Tras la pista de los esclavos que construyeron los búnkeres del Pirineo navarro
Un equipo de 25 jóvenes trabaja en la recuperación de varios búnkeres en Lesaka dentro de la iniciativa Fronteras de Hormigón. La fortificación del Pirineo tras la victoria del bando fascista incluyó la construcción de unos 10.000 refugios militares, horadados en un primer momento por esclavos.

La muga está sembrada de búnkeres que no sirvieron para nada, salvo para contar una historia. De los más de 10.000 que existen a lo largo del Pirineo, unos 2.000 están en Nafarroa. No siempre es fácil dar con ellos y la mayoría están en malas condiciones, pues el Ejército los abandonó en los 80 convencido al fin de su inutilidad. Jóvenes voluntarios llevan varias campañas de verano recuperándolos.
Antes de coger la azada, cortar las zarzas que bloquean la entrada y adecentar las tripas de estos refugios militares y nidos de ametralladora, hay que estudiar la documentación disponible. Por eso, a búsqueda de las fortificaciones pirenaicas empieza en Ávila, en el Archivo General Militar.
«Es un antiguo palacio donde hay miles y miles de cajas apiladas. Los búnkeres están numerados y organizados según el Centro de Resistencia al que pertenecen», comenta Nico Zuazua, arqueólogo de Tesela que dirige el campo de trabajo de este verano.
La historia más valiosa que conservan estos búnkeres es la más antigua y amarga. Los primeros refugios los excavó mano de obra esclava.

«Eran los desafectos al régimen. Se estima que fueron entre 10.000 y 15.000. Por eso nos interesa saber si, en alguna parte de los búnkeres, aparecen nombres propios escritos a lápiz o grabados sobre el cemento fresco», detalla Zuazua.
La información sobre los batallones de esclavos en Ávila es abundante, pero compleja, mal elaborada e imprecisa. Se podría decir que se hizo con desidia deliberada porque esa gente no iba a importar nunca a nadie. Por eso, aunque se tengan más de 10.000 nombres, es difícil saber dónde está cada cual en cada momento.
Los sospechosos de simpatizar con la República o el nacionalismo vasco fueron sometidos a castigos arbitrarios, suponiendo esta informalidad un castigo suplementario.
Ingresar en los batallones esclavos se entendía como una suerte de mili, que se acababa extendiendo a tres o cinco años, o hasta que alguien los reclamaba. En ese tiempo se les mantenía lo más lejos posible de las armas y no se les instruía en su uso. En la práctica, eran trabajos forzados.
«Vivan los trabajadores»
Verificar que una firma se corresponda con la de un esclavo y no con la de un guardia –que se exponía a un castigo menor si estampaba su firma– es complicado. A veces, hay suerte. En una fortificación navarra cayó una torta de hormigón ablandada por la humedad y los años, dejando visibles tres nombres y la inscripción «Vivan los trabajadores».
Los campos de trabajo veraniegos de Fronteras de Hormigón arrancaron en 2017. Estos días, 25 jóvenes voluntarios limpian búnkeres y buscan nombres en el monte Agiña, en Lesaka. Se trata de tres nidos de ametralladoras y uno más grande y complejo para un cañón antitanque, que cuenta túneles y una sala para pernoctar.
«Es un sitio muy lúgubre, pero curioso», apunta Zuazua, sobre este tercer refugio.
Las fortificaciones de Lesaka se escogieron porque por allí pasa un sendero impulsado por el Instituto de la Memoria.

En unos días, el equipo se moverá a Baztan. Allí, cerca de Erratzu, también hay casamatas conectadas por túneles.
Bibiana, Alejandra, Iván y Alba han venido a trabajar desde Madrid, Sevilla, León y Cádiz, respectivamente.
A estos cuatro jóvenes de entre 16 y 17 años les atrajo esta propuesta por su interés en la historia y por la posibilidad de conocer gente «con los mismos valores y pensamientos», según Bibiana. A lo que Alejandra añade que sienten que «están haciendo algo que sirve».
Preguntados si provienen de familias republicanas –por si eso fue lo que decantó que escogieran este voluntariado y no otro– responden que, en realidad, no lo saben.
La guerra les cae en época de sus bisabuelos, que ya son cuatro parejas, de modo que la procedencia es variada. En general, coinciden en que, en sus casas, de la guerra no se habla y que aquí están aprendiendo mucho.

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