
Las calles de Iruñea han sido este domingo escenario del primer desfile de los dos nuevos gigantes de la catedral, Alejandro y Helena, un acto con el que la seo iruindarra ha recuperado una tradición que se remonta al siglo XVII.
Tras su presentación el pasado 1 de noviembre en el atrio del templo, les ha llegado el momento de protagonizar su primer desfile partiendo desde la catedral, para recorrer las calles Navarrería, Mercaderes, San Saturnino, Mayor, paseo del doctor Arazuri, San Antón, Zapatería y Calceteros, para regresar a Mercaderes, Navarrería y terminar en la seo.
Las dos figuras, que representan a los reyes de Occidente y que han sido confeccionadas siguiendo patrones del siglo XVI, no han bailado siguiendo los ritmos habituales en la actualidad para los gigantes, sino que lo han hecho con música renacentista tocada con instrumentos históricos.
De esta manera, la catedral de Iruñea ha recuperado una tradición que se remonta al siglo XVII, cuando existían en la ciudad gigantes tanto del Ayuntamiento como de la seo. La primera de esas comparsas terminó estando integrada por ocho figuras que representaban a diferentes razas, algo parecido a lo que ocurría con la de la catedral, formada por seis figuras que representaban a monarcas occidentales, turcos y moros.
Prohibidos en 1780
Su presencia en diversos actos religiosos, como la procesión de San Fermín o la del Corpus, se vio interrumpida por el rey español Carlos III, quien firmó el 21 de julio de 1780 una Real Cédula en la que se prohibía la participación de estas figuras en las procesiones y actos religiosos debido a «la falta de decoro y situaciones irreverentes que dan en sus salidas».
Tras décadas de ostracismo, los gigantes volvieron a la vida de Iruñea en 1813, con el fin de la presencia de las tropas francesas de Napoleón en la ciudad. Un carpintero que se encontraba en la catedral poniendo unas luminarias para celebrar ese hecho encontró en el lugar los viejos gigantes y bailó uno de ellos en el atrio.
Esa reaparición de un gigante causó sensación en la ciudad, donde todavía se recordaba sus bailes pese a los 30 años transcurridos desde el inicio de la prohibición. Tuvo tanto éxito que el Ayuntamiento empezó a pedir que le cediera sus seis gigantes al cabildo, que accedió a cambio de que se hiciera cargo de los gastos de sus porteadores, músicos y los arreglos necesarios. De hecho, en 1818 fueron reparados tras años de haber acumulado polvo en la catedral.
En 1839, el cabildo decidió ofrecer sus gigantes al Ayuntamiento de forma permanente y gratuita, y el Consistorio aceptó, pasando a ser su propietario y convirtiéndose en la comparsa municipal.
Veinte años más tarde, las figuras se encontraban en muy mal estado y entonces es cuando Tadeo Amorena escribió al Ayuntamiento el 31 de marzo de 1860 ofreciéndose a realizar uno o dos gigantes por el coste de los materiales a emplear.
El Ayuntamiento aceptó el ofrecimiento y tras ver el resultado, le encargó otras seis figuras, las que actualmente desfilan por las calles de Iruñea junto a kilikis y cabezudos.
Además de esta comparsa municipal, Iruñea cuenta con otras vinculadas a sus barrios y a la que se ha sumado ahora la de la catedral, cuyas figuras han sido diseñadas por el artista iruindarra Jorge Urdánoz y que son bailadas por danzantes que han recibido una formación específica para adaptar su ritmo a la música de época.

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