
La imagen de Hussam Abu Safiya caminando hacia un tanque israeí, rodeado de una montaña de escombros de lo que fue la ciudad de Beit Lahia, antes de desaparecer de los ojos del mundo forma ya parte del colectivo imaginario de la resistencia palestina.
El pediatra se convirtió en un icono de la defensa de la vida frente al genocidio, por su firme presencia como director del Hospital Kamal Adwan hasta el último momento de un brutal asedio con tanques y drones. Finalmente, Israel asaltó el centro, destruyó parte de su infraestructura y obligó a todos a evacuar. Fue agredido desde el primer momento en el blindado donde los militares eligieron a qué sanitarios y pacientes permitían marcharse. Secuestraron a 44, entre ellos médicos que fueron torturados en interrogatorios durante horas.
Abu Safiya pasó por la siniestra cárcel de Sde Teiman y la prisión de Ofer. Tiene heridas tanto por los bombardeos previos a su detención como por las torturas posteriores. En octubre de 2024, el Ejército israelí ya había matado a uno de sus hijos, Ibrahim, de 20 años, en un ataque al hospital.
Israel lo mantiene cautivo bajo la figura de «combatiente ilegal», que niega a los apresados cualquier derecho. Según sus abogados, que lo han podido ver en contadas ocasiones, las condiciones extremas en la que se encuentra le han hecho perder 40 kilos, y sufre varios problemas de salud.
Su hijo Ilyas subraya que el ensañamiento es una «advertencia a otros médicos» que se se afanan por mantener la vida en Gaza y que «será tenido en todo el mundo como un ejemplo de adhesión a la ética médica y el coraje».

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