GARA
BILBO

Dos madres de presos fallecen «sin haber podido darles el último beso»

Las consecuencias de la política de alejamiento sobre los familiares de más edad vuelven a demostrarse crueles. Lourdes Arronategi y Pili García han fallecido en los últimos días sin poder despedirse de sus hijos, presos a entre 440 y 750 kilómetros de casa: Ibon y Eneko Goieaskoetxea y Urko Labeaga, respectivamente.

Etxerat lleva semanas alertando de que cada vez más padres y madres de presos tienen que dejar de visitarlos por las dificultades que entraña el alejamiento y su avanzada edad. Ayer puso nombres y apellidos a esta realidad con dos casos recientes. El 20 de febrero falleció Lourdes Arronategi, de 80 años, madre de Ibon y Eneko Goieaskoetxea; y un día después, Pili García, ama de Urko Labeaga. Ni una ni otra pudieron «dar el último beso» a sus hijos presos y alejados. Ibon Goieskaoetxea está en Arles (a 750 kilómetros), su hermano Eneko en A Lama (Pontevedra, a 730) y Urko Labeaga en Villabona (Asturias, a 440).

Urtzi Errazkin y Patricia Vélez explicaron que ambas llevaban muchos años viajando y eran «mujeres fuertes», pero llega un momento en que la edad, las dolencias acumuladas y el desgaste impiden «viajar con la asiduidad que hubieran querido a esas cárceles tan distantes, por lo que el derecho fundamental a la vida familiar queda definitivamente pisoteado».

En el caso de Arronategi, precisamente su testimonio había sido recogido y difundido por Etxerat dentro de la dinámica que denuncia el impacto del alejamiento sobre estas personas, y en él remarca que «ya no se sentía con fuerza para poder continuar visitando a sus hijos».

Estos dos no son casos aislados. «La gran mayoría de madres y padres de presas y presos superan los 70 años, y en el mismo caso se encuentran otras personas con vinculación familiar, como tíos y abuelos –explica Etxerat–. La gran mayoría carga asimismo con el peso de 10 a 30 años de viajes forzosos, largos y continuos para poder visitarles y se enfrenta a la posibilidad de no poder seguir ».

Meses para un permiso

«No hay solución intermedia», remarcaron a continuación Vélez y Errazkin. El acercamiento resulta indispensable para mantener esta mínima vida familiar y ello fue obviado por la Audiencia Nacional cuando en 2015 resolvió con un rechazo global las peticiones de traslado a Euskal Herria presentadas por presos y presas, «argumentando por un lado que recibían visitas y obviando, sin embargo, la ausencia prolongada de visitas de padres, madres y otros familiares directos que por razones de edad y salud ya no pueden mantener ese ritmo vital». Añadieron que el tribunal especial esgrimió también que a los presos se les conceden permisos para visitar a familiares de edad, «algo rotundamente falso –corrige Etxerat–. Se necesitan meses de trámites, informes médicos y recursos para recibir la respuesta, y la autorización o no de estos traslados es absolutamente arbitraria. En numerosas ocasiones, y a pesar de mediar informes médicos que preveían el inminente fallecimiento de un familiar gravemente enfermo, las autorizaciones han sido denegadas. En realidad, las personas que no están en condiciones de viajar ven cómo los 40 minutos de visita semanal son sustituidos por una hora de visita cada varios años, con presencia policial y la ruptura total de la intimidad».

 

Uribarri y Maruri, libres 20 años después, y Arginzoniz, tras 10

Familiares y amigos acompañaron ayer a casa al elorriarra Aritz Arginzoniz, excarcelado a primera hora de la mañana desde Valdemoro (Madrid). El retorno no ha sido fácil después de que el año pasado se le abriera un juicio en el Estado francés que amenazaba con prolongar el encarcelamiento. Finalmente, sufrió una condena que se refundió con la que le ha llevado a pasar diez años preso en el Estado español, y ayer quedó libre.

Ya por la tarde se confirmó la puesta en libertad también de Asier Uribarri (Portugalete) y Lander Maruri (Santurtzi). La decisión sería fruto de un auto judicial cuyo contenido exacto no se conoce por el momento. Tras pasar por múltiples cárceles, Uribarri estaba en Zuera (Zaragoza) y Maruri en Dueñas (Palencia). Ambos llevaban dos décadas entre rejas. El padre de Maruri, José Mari, falleció pocos meses después del encarcelamiento, en junio de 1998, a consecuencia de un accidente cuando acudía a Langraitz a visitarle.

Por los derechos de los presos, el jueves hubo concentraciones en Iturrama (22 personas), Donibane (32) y la Txantrea (40). Y ayer en Añorga (16), Gares (25), Ondarroa (210), Lekeitio (94), Sondika (16), Iurreta (40), Ermua (75), Tolosa (55), Pasai Antxo (41), Ugao (36), Andoain (46), Legorreta (16), Elgeta (10), Zaldibia (56), Zumaia (45), Zizurkil (14), Durango (65), Etxalar (7), Barañain (46), Orozko (22), Areso (10), Asteasu (30), Izaba (38), Gasteiz (340), Usurbil (88), Erromo (70), Berriozar (35), Lezo (16), Ikaztegieta (12), Amurrio (130), Galdakao (91), Zarautz (105), Gatika (30), Orereta (175), Lizartza (34), Erandio (30), Irunberri (33), Murueta (9), Oñati (45), Busturia (29), Elorrio (280), Berriz (18), Antsuola (35), Mutriku (60), Irun (50), Bergara (50), Soraluze (55), Eibar (55), Usansolo (19), Muskiz (25), Igorre (35), Deba (42), Arrasate (250), Getaria (45), Gernika (41), Villabona (64), Zuia (28), Lazkao (52), Aulesti (83), Irurtzun (25), Trapagaran (27), Sestao (60), Betelu (22), Barrika (8), Berango (20), Laudio (27), Etxarri-Aranatz (50), Bermeo (33), Donostia (96), Santurtzi (56), Iruñea (120), Mendaro (15), Larrabetzu (82), Sopela (100), Zumarraga (40), Zornotza (59), Lekunberri (5)...