cierto que tengo mis raíces y clubes que me han marcado mucho en mi carrera y mi corazón. Y no lo voy a negar, el Joventut ha sido mi club del corazón porque es donde me he formado y he crecido, y porque creo que tiene unas raíces en las que creo mucho: la cantera, la gente joven… Pero venir aquí… aunque todavía no estemos preparados para eso, la filosofía de la vida en Bizkaia, en Bilbao, va en ese camino, y me siento muy identificado.

Usted fue segundo de Aíto, y este lo alababa diciendo que usted es «un obsesionado del basket las 24 horas». ¿Es eso un halago?

Bueno (sonríe)… Me gusta mucho el baloncesto; es mi pasión. He vivido muchos años con él y conoce mis virtudes y defectos, y sabe que el basket para mí es una pasión.

Decía Manel Comas que un entrenador no puede ejercer de tal si no tiene pasión.

Más que tenerlo, tienes que saber transmitir esa pasión. Con todo el cariño lo digo, no puedes «fichar como un funcionario», porque entonces, ¿qué le transmites al equipo y a los jugadores? Te tiene que gustar; tienes que enseñar y tienes que aprender, pero sobre todo debes transmitir algo donde el equipo diga «este es el camino. Aunque este esté loco, todos nos convertiremos en unos locos». Manel transmitía esa pasión y hacía que sus equipos jugaran con esa misma pasión.

También fue ayudante de Velimir Perasovic, un técnico que vive solo y con su familia en Zagreb. ¿Usted también vive así?

No, vivo con mi familia –mujer y dos hijos–, me acompañaron a Valencia también y son una parte muy importante en mi vida. Puede ser que en un momento de mi vida mi familia se quede establecida en un sitio porque mis hijos irán creciendo y es normal dirán en un momento que quieren hacer su vida. Por ahora tienen ganas de acompañarme y me siento muy afortunado porque llegar a casa y estar con tu familia es una cosa muy importante que llegar a casa y estar solo.

Usted empieza su carrera en Badalona, en una época de graves problemas económicos en el club. Y ahora, procedente de Valencia, se viene a un Bilbao Basket que viene atravesando por serias dificultades en ese ámbito. ¿No lo tomaron por loco en su casa?

¡No, loco no! Por desgracia, el baloncesto profesional está un poco en crisis, y en vez de venir a Bilbao, podía haberme quedado en casa e ir al Joventut, pero no tuve la sensación de venir a un sitio que está en crisis. Venía a un sitio que no había estado bien, pero he corroborado ahora la sensación que traía de llegar a un club que quiere crecer y busca hacer bien las cosas. El Joventut tiene nsus cosas buenas, pero tiene a su vez una crisis económica más importante. Bilbao era el mejor sitio y estoy muy contento por haber venido.

Como dice, pudo haber vuelto a Badalona, pero de primer entrenador. ¿Por qué no lo eligió?

Dos motivos. Primero, porque tenía la sensación de que el proyecto de Bilbao Basket era más sólido, sobre todo en el tema económico. Segundo, no era el momento de volver a casa. Creía que tenía que demostrar más solidez y Bilbao era el mejor sitio, hasta el punto de que «mi casa» ahora mismo es Bilbao y no me quiero ir.

¿La ilusión de crear un proyecto de cantera –con jugadores de todo el mundo– es otro de los motivos por los que ha recalado usted en Bilbao Basket?

No fue el más importante, pero sí fue un motivo que me creó ilusión. El hecho de que Raül –López– quiera crear un baloncesto joven en Bizkaia me hacía sentir más identificado que no otros proyectos. No va a ser fácil, porque las cosas al principio nunca son fáciles, pero también es cierto que en Bizkaia creo que hay material. Vamos a ver si somos capaces de lograrlo.

Usted debutó en la ACB como primer entrenador en Valencia, en la temporada 2014/15, tras la destitución de Perasovic. ¿Fue aquello un curso acelerado?

(Sonríe) Fue un máster de muchas cosas. Tengo muy buen recuerdo de mis dos años en Valencia, pero lo cierto es que en aquellos seis meses pasaron muchas cosas. Primero, por desgracia, la destitución de «Peras», que venía de ser elegido mejor entrenador de la anterior temporada. Él confió en mí y me sentía culpable de lo que pasó.

¿Por qué culpable?

Yo era su ayudante y formaba parte de ese equipo derrotado y señalado. En este mundo se juzga o castiga al entrenador pero ni se gana ni se pierde por el entrenador. Somos muchas personas en ese grupo humano y me consideraba una persona importante dentro de ese grupo porque «Peras» me hacía sentir así. A partir de ahí, cogimos un club con muchas ganas de querer hacer muchas cosas y yo acababa de aterrizar en un sitio donde se venían haciendo muy bien las cosas. Pasaron cosas mejores y otras no muy buenas en esos seis meses, pero tengo un recuerdo muy positivo porque creo que fue una situación positiva para mí a la larga.

¿Y para el club?

Bueno, Valencia Basket quiere estar en el primer escalón del basket ACB, pero actualmente lo veo muy difícil, ya que Real Madrid y Barça siempre están por encima por muchísimos motivos. Lo que intenté en aquel momento fue que Valencia Basket fuera el equipo más competitivo posible, y creo que lo fuimos.

¿De las enseñanzas recibidas en Valencia, qué se trae a Bilbo?

Son entornos muy diferentes. Una cosa que aprendí mucho en Valencia e intento trasladar aquí fue que el ganar o perder no significa un drama. Considero que lo importante es saber en qué camino quiere ir; que el camino sea bueno y sólido, pero que el ganar o perder no te fustigue. En Valencia sufrí esos extremos. Simplemente, quieres ganar a todos y todos te quieren ganar, y esto es un juego de errores. ¡Y qué bonito que así sea!

¿De errores? ¿Por qué insisten tanto en ese concepto de «un juego de errores» y no «de aciertos», por ejemplo?

Si no hubiera error y si fuera perfecto, no sería divertido. Dentro del juego hay errores: de jugadores, árbitros o entrenadores. Lo bueno es saber jugar con esos errores, que es lo que, creo, hacen los buenos entrenadores. No buscar el error, sino asumirlos. Por ejemplo, «mi equipo va a perder balones si juega a lo que yo quiero. No voy a castigar a mi equipo si pierde balones, aunque vamos a intentar perder los menos posibles».

Ya que lo dice, Bilbao Basket es el equipo que más balones pierde –16,29–. ¿Cómo mejora al equipo para que corrija eso?

Claro que se puede entrenar, pero lo primer que hay que saber es por qué se pierden. En el caso de Bilbao Basket, hay dos motivos: por un lado, por el ritmo de juego que queremos imponer, y con la tipología de jugadores jóvenes y algo inexpertos que tenemos, hace que cometamos errores no forzados. Quieres jugar a un ritmo de baloncesto atractivo, pero a veces quieres dar pases que no estás preparado para dar. Segundo, por nuestros espacios; es decir, nuestros rivales están intentando recudir los espacios de nuestros jugadores más importantes, como Alex –Mumbrú– o Scott –Bamforth–. Nunca dejaremos de jugar a un ritmo alto, pero además debemos aprender a mejorar esos espacios, aparte de aprender cuándo podemos jugar a esos pases a esa velocidad.

¿Son ustedes víctimas del scouting o de haber empezado 4-0?

Es un cúmulo de cosas, pero no deja de ser normal; tenemos que aprender de eso. Ni éramos tan buenos al principio ni tan malos ahora. Al principio pudimos sorprender por diferentes motivos, y el ganar a veces hace que te relajes. Al empezar a perder, das un pasito atrás, y ahora toca aprender también de esta mala racha.

A usted se le ha tildado de «entrenador formador» de forma despectiva, en el sentido de que sus equipos rinden a campo a vierto y a la carrera, pero que en media pista no es difícil pararlos, y que la racha de derrotas ha venido de ahí: de haber logrado evitar que corran.

Es cierto que me gusta jugar corriendo, pero no creo que sean así las cosas. Me gusta que el jugador tenga cierta libertad y que no se limite al cinco contra cinco a media pista. Pero en Valencia, por ejemplo, jugamos una eliminatoria de Liga ACB muy buena contra el Real Madrid, competimos muy bien, y no todo fue jugar a la carrera y a la contra, entre otras cosas porque el Real Madrid no nos dejó. O en la eliminatoria anterior ante Bilbao Basket. Cierto es que me gusta potenciar el jugar a la carrera, ya que es cuando los equipos están menos estructurados defensivamente. Tenemos que mejorar en el cinco contra cinco, sí, pero, aunque entiendo que exista la crítica, me gusta este baloncesto «de formación», porque vengo de una escuela que es la mejor de Europa en la formación, y es que ese baloncesto ha dado grandísimos jugadores y grandísimos equipos.

Usted ascendió al Prat, vinculado al Joventut, de EBA a LEB Plata y de ahí a LEB Oro. ¿Qué aprendió ahí?

Pues precisamente que «formar» y «competir» no son dos caminos diferentes. ¿Por qué no podemos hacerlo en Bilbao Basket?

¿Se puede «formar» a veteranazos como Mumbrú o Hervelle, por ejemplo?

El club quiere crecer con nuestros veteranos en la formación de nuestros jugadores jóvenes. A esos dos ya no se les puede formar… tanto, pero sí que digan mejorando uy disfrutando. Ellos dos podría ayudarme a formarme yo (sonríe), y eso hacen a veces. ¿Pero por qué no pueden mejorar? Cuando trabajo con un jugador no miro el DNI. Siempre se puede mejorar algún detalle y creo que lo bueno de ellos es que tienen esa ilusión ambición.

Gonzalo Vázquez, en el blog Psicobasket: «Nada más caer derrotado, hay quien lamenta no poder desaparecer cuanto antes y quien lamenta no poder dar allí mismo la vida a cambio de un nuevo salto inicial». ¿Dónde se sitúa usted?

De los segundos. Por ejemplo, alguno de mis jugadores más veteranos, que tal vez necesiten cierto descanso, sobre todo por el tema de la doble competición, siempre después de una derrota ese jugador quiere entrenar. Esa es la clave. Es normal que nos afecte ganar o perder, pero la clave va a ser seguir trabajando para seguir ganando o romper una mala racha. después de una derrota hay que volver a entrenar, y hacerlo bien. Y si no estás entrenando bien, mejorar hasta conseguirlo, porque es lo que nos dará la victoria. No tanto el volver a jugar. La dobles competición, insisto, nos ha hecho un poco de daño porque hemos dejado de entrenar. Hemos estado pensando más en el competir y creo que este equipo es bueno cuando entrena con calidad.

¿Cómo se entrena «bien» jugando cada tres días?

Algo que debemos mejorar es que la calidad de entrenamientos sea buena. No es cuestión de entrenar mucho o poco, sino hacerlo bien el rato que estemos. Solo quiero que a mi alrededor haya gente con ambición e ilusión, para que me ayude, aprendamos juntos y mejoremos. En ese sentido, es muy importante la gente del club, porque la gente de la casa te transmite muchas cosas positivas.

Decía Sito Alonso, cuando ejercía de ayudante de Aíto García Reneses, que este «obligaba» a sus ayudantes a dar su opinión. ¿Hace usted algo así?

Más que obligar a que me den su opinión, es que somos un grupo de trabajo. Por ejemplo, en Valencia, Perasovic tenía su despacho y los ayudantes teníamos otro; yo no concibo eso como primer entrenador. Aquí todos trabajamos en el mismo despacho porque necesito hablar, necesito comunicarme, ver cosas… o al revés. Necesito que mis ayudantes hablen y me expliquen. Espero conseguir así el éxito.

Con todo, al final es el entrenador quien decide. ¿Un entrenador llega a sentirse solo?

Sí (suspira). No tanto por tomar una u otra decisión. Mi mujer, que me quiere un montón e intenta escucharme y estar a mi lado cuando llego de ganar o perder, o un entrenamiento… pero estás solo, y es normal y tampoco pasa nada porque es nuestra vida. A veces, más que solo, te sientes con muchísima responsabilidad de muchas cosas que a veces no están en tu mano, pero eres el entrenador y eres la cara visible de todo.

Sobre todo cuando vienen mal dadas.

Sí (sonríe). Pero por ejemplo, he aprendido de Aíto a no castigarte mucho en esa soledad. Hemos perdido. Vale. Los rivales han sido mejores. Vale. ¿Puedes hacer algo para mejorar? En eso es donde tienes que estar, no es fustigarte mucho más. Y Aíto, dentro de una vida profesional de michos altibajos, es un gran maestro en que ganar o perder, dentro de su importancia, no puede hacer que nos volvamos locos. Esa soledad no puede afectarnos mucho.

¿Qué significa para usted Sito Alonso?

Muchas cosas. Es el padrino de mi hija mayor –de 9 años. El menor va a cumplir 7 en diciembre–. Nos conocimos en Badalona siendo ambos muy jóvenes, muy locos por el basket, muy apasionados… Por encima de todo, es mi amigo. Con altibajos, como en todas las amistades. Y aparte de una amistad, hay un cariño; también le tengo mucho cariño a su hija. Hemos vivido muchos años juntos y muchos momentos importantes juntos. Y además, considero que es uno de los entrenadores jóvenes con más importancia y futuro.

Y rivales encarnizados, como se vio en aquellos play offs entre Bilbao Basket y Valencia Basket, cruce de declaraciones incluido.

Nos conocemos muy bien y ambos somos muy competitivos. Aquella vez nos equivocamos los dos, yo el primero, pero no deja de ser una anécdota en la que, momentáneamente, perdimos la conexión que existe entre ambos y que después recuperamos. Por eso, indirectamente, yo me alegro de sus éxitos y sé que él se alegra de los míos. Aunque eso no quita la rivalidad que existe entre nosotros y nuestros clubes respectivos.

¿Cómo es un día normal para usted?

Depende del horario y de si hay partido. Me gusta llevar a mis hijos al autobús que los lleva al colegio, venir a trabajar ; siempre intento ir a comer con mi mujer, para que ella no esté tan sola; aprovechar ese tiempo. Volver al club para preparar la próxima sesión; me gusta llegar unas dos horas antes del entrenamiento y después, volver a casa y acostar a mis hijos, que se acuestan temprano; tenemos el hábito de que se duerman con un beso de su padre y de su madre, porque hubo una época, cuando entrenaba al Prat, no podía, porque llegaba a casa a las 23.30, porque entrenaba el último, después de que lo hiciera el primer equipo de la Penya. El hecho de que mi familia me acompañe para mí es muy importante y creo que ellos se tienen que sentir muy arropados por mi lado. Todo mi tiempo libre es intentar estar con ellos.

¿Y cuando se desconecta del baloncesto, qué hace Carles Durán?

Intentar ir a comer a buenos sitios, que aquí hay unos cuantos. Sobre todo disfrutar de mis hijos; mi hija ha empezado a hacer natación y va a empezar a competir, y mi hijo juega a fútbol… Y cuando puedo, disfrutar de mi esposa; hacer vida de familia, que es lo que me gusta, dentro de un entorno que me parece maravilloso. Nos gusta ir al cine… cosas normales.

Dicen de usted que es muy «andarín». ¿Montaña, playa, calle…?

Vilassar de Mar tiene playa y soy mucho de costa, pero sí es cierto que me gusta caminar. Mis padres, por ejemplo, tienen un apartamento en Setcases, un pueblo en el Pirineo de Girona, y siempre me han educado a caminar en la montaña. Mis abuelos son de Soria, a buscar setas… Caminar es una cosa normal para mí. De hecho, utilizo el coche solo para venir a Miribilla, pero mi día a día en Bilbao es caminando.

¿Qué tal le va a un andarín los 50 grados de Dubai, donde quedó cuarto con la selección española en el Mundial u17 de 2014?

Me impactó, pero no solo el calor y el desierto. Me impactó la cultura, la mujer… los hoteles, centros comerciales que tienen pista de esquí con pingüinos… Fueron muchos impactos porque es otro mundo y otra filosofía. Creo que es un sitio al que hay que ir una vez, pero al que hay que ir para ver lo que es.

En aquel mundial tuvo a sus órdenes a Xabi López-Arostegi, una de las perlas del Prat. ¿Qué me dice de él?

Un chico de aquí, de Getxo. Yo lo traje al Joventut; fui el scout que le echó el ojo. Hablé con sus padres e hice que se fuera a Badalona. Creo que Xabi tiene un futuro extraordinario; vamos a ver qué capacidad tiene él de dar ese paso de joven a profesional, que es paso más duro. Es un jugador con mucho talento, que ha tenido dificultades físicas, por problemas sobre todo en los tobillos. Pero creo que e cuando coja esa normalidad y esa regularidad que le ha impedido estos últimos años entrenar normal, puede ser un jugador muy importante para el basket en el Estado español y, por qué no, me gustaría que fuera un jugador importante para Bilbao Basket en un futuro.

A título informativo: en uno de sus últimos partidos anotó 31 puntos y logró una valoradión de 42 en la Liga LEB Oro.

El año pasado sufrió mucho en la LEB y parece que se está encontrando. Vamos a ver si es capaz de jugar con regularidad, y a partir de ahí, encontrar su espacio. El momento de dar el paso a profesionales es un momento duro y difícil y la clave es el entrenador del primer equipo, o el equipo que quiere apostar por ellos. Espero que él tenga esa opción.