
El documento pactado por Geroa Bai, EH Bildu, Podemos e Izquierda-Ezkerra apunta a unos claros responsables en la desaparición de Caja Navarra: Enrique Goñi y UPN.
En las conclusiones, se destaca cómo la política llevada a cabo por Goñi resultó nefasta para la entidad. La expansión que acometió nada más hacerse cargo de la CAN y las prejubilaciones realizadas a partir de 2003 supusieron un riesgo para la continuidad de la entidad que le impidió afrontar en condiciones el estallido de la crisis en 2008.
Además, la posterior decisión de integrar a Cajasol en Banca Cívica y de salir a Bolsa «resultaron fatales para el patrimonio. En caso de no haber adoptado dichas decisiones estratégicas, el patrimonio que mantendría hoy Caja Navarra sería mucho más elevado», se señala en las conclusiones.
Este modelo de gestión implantado por Goñi no encontró ninguna resistencia en los órganos de administración y control de Caja Navarra, ya que el Gobierno de Miguel Sanz no ejerció ninguna supervisión, ni siquiera en los peores momentos de la crisis.
Frente a los argumentos esgrimidos precisamente por Goñi y Sanz de que la CAN no pudo sobrevivir como les sucedió a otras entidades a causa de la crisis, en las conclusiones de la comisión se destaca que «no existe evidencia para negar que Caja Navarra pudiera haber continuado en solitario, ni desde el punto de vista financiero ni regulatorio».

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