
De nuevo aquí. De nuevo un escenario con las siglas ARF en su cabecera. De nuevo llamas y estruendo rockero. Pero claro, no es lo mismo. Nuestra escena y nuestra ciudadanía se merecen más respeto por parte de los incapaces e incompetentes gobiernos que han naufragado tras una pátina de legalidad moralista y demócrata cristiana.
Nuestro actual mundo se merece más decisiones valientes, menos transporte público hasta las cejas, centros de trabajo permanentemente en marcha y fútbol, y se merece más acceso a una maltrecha cultura. Cines, salas de conciertos, bandas, técnicos, conductores…
El tejido cultural del directo de Euskal Herria necesita respirar tras más de un año de forzosa y dolorosa abstinencia. Necesita mostrarse como es: vivo, sudoroso y vibrante. Necesita menos decisiones políticas que contenten a votantes y posibles votantes, y más compromiso directo con nuestros creadores y gestores culturales.
La vuelta de la marca ARF ilusiona lo justo. Discotecas con la pista llena para apaciguar las aguas. El frente de los escenarios sembrado de mesas mostrando una sonrojante política apagafuegos y cortoplacista. Pero bueno, aún sabiendo que ya no es verano, que una plaza de toros recauchutada no es Mendizabala y que una edición especial del ARF no es un ARF, Ezpalak y sus riffs han peleado contra el tedio en el corazón de una Gasteiz que aprovisiona espíritu y paciencia de cara al duro invierno.
Y es que la serie de conciertos que el festival gasteiztarra ha organizado en Iradier Arena ha arrancado este miércoles con Ezpalak y Lehendakaris Muertos. El jueves será el turno de Liher y Los Enemigos. Una veintena de bandas completan el cartel.

Abrir nunca fue fácil
Pese a que Ezpalak, de raíz, sea una especie de bálsamo que rodea de calor y color cualquier cosa que toque, tenía un ambiente tan rudo como extraño por delante en esta tarde de otoño. Abrir nunca fue fácil. Pese a todo, el cuarteto gipuzkoano luchaba con garra contra la pesada atmósfera cargada de indiferencia.
Fruto de la pasión por los riffs y los pedales fuzz de Eñaut Gaztañaga, Ezpalak lleva dos discos apasionantes en poco más de un año. No en vano, el cuarteto debería ser uno de los motores y referentes del rock de Euskal Herria en los próximos años. Amantes de los sonidos noventeros y las guitarras gaseosas, han ido tejiendo su particular tela de araña sónica para ponerle banda sonora a la caída de la noche.
Han salpicado su actuación con los sonidos más clásicos y manidos de su debut homónimo con esa ensalada de referencias actuales que supone ‘Kolpatu/Topatu’, su segunda obra de estudio publicada junto a Oso Polita, la discográfica de Last Tour International, también promotora del BBK Live y del propio Azkena Rock Festival.
Sus 45 minutos de actuación han ido de menos a más. Un tanto inactivos para lo que vienen ofreciendo en su corta historia, Ezpalak ha logrado despegar en los temas finales en los que Eñaut Gaztañaga se ha mostrado como el superhéroe guitarrero que es, mientras que Juanjo Berasain se ha movido con excesiva cautela tanto en lo físico como en lo vocal. En definitiva, víctimas de un concierto en miércoles, Ezpalak lo ha peleado y esta noche soñará con un hábitat más apacible.

Ironía, punk y tablas
Pasadas las 20:30 llega el turno de Lehendakaris Muertos. Con un enorme y maqueado banderón rojo y gualda de fondo, el experimentado cuarteto punk irrumpe en el escenario a toda velocidad.
Ecos musicales de otro tiempo tan vibrante y divertido como lejano. Humor ácido actual, envenenado e irreverente: «Tú eras el último txakurra, tu me odiabas y yo también te odiaba». Con el público bastante más entregado que durante la actuación de Ezpalak, la noche seguirá escalando gracias a nuestros particulares Spinal Tap punk rockers.


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