Ibai AZPARREN

El domingo, consulta en Donostia: el verdadero reto está tras las urnas

La consulta sobre el derecho a decidir que se celebrará el próximo domingo en Donostia ha congregado a más de mil voluntarios. Organizar 37 colegios de votación en 14 barrios no es tarea fácil para Ibon Rosales, Nora García y Dani Goñi, voluntarios de la plataforma Donostia Galdeketa, creada de la mano de Gure Esku Dago. «El hecho de que se celebre ya es una victoria», afirman.

Son tres entre muchos de diferentes edades, profesiones o ideologías. Tres voluntarios, impulsores de la consulta ciudadana sobre el derecho a decidir que se celebrará el próximo domingo en Donosita, que GARA ha reunido no solo para explicar el objetivo de dicha votación, sino también el complejo y casi tortuoso camino que hay detrás de una urna. Ibon Rosales, Nora García y Dani Goñi son miembros de la dinámica ciudadana Donostia Galdeketa, creada de la mano de Gure Esku Dago, que lleva semanas ultimando los detalles de la primera consulta de este tipo en una capital vasca.

«El hecho de que se celebre ya es una victoria», resalta Goñi, mientras que Rosales trae a la memoria el día que lo plantearon: «Estamos locos, vamos a ir tres y un tambor». Sin embargo, ya son más de mil voluntarios los que trabajarán en los 37 centros de votación distribuidos en 14 barrios de Donostia. «Parece una cosa sencilla, pero nadie conoce el duro trabajo que hay detrás de esta consulta», explica.

Crear grupos dinamizadores, buscar responsables en cada barrio o poner carteles fueron los primeros pasos. Goñi reconoce que, aunque en un comienzo parezca que no da frutos, «el trabajo se va extendiendo hasta que la gente se va apuntando en cada barrio». Después llegarían las reuniones, en las cuales había que preparar más de 88.000 sobres. «Al principio venían 20-25 personas, luego cada vez más. Ayudaba el buen ambiente que había, las pastas, el café...», recuerda. Para García, una de las sorpresas que le ha traído la labor de voluntaria es la reacción de la gente ante esta dinámica: «Cuando nos juntábamos para el buzoneo, íbamos casa por casa para que nadie se quedase sin sobres. En el momento en el que les decíamos a los vecinos que éramos de Gure Esku Dago, nos abrían enseguida».

No obstante, respecto a la implicación de los adultos y de los más jóvenes, García admite que hay «más ilusión» entre los mayores. «Me llamaron porque era joven en el barrio; en las primeras reuniones la única que no estaba jubilada era yo», bromea. Para Rosales, la forma de funcionar de los jóvenes es distinta, pues se mueven en asuntos «más inmediatos». Por lo tanto, se muestra optimista y más evocando el exito de la cadena humana de 2014: «Al final siempre aparecen. Los jóvenes del gaztetxe ya nos han dicho que estarán en las mesas».

Mínimos para realizar la consulta

Precisamente fueron muchos los jóvenes que firmaron a favor de la realización de la consulta. El protocolo de Gure Esku Dago establece que para realizarlas es necesarío un mínimo de demanda social, exactamente el 2% de la población. Sin embargo, teniendo en cuenta el reglamento del Ayuntamiento donostiarra, cualquier consulta ciudadana requiere la firma del 5% de la población con derecho a voto, es decir, cerca de 8.000 personas. «Fue un proceso puramente artesanal, de ir calle por calle animando a la gente, hasta llegar a más de 9.500 firmas finalmente», explica Rosales.

Más adelante establecieron la pregunta a responder en la consulta, para la cual se creó «un grupo especial» que le dio forma de una manera consensuada y a la vez detallada, teniendo en cuenta que el carácter del interrogante tendría influencia en la activación de la población. Así, finalmente 156.000 donostiarras mayores de 16 años podrán responder el próximo domingo a esta cuestión: «¿Quieres que la ciudadanía vasca decida su futuro por sí misma y libremente?».

Después, era necesario garantizar una estructura, una red de personas capaces de de cubrir las necesidades materiales que requiere la consulta: centros de votación, urnas, estructura informatica, anuncios, etcétera. Una labor ingente.

«Esto no va de siglas»

Además de los requisitos técnicos, el protocolo de Gure Esku Dago se fundamenta en la filosofía de la democracia participativa. Y el pluralismo es punto de partida obligado. En Donostia no hay dudas de esta cuestión. De hecho, los grupos municipales de PNV y EH Bildu han secundado y llamado a participar en la consulta.

Esta pluralidad ha sido una de las sopresas más gratificantes que se ha encontrado Rosales en este camino. Para él es un estímulo ver en las reuniones para formar a los voluntarios a gente que «pocas veces se mezcla», trabajando codo con codo: «Por ejemplo, hicimos una reunión en el batzoki donde había gente de la izquierda abertzale». Considera que la unidad de acción política ha llegado porque «hay mucha gente a favor del derecho a decidir», a través de un movimiento ciudadano y no de «un movimiento de siglas». Por su parte, Goñi explica que «no podemos partir solo desde los partidos políticos», porque «cada uno tiene sus propios objetivos». Por lo tanto, augura que será «la sociedad» la que arrastre a los partidos e instituciones.

Al hilo de ello, ven con buenos ojos hechos recientes como la reunión entre los representantes de Gure Esku Dago y el alcalde de Irun, José Antonio Santano, del PSE (el mismo domingo 18 se celebrarán otras consultas en esta localidad, Balmaseda, Zalla y Alonsotegi). «La comisión se reúne con el alcalde para explicar lo que vamos a hacer», especifica Rosales. En este caso no significa que Santano apoye la consulta, sino que, «como buen democráta», quiere saber qué pasa en el pueblo en el que gobierna. Lógicamente, los promotores de esta consulta donostiarra también se reunieron hace unos días con el alcalde, Eneko Goia (PNV). «Le entregamos el protocolo y respondimos a sus preguntas», detalla. Del mismo modo, han ido pidiendo los permisos para la ocupación de la vía pública y han comentado con la Ertzaintza las actividades que realizarán.

Como era de esperar, el tema catalán estará presente el domingo, pues, según apunta Rosales, «es una de las ventanas por las que miramos, para lo bueno y para lo malo». En este sentido, Goñi cree que el acto que este miércoles protagonizará en el Kurssal el presidente de la Generalitat, Quim Torra, es una muestra de «solidaridad y hermanamiento» entre los dos pueblos: «Somos dos naciones que quieren decidir su propio futuro». Vaticina incluso que la visita será «un esparaldarazo» a la consulta, porque Torra «sabe bien que aquellas pequeñas consultas en Catalunya fueron el motor del resto».

El proceso catalán ha puesto el derecho a decidir encima de la mesa en los últimos años a nivel internacional incluso, pero la discusión sobre el Nuevo Estatus en la CAV también va marcando referencia estos meses. En este sentido, afirman sentirse muy contentos de que el derecho a decidir sea «un elemento principal de discusión política en 2018, algo que en 2014, por ejemplo, no ocurría». Y los tres tienen claro que «sin la cadena humana, sin las pequeñas consultas, esto no sucedería. Puede que una consulta exitosa refuerce ese camino».

el objetivo es demostrar que se puede

No obstante, guardando distancias y anhelos por ahora lejanos, miran a corto plazo. Los tres voluntarios sostienen que la movilización del 18 de noviembre tiene un fin «muy claro»: demostrar que se puede realizar. «No hemos puesto números, son una trampa. Ni el resultado es vinculante ni tenemos las condiciones que tienen las elecciones», argumenta Goñi. «Queremos demostrar a las instituciones que aquí hay un pueblo que quiere decidir su propio futuro, se trata de un ejercicio democrático», añade.

Para García, «el hecho de hacer la consulta es un aliciente, aunque no sea suficiente». A su lado, Rosales afirma que «votar tiene una ventaja y un inconveniente: saber cuántos somos». Anticipa que el domingo al mediodía habrá un acto para comunicar los primeros porcentajes de participación, y un acto central ya por la noche, después de contabilizar todos los votos.

Por otro lado, entienden que haya gente que no esté lo suficientemente motivada o incluso que se sitúe en contra. Sin embargo, Rosales quiere remarcar que la consulta, la acción de votar, «no va en contra de nadie, va a favor de todos». Y recuerda que aquellos convecinos que tengan una opinión contraria a los criterios que se formulan en la pregunta «tienen la opción del ‘no’ en la papeleta», dado que las dos posibilidades «son legítimas y realmente necesarias».