
De un tiempo a esta parte, nos está llegado una imagen muy elitista del arte culinario y tal vez se olvida su naturaleza de oficio transmitido de generación en generación. Louis-Julien Petit sale al paso de los reality shows televisivos con concursos de chefs para gente que busca una oportunidad, con una comedia social que rescata la labor integradora del aprendizaje en las cocinas.
La conocida actriz Audrey Lamy encarna a una exitosa profesional que trabaja en un lujoso restaurante hasta que por diferencias creativas con la dueña se despide, convencida de que no le costará encontrar otro trabajo en consonancia con la fama de sus platos y elaboraciones gastronómicas.
Es muy importante la introducción argumental, porque es al salir al mercado laboral cuando la protagonista se da cuenta de la realidad de la situación actual en el sector hostelero. Entonces se ve obligada a aceptar a regañadientes el trabajo como cocinera de un centro de menores inmigrantes, donde hallará la oportunidad de transmitir su pasión por los fogones a jóvenes que van a tener así una vocación y un modo digno de ganarse la vida.
Lejos del competitivo mundo de las estrellas Michelin está esa otra motivación de enseñar y compartir, de disfrutar de una muy enriquecedora experiencia colectiva.

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