
Nerea Arrien ha publicado su primera novela en castellano, ‘Cul-de-sac’, una historia que trata tanto temas sociales como biológicos, de forma conjunta, contada en primera persona por María y Élodie, madre e hija. El centro de la narración son los encontronazos entre una mujer que está pasando por la perimenopausia y una chica adolescente.
Según ha explicado la autora este miércoles en la presentación de su trabajo en Donostia junto al editor de Alberdania Aritz Galarraga, el motivo que la ha llevado hasta esta publicación es el hecho de que «las mujeres cambiamos de forma en nuestra vida muchísimo más que los hombres, nos adaptamos mejor a la transformación y somos más flexibles a la identidad variable».
Así, María ve en su hija lo que a ella «le falta», desde una interpretación de la carencia «cultural e impuesta por la sociedad capitalista», y «ahí está el choque», explica la autora. Habla de dos mujeres desubicadas, acompañadas también de personajes masculinos de forma complementaria, como un padre ausente.
El concepto que da nombre al libro, el ‘cul-de-sac’, hace referencia precisamente a la «pared de incomunicación» con la que se encuentran María y Élodie constantemente tras viajar por la historia, «una vía de tren en la que las dos caminan juntas en vías paralelas que nunca se cruzan», ha explicado Nerea Arrien.
Huyendo del realismo
Lejos de ser una novela realista, ‘Cul-de-sac’ es «muy estética» y está cargada de fantasía. Arrien se declara «fan de lo poco palpable» y se ha tomado la licencia de hacer de los lugares y los ambientes personajes o poner nombres americanos, franceses, en euskara o catalanes.
De esta manera, quiere transmitir la sensación de que «no son de ningún sitio, de nadie y no pertenecen a ninguna clase». Además, juegan un papel importante las referencias a la cultura estadounidense de las decádas de 1960 y 1970.
Biología y arte
La autora ha destacado que «en nuestros tiempos no había madres menopáusicas con hijas adolescentes» y cree necesario hablar de lo que es la menopausia y qué ocurre «cuando no queremos hijos pero los tenemos». Ese lazo entre lo social y lo biológico, ha reivindicado, «hay que ponerlo en el arte».
Con esa base, cree que «podría haber escrito un ensayo, y habría disfrutado, pero siempre tiro a la fantasía y a lo literario». Ha lamentado que «desde la educación primaria estamos muy fragmentados» pero «alguien que escribe necesita una mente abstracta como la de un físico». «Hay que ir uniendo cosas como la cabeza y el corazón, que tendemos a separarlos», ha manifestado.

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