Izkander Fernández

El fuego de Liher y la poética callejera de Los Enemigos, clase para el ARF

El jueves es un rayo de luz dentro de una semana laboral que ya empieza a extinguirse. El descanso asoma. Pese a todo, todavía es un hueso duro para una noche de rock, la segunda de la edición especial del Azkena Rock Festival. Liher y Los Enemigos ponen la clase y los elegantes decibelios.

Liher en el Azkena Rock este jueves noche. (Raúl BOGAJO/AFP)
Liher en el Azkena Rock este jueves noche. (Raúl BOGAJO/AFP)

Repiquetea la batería de Berzosa. Un puñetazo sonoro alcanza un espacio indefinido entre la nariz, el pómulo y el labio superior. La sangre, roja, oscura y densa, brota por los orificios nasales. Suena “Gorri Ilun”. Etxarri, Hernando y Natke han salido a lo suyo, pisando el acelerador y jugando a lo único que saben jugar: a ganar. “Ezti eta etsizko egunak” es el siguiente tema. Hoy suena todo mejor que ayer. Nunca fue fácil abrir y eso le tocó a Ezpalak, ayer. Sigue “Estoldak gainezka”. Es probable que Liher quiera homenajear ese gran álbum y ese importante paso adelante titulado “Hemen herensugeak daude” repasándolo íntegramente. De hecho, la gira de presentación del disco arrancó en Gasteiz hace ya más de año y medio y ha recaído en la capital arabarra hasta en cuatro ocasiones.

El cuarteto gipuzkoano ya ha roto con el orden de su último trabajo de estudio hasta la fecha para apoyarse en un tema antiguo. Liher arrancó en universo cercano al hard rock, permitiéndose concesiones a referencias coetáneas y poco a poco ha ido girando hacia un rock musculado y crujiente colindante con un blues eléctrico y sulfuroso. Todo ello interpretado con un espíritu frenético y arrebatador que los convierte en una banda de directo. “Larrua eta iraina”. “Oskarbi”. Buen momento para hablar de la elástica garganta de Lide, siempre valiente, siempre buscando la nota, siempre entregada a su labor de emocionar. Hablando de blues ardiente y la capacidad de emocionar de Lide cuando se desprende de la guitarra, es el momento de “Zulo bat gehiago”. Más lava sin volcán en la guitarra de Etxarri, más calor sofocante a través de los bafles. La apisonadora está de nuevo en marcha para cuando llega “Beltz gara”, más blues y calor desde el escenario.

Hoy termina el recorrido protagonista de “Hemen Herensugeak Daude” pero Liher apuesta por enganchar el final de esta gira con un nuevo proyecto y, claro, una nueva gira. Suena un nuevo tema, y probablemente dos, del disco en el que está trabajando la banda y del que nos está informando de primera mano en estas mismas páginas. Las nuevas composiciones, se pierden los títulos en el fragor del directo, aseguran vibración y alta intensidad en los surcos de la nueva obra de la banda donostiarra. La impaciencia va a ser una mala compañera de viaje hasta que vea la luz.

Tres cuartos de hora. “Nor da piztia?”. Está claro que es jueves y un jueves es más fácil que un miércoles. Liher con “Thelma & Lousie” ha terminado por meterse al público en el bolsillo. Esto es ya oficialmente una fiesta para cuando el “Call Me” de Blondie, que hoy sonará por última vez en un concierto de Liher según Lide, sirve de bonito homenaje al Azkena Rock Festival que presenció la actuación de la banda newyorkina hace unos pocos años. Se acaba. Liher despide «su disco maldito y su canción maldita». Rito de paso. “Hemen Herensugeak Daude”, su gira, es ya historia. Tras pelear lo indecible, Liher llega al final de un camino de tortuosa ciencia-ficción. En unas semanas, comenzará otro que ojalá le traiga justicia. Se la merece.

“Septiembre” en septiembre

Llega el turno de Los Enemigos, uno de los grupos clásicos del rock de las últimas décadas en el Estado español. Formado en 1985 en Madrid, el cuarteto partió de territorios cercanos al mal llamado rock urbano. Quizá callejero fuese más certero. En los 90 y a partir de “La cuenta atrás”, Josele Santiago y los suyos viraron hacia el rock alternativo y el indie marcando una exitosa época que los convirtió en referente para una generación de músicos que vieron posible abrazar el indie pese a haber crecido en un lugar ajeno al indie. En aquellos años que siguieron, quienes disfrutaban de “La cuenta atrás” también le ponían ojitos a Lemonheads, The Breeders, Juliana Hatfield o al renacido Paul Weller. De hecho, la influencia de Los Enemigos llegó a asentarse en Euskal Herria y es que para el Getxo Sound, si es que aquello existió, fue uno de los espejos donde mirarse.

A Gasteiz y al Azkena Rock Festival llegan por segunda vez con sus guitarras afiladas, su rock callejero repleto de acidez e ironía, así como su romanticismo descarnado. De hecho, en este habitual septiembre gasteiztarra y a las primeras de cambio, cae “Septiembre”, una composición que abraza la oscuridad para convertirse en uno de los mejores temas escritos jamás sobre el suicidio en lengua castellana. Media hora más tarde, la cárcel y “Desde el jergón” acentúan la capacidad poética con aliento callejero de las letras de Santiago y los suyos.

En pleno 2021 Los Enemigos son una banda de guitarras espectaculares gracias al gran excelso trabajo de David Krahe y a la solidez del propio Santiago. Fino Oyonarte, probablemente la razón del giro a lo alternativo de la banda en los 90 y casi el encargado de comunicarse con el público en la mayoría de las ocasiones, sujeta la sección rítmica junto con Chema “Animal” Pérez. Sin alumbrar un solo resquicio, el sonido del cuarteto madrileño sigue siendo tan robusto como sabroso.

La noche está para el rock y el rock está para Los Enemigos. Una de esas bandas que nunca defraudan porque, simplemente, no saben hacerlo. De hecho, para que el rock muera, tendrán que acabar antes con Los Enemigos.