
Para un club como la Real, llegar a una final de Copa es un hito que se alcanza muy de vez en cuando. De hecho, han sido solo siete –esta será la octava– desde que este torneo se puso en marcha en 1902, con sus diferentes denominaciones.
La primera, saldada con título además, fue la del año 1909, el mismo de la fundación del club, aunque ya hacía unos años que se habían escindido del San Sebastián Recreation Club –lo que hoy en día es el Tenis– para formar el San Sebastián Foot-ball club, pero sin ponerle el sello de oficialidad.
De este modo, llegó el momento de iniciar el torneo en cuestión y los donostiarras se dieron cuenta de que no cumplían con el requisito de llevar al menos un año inscritos, por lo que idearon como triquiñuela para sortear este obstáculo la fusión con el Club Ciclista San Sebastián, que sí estaba convenientemente registrado.
La fase final de esa Copa se celebró en Madrid entre los días 4 y 8 de abril. Los blanquiazules tumbaron primero al Athletic (4-2), luego al Galicia Fútbol Club (2-0) y en la final, cuyo escenario en concreto se desconoce, se impusieron al Español de Madrid por 3-1, con doblete del inglés George McGuinness, que había arribado a Donostia como profesor de su idioma y que siete años más tarde moriría en la cruenta batalla del Somme, durante la I Guerra Mundial.

Unos meses después, en septiembre de 1909, las desavenencias entre 'ciclistas' y 'futbolistas' llevó a estos últimos a fundar la Sociedad de Fútbol, a la que en la primavera siguiente le fue otorgado el título de Real.
1910: Un cisma y dos torneos
Para la edición de 1910 el asunto se enrevesó aún más. Las fases finales de Copa se habían celebrado siempre hasta ese momento en Madrid, pero la Real, como vigente campeona bajo el nombre de Club Ciclista, reclamó para sí ese derecho. La mayoría de los clubes integrados en la Federación Española se opuso y se produjo un cisma, organizándose dos Copas.
En la de Donostia tomaron parte finalmente solo tres clubes: el Athletic, el Madrid CF y la Real, que volvía a estar con el mismo problema de no llevar un año inscrito, así que compitió como Vasconia Sporting Club. Se celebró en formato triangular en el campo de Ondarreta, por lo que no hubo una final como tal.
En el primer encuentro, el 19 de marzo, el Athletic derrotó 2-0 al Madrid y al día siguiente se enfrentaban bilbainos –que estrenaban camiseta rojiblanca– y donostiarras. El tanto de Remigio Iza en la segunda mitad dio el título a los leones sin necesidad de esperar al choque del día 21 entre el Vasconia y el Madrid, con 2-0 y el subcampeonato para los locales.
1913: Tres partidos en Barcelona
La Real Sociedad, ya con su nombre oficial y todos sus sacramentos, se plantó en una nueva final tres años después, en 1913. Se repitió el cisma y los equipos se dividieron en dos entes federativos. El club donostiarra se integró en la Real Unión Española de Clubs de Football, y tomaron parte en el torneo otros tres equipos: el Irún Sporting Club, el Barcelona y el Sporting de Pontevedra.
Los dos equipos guipuzcoanos tuvieron que enfrentarse entre sí para ver cuál se desplazaba hasta Barcelona para representar al territorio. Dominaron los blanquiazules y lograron el billete. El Pontevedra se retiró poco antes de empezar la fase final, aduciendo que varios de sus jugadores estaban indispuestos, por lo que se programó una final a doble partido en la capital catalana.
Pese a contar con el factor campo en contra, la Real fue capaz de empatar a dos en el primer asalto, y en el segundo, un día después, el marcador volvió a registrar tablas (0-0). Al no haber luz para disputar una prórroga, se decidió jugar un tercer partido de desempate una semana después, el domingo 23 de marzo, también en el 'camp del carrer de la Indústria', entonces feudo de los blaugranas. Eugenio Rezola adelantó a los blanquiazules desde el punto de penalti, pero los tantos de José Berdié y Apolinario Rodríguez le dieron la vuelta al marcador.
1928: Marcados por los Juegos de Amsterdam
Tres lustros más tarde, en 1928, Real y Barcelona volvían a encontrarse en una final que también necesitó de tres partidos para su desenlace. En este caso el escenario fue El Sardinero de Santander. El primer cara a cara terminó con empate a uno, no hubo goles en la prórroga, y como entonces no había tanda de penaltis se acordó un primer desempate para dos días después.

El choque había sido calentito y los donostiarras se quejaron mucho del arbitraje, de un gol anulado por un dudoso fuera de juego y de los «diez penaltis que nos robaron», en palabras del poeta Gabriel Celaya. El segundo asalto se desarrolló en términos similares, juego duro, tres expulsados y otra vez empate a uno.
Era el 22 de mayo, y la Federación decretó que se programara un tercer encuentro en el mismo escenario. La fecha, el 29 de junio, después de los Juegos Olímpicos de Amsterdam. La Real, formada por amateurs, aportaba nueve jugadores a la selección española, mientras que del Barcelona no iba ninguno, porque eran profesionales y estos no podían participar en los Juegos. A la vuelta de la cita neerlandesa, el Barcelona se impuso por 3-1, dejando a los donostiarras con la miel en los labios en una final que se prolongó 40 días después el pitido inicial.
1951: Otra vez con Benito Díaz
Hubo que esperar hasta 1951 para plantarse en el último escalón de la pelea por el título. Paradójicamente, pese a los 23 años de diferencia el inquilino del banquillo era la misma persona, Benito Díaz, el entrenador que más veces ha dirigido a la Real, 389.
Con su entonces revolucionario esquema WM –lo que vendría a ser un 3-4-3–, apeó al Celta en octavos y al Real Santander en cuartos, antes de enfrentarse al Real Madrid en semifinales, con victoria por la mínima en la ida en Atotxa (1-0, gol de Artigas) y sentencia en el Bernabéu en la vuelta (0-2, tantos de Barinaga y Caeiro).

El coliseo blanco fue también la sede de la final, y otra vez el Barcelona se convirtió en verdugo de los realistas. Un doblete de César Rodríguez y un gol de Golzalvo III dejaron el choque visto para sentencia (3-0).
1987: Noche tórrida en La Romareda
Más larga fue aún la espera hasta la siguiente final, hasta 1987. Pero mereció la pena. No puede decirse que no le sonriera la suerte en los sucesivos sorteos, ya que hasta semifinales no se vio las caras con un equipo de Primera.
Baskonia, Montijo, Villarreal –que ese año subiría a Segunda B–, Eibar y Mallorca Atlético –entonces también jugaban la Copa los filiales– fueron apeados por los donostiarras, en algunos casos con más apuros de los esperados. En la penúltima ronda, el solitario gol de Bakero en la vuelta en San Mamés bastó para sacar el billete a la final de Zaragoza.
Bajo un calor sofocante se programó como aperitivo en La Romareda un partido de juveniles entre España y Yugoslavia. Los jóvenes balcánicos debieron pensar que estaban en el Pequeño Maracaná de Belgrado, con uno de los fondos animándoles sin cesar.

Ya en la final, la Real de John Benjamin Toshack se adelantó en dos ocasiones con los goles de López Ufarte y Txiki Begiristain, pero el Atlético igualó la contienda y bien pudo llevarse el trofeo en una posible pena máxima cometida por Luis Mari López Rekarte en el 88. El árbitro señaló córner y se llegó tras la prórroga a la tanda de penaltis, en la que Da Silva lanzó fuera y Arconada detuvo el disparo de Quique Ramos para certificar el título.
1988: Encerrona en Madrid
Las sonrisas se tornaron lágrimas doce meses más tarde. Los blanquiazules habían dejado en la cuneta en cuartos al Atlético de Madrid y en semifinales al Real Madrid con un histórico 0-4 en el Bernabéu, que iba a ser el escenario de la final, con el Barcelona como rival.
La Real, que terminaría la Liga en la segunda plaza, llegaba como favorita frente a un conjunto culé en horas bajas que se veía fuera de las competiciones europeas por vez primera en la historia de estas.
Pero se volvió a repetir la historia. De hecho, la Real ha caído en sus cuatro finales ante el Barça, mientras que se ha impuesto en las otras tres. Esta vez fue con un solitario gol de Alexanco. Los culés afrontaron al final de esa temporada una reconversión y entre sus fichajes estuvieron tres de los puntales blanquiazules: López Rekarte, Bakero y Begiristain. En la parroquia txuri urdin quedó sembrada para siempre la sensación de que no todos sus jugadores se emplearon al 100% en aquel duelo.
A la derrota hubo que sumar además los golpes contra la afición vasca –que se había desplazado en masa, 30.000 personas– por parte de la Policía española, que les esperó a la salida para cargar sin que mediara incidente alguno.
2020-21: Celebración sin la afición
La derrota abrió una larga travesía por el desierto copero, con algunos capítulos humillantes ante rivales de categorías muy inferiores. Esto cambió con la llegada de Imanol Alguacil al banquillo. El de Orio volvió a poner en valor la Copa desde las primeras eliminatorias, como demostraron el 0-8 ante el Becerril o el 0-4 en Ceuta.
Espanyol y Osasuna también fueron eliminados, antes de afrontar los cuartos de final a partido único en el Bernabéu. La Real completó un partido épico para imponerse 3-4 con goles de Odegaard, Isak (2) y Merino. En semifinales aguardaba el Mirandés, equipo revelación del torneo que venía de tumbar a Celta, Sevilla y Villarreal.
Los donostiarras no desaprovecharon la oportunidad y se colaron en la final tras vencer tanto en la ida en Anoeta (2-1) como en la vuelta en Anduva (0-1). En la otra semi el Athletic doblegó al Granada, en La Cartuja se iba a vivir la madre de todos los derbis. Pero entonces se cruzó la pandemia del covid-19. El partido no se pudo disputar hasta un año más tarde, el 3 de abril de 2021, con ambas aficiones confinadas en sus casas.
En un estadio desierto, Iñigo Martínez derribó a Portu y Oyarzabal no perdonó desde los once metros (0-1, m.63), logrando para las vitrinas de Anoeta el tercer y hasta ahora último título de Copa.

Zupiria y ertzainas han podido hacer un uso ilegal de las grabaciones de bodycams en Loiu

La Polla Records: Reeditando mensajes necesarios de una banda imprescindible

Errenteriako alkateak «biktimak eta haien nahia» babestera deitu du Xenpelar eta Maya auzietan

Maya pide «prudencia y respeto» tras hacerse públicas las denuncias por agresiones sexistas

