Kazetaria / Periodista

Derecha contra derecha: el auge de Vannacci sacude a Italia

Este parlamentario europeo y exgeneral del Ejército ha roto con la coalición liderada por Giorgia Meloni, fundando un partido aún más extremo y ganando (parece) consenso en las encuestas: el fantasma de un adelanto electoral está a la vuelta de la esquina.

Vannacci, en la presentación de su nuevo partido, Futuro Nazionale.
Vannacci, en la presentación de su nuevo partido, Futuro Nazionale. (Andrea Ronchini | AFP)

Falta un año, probablemente, para las elecciones generales en Italia y en realidad no se sabe mucho sobre cómo se irá a votar ni menos aún el día exacto.

Tampoco las coaliciones están concretadas del todo, el bloque de derechas y el ‘campo largo’ de las izquierdas se pelean de momento a golpe de mera encuesta.

El bando que parece más en dificultades, sin embargo, es el que hoy representa la primera ministra Giorgia Meloni, y no solamente porque Donald Trump parece haberle quitado parte del apoyo y también de la amistad. En la estrategia de mantener, como se dice en italiano, «el pie en dos zapatos», es decir intentar conectar a dos extremos (políticas moderadas y de extrema derecha), ‘doña Giorgia’ está encontrando dificultades curiosamente a su derecha. 

¿El exponente de todo esto? La vertiginosa subida de Futuro Nazionale, partido político fundado y liderado por el exgeneral del Ejército Roberto Vannacci, un personaje que está encontrando aparentes praderas de apoyo y que aspira a algo relevante. 

«Vannaccismo»

Puede que concluya en un gran éxito el recorrido político de Vannacci, un ‘guaperas’ nacido en La Spezia, exgeneral del Ejército en el grupo de los ‘Pará’, los paracaidistas, los más valientes y atrevidos (se dice). 

De momento su carrera ha tenido la velocidad de un cohete. Surgido públicamente desde la nada, gracias a un libro autopublicado (‘El mundo al revés’), fue la Liga Norte la que aprovechó  la irrupción del personaje para incorporarlo en sus filas, dándole un escaño en el Parlamento Europeo y la vicepresidencia del partido, ni más ni menos, justo por debajo de Matteo Salvini. 

Hasta 550.000 personas votaron al exgeneral en las elecciones europeas de 2024. Al fin y al cabo, las ideas de Vannacci coincidían tanto con las de la Liga Nortes como con las de la derecha más extrema, se podría decir la derecha originaria; es decir, racismo, machismo, cabalgando la típica dupla "‘Ley & Order’.  

Una de sus batallas más recientes ha sido impulsar a la «re-emigración», es decir devolver los migrantes a sus países de nacimiento a pesar de estar integradas en Italia. Por lo demás, cargar contra los homosexuales, los minusválidos y los derechos civiles, todo de manera descarada, inflado por los programas de televisión que se frotan las manos con las audiencias al alza, esas también como un misil. 

El ‘vannaccismo’ es una especie de filosofía Maga tricolor: decir cosas tan exageradas, acompañadas por gestos elocuentes que hacen guiños al fascismo, que a veces no parecen ni reales

 

En este sentido se ha estrenado en los análisis un nuevo concepto, el ‘vannaccismo’, una especie de filosofía Maga tricolor (solamente le faltan al general las gorras ‘Make Italy great again’): decir cosas tan exageradas, acompañadas por gestos elocuentes que hacen guiños al fascismo, que a veces no parecen ni reales. Del tipo, «y si este tipo llega al poder ¿qué pasa?»

La extrema seriedad con la cual se presenta en todos los eventos resulta bastante peculiar, fuera de contexto, y a los frikis del cine y de los comics les hace recordar a obras satíricas como ‘Sturmtruppen’, parodia de los naziss durante la Segunda Guerra Mundial. 

Así, la manera con la cual Vannacci ha ido a reoger la pasada semana, a la salida de la carcel después de una condena por malversación, al exalcalde (de derechas) de Roma Gianni Alemanno, parecía la escena de los Blues Brothers, cuando Elwood (Dan Aykroyd) abraza a su hermano Jake (John Belushi). 

Futuro Nazionale

Mientras tanto Vannacci ha dejado, el pasado febrero, la Liga Norte, evidentemente acusando a la formación de ser demasiado prudente, para formar otro partido político, llamado Futuro Nazionale: FN, que recuerda a Forza Nuova, movimiento claramente de extrema derecha, declarado en varias ocasiones ilegal por el intento de reconstruir el Partido Fascista, algo prohibido por la Constitución Italiana. 

Futuro Nazionale es también una curiosa mezcla entre Futuro e Libertá y Alleanza Nazionale, los dos nombres intermedios entre el Movimento Sociale italiano (heredero ‘legal’ del Partido Fascista) y Fratelli d'Italia, el actual partido representativo de la derecha más conservadora. En este sentido no hubo mucha fantasía, la matriz es claramente la misma. 

Después de la fundación de Futuro Nazionale un puñado de parlamentarios tanto de la Liga Norte como de Fratelli d'Italia, el partido de Giorgia Meloni, se ha ido detrás del exgeneral, creando apuros a la coalición. El Gobierno no está arriesgando nada concreto con ello de momento, pero el goteo sigue.

El problema para Meloni es que no puede, desde su condición de primera ministra, cazar a la liebre jugando a ser más revolucionaria

 

En este contexto incluso nace una campaña, desatada sobre todo por los periódicos de derechas, que acusa a Vannacci de «ser de izquierdas». Algo que resulta bastante cómico, la verdad, porque se trata de una especie de derbi entre extremos que quieren ser más extremos que los anteriores. 

El problema es que Meloni no puede, en este momento complicado, cazar a la liebre. Una liebre que tiene el juego fácil en hacer de revolucionario (de extrema derecha) acusando a la primera ministra, en pocas palabras, de no hacer bien su trabajo. 

Las encuestas están dando la razón a Vannacci, aparentemente: cada semana los porcentajes de Futuro Nazionale suben, al igual que el grado de violencia de las palabras de su líder. La pasada semana se encontraba en torno al 6-7 % de los votos que no se considerarían parte de la coalición de derechas sino libres, o dicho de otro modo ‘en el mercado’. 

Así que sin los votos del exgeneral, Meloni y compañia estarían en serio riesgo de perder las próximas elecciones generales. Algo tendrá que hacer ‘doña Giorgia’, por ejemplo ensayar una difícil cohabitación entre aliados. Díficil porque Vannacci ha roto con la Liga Norte y también con Fratelli d'Italia. Y es totalmente incompatible con Forza Italia, que mantiene su doble cara, apareciendo como prudente politícamente pero siendo a la vez primer altavoz del exgeneral gracias a sus programas de televisión en Mediaset, donde se insiste muchísimo en el tema de la criminalidad callejera. Algo que el público mayor, sobre todo, traga con facilidad, viendo emergencias donde realmente no lo están.   

Como y cuando se vota

Y a la vuelta de la esquina, las elecciones generales. La legislatura debería acabar en setiembre de 2027, pero la situación es muy fluida. Más precisamente porque no se sabe cuál será la ley de voto, si la actual o la que está trabajando el actual Gobierno de Meloni.

El cambio más radical consistiría en tener que indicar, en cada coalición, cuál sería el candidato a primer ministro: es algo que roza la inconstitucionalidad, porque según la ley fundamental italiana es el Parlamento, una vez conformado, quien se encarga de eso. Por eso este proceso de cambio se le está atragantando a la mayoría de derechas. 

La razón de este intento de modificación es obviamente poner contra las cuerdas a la izquierda, cuya coalición en este momento tendría una ligera mayoría (considerando a Vannacci ajeno a sus excolegas), pero presenta dudas sobre a quién poner como cabeza, si a la secretaria del Partido Democrático (Elly Schlein) o al líder del Movimiento Cinco Estrellas (Giuseppe Conte), con Matteo Renzi siempre trapicheando con su grupito de parlamentarios y que no quiere ser secundario. 

Ni siquiera está claro con qué ley electoral se dilucidarán las próximas elecciones, dado el plan para obligar a que cada bloque tenga un candidato y no sea el Parlamento quien lo designe

 

De todas formas esperar hasta setiembre de 2027, con la sangría de votos provocada por Futuro Nazionale, podría resultar inaguantable para Giorgia Meloni, que duda entre tirar la toalla o esperar. Adelantar las elecciones, eventualmente, no depende de ella, sino del presidente de la República, que debería constatar la imposibilidad de seguir adelante por parte del actual gabinete. 

En el peor de los casos, esto ya es claramente política-ficción, la actual mayoría tendría que perder medio centenar de diputados y senadores con dirección a Vannacci (que no se encuentra en el Parlamento italiano, cabe recordar) para que se abriera una crisis institucional y llevara a todos a las urnas. Con la actual ley electoral, por supuesto. O igual todo se queda solamente en un ‘juego de bandos’, un termómetro veraniego antes del momento de la verdad.