Sánchez, Abdul-Jabbar y una carrera por la pole entre EH Bildu y PNV

El desahucio de Maricarmen pilló a Pedro Sánchez en el despacho del alcalde de New York, Zohran Mamdami, con quien grabó el que a la postre parece ser el primer spot publicitario de la campaña. Ambos aparecían lanzando bolas de papel a una papelera desde distintas posiciones: «Ser de izquierdas significa lanzar tiros difíciles».
Al final del vídeo, Mamdani exclama «Skyhook!», en referencia a uno de los tiros más indefendibles del baloncesto, patentado por Kareem Abdul-Jabbar, máximo anotador de la NBA hasta que llegó LeBron James. Con una altura de 2,18 y una agilidad propia de quien apenas se levanta metro y medio del suelo, Abdul-Jabbar machacaba a los contrarios desde las ligas universitarias.
Tanto que, durante casi una década, la liga en la que jugaba prohibió los mates. A Abdul-Jabbar –llamado Lew Alcindor hasta que leyó la biografía de Malcolm X– le quitaron su herramienta más poderosa, un contratiempo ante el cual el mito del baloncesto enseñó una mano mano vacía al adversario, mientras levantaba el balón con la otra mano, dibujando un gancho indefendible. Skyhook, el gancho del cielo. La prohibición hizo emerger el tiro que llevaría a Abdul-Jabbar a la galería de las estrellas.
Si Sánchez no es Abdul-Jabbar, Feijóo y Abascal muchísimo menos son Wilt Chamberlain o Hakeem Olajuwon, únicos jugadores que, en alguna ocasión, lograron detener el gancho celestial
Llamar a Sánchez el Kareem Abdul-Jabbar de la política española sería demasiado generoso, desde luego, pero el símil es tentador al hablar de un dirigente con predilección por la dificultad. Nada en la biografía política de Sánchez es ordinario ni sencillo. Se ha tenido que inventar varios skyhooks a lo largo de su carrera y se va a tener que sacar otro de la chistera para el 29 de noviembre.
No lo tiene fácil, pero si Sánchez no es Abdul-Jabbar, Feijóo y Abascal muchísimo menos son Wilt Chamberlain o Hakeem Olajuwon, únicos jugadores que, en alguna ocasión, lograron detener el gancho celestial.
También en 2023, tras unas municipales y autonómicas de pena, parecía que lo tenía todo perdido, y le dio la vuelta. Los que solo saben de propaganda ya anuncian al consorcio de las derechas en la Moncloa; los que saben tanto de números como de propaganda dicen que hay partido, sobre todo si el pulso de la calle ayuda a mantener la vivienda en el centro del debate. Hace un mes parecía literalmente imposible, ahora vuelve a ser posible. No es poco. Lo que ocurra los próximos días en el espacio a la izquierda de Sánchez será crucial y es difícil ser optimista.
Un ojo en Brasil, otro en EEUU
En cualquier caso, casi dos meses son una eternidad ahora mismo. Es el tiempo que ha transcurrido desde que estalló la crisis de Ceuta, que ahora mismo ubicamos ya en un pasado lejano. Maricarmen puede ser un eco olvidado para el 29 de noviembre, dependiendo de cómo transcurra una campaña en la que cabe esperar maniobras y juegos sucios, domésticos y foráneos. Está ocurriendo en todo el mundo, sorpresas las justas. La campaña será intensa y determinante.
Casi dos meses son una eternidad ahora mismo. Es el tiempo que ha transcurrido desde que estalló la crisis de Ceuta, que ahora mismo ubicamos ya en un pasado lejano
Porque estos comicios tienen también una relevancia internacional de peso, conviene darse cuenta. La política exterior de Sánchez, digna teniendo en cuenta cuál es la tónica general en Europa, le ha granjeado la animadversión de países con capacidad de intervención en el exterior. Todos sabemos dónde mirar.
Del mismo modo, de aquí al 29 de noviembre puede haber terremotos políticos importantes en el mundo, con ondas sísmicas que lleguen a la campaña estatal. Las tres citas de referencia van a ser la segunda vuelta brasileña el 25 de octubre, las legislativas israelíes dos días después y las elecciones de medio mandato en EEUU el 3 de noviembre. La derrota de Lula puede ser muy dolorosa, pero un revés al trumpismo o a Netanyahu puede dar oxígeno a Sánchez.
EH Bildu y PNV, en busca de la pole position para primavera
Las capas de lectura de las elecciones del 29 de noviembre van a ser inabarcables. En Euskal Herria, será muy difícil no leerlas como la previa de las municipales y forales de 2027. Quien logre la pole position en otoño, partirá con ventaja para la cita de primavera, que es en la que los partidos vascos se juegan los garbanzos.
Conocida la tendencia actual y el marco que, al menos de momento, domina la batalla electoral, todo parece sonreír a EH Bildu ante un PNV tremendamente incómodo en un tema como la vivienda, en el que no ha cesado de alinearse con los propietarios. Quizá responde así a la base social de sus militantes, pero difícilmente se alinea con todos sus votantes potenciales. Pero repitamos. Casi dos meses de campaña son una eternidad.
Ajusten los cinturones y agarren bien el volante, porque arranca una carrera trepidante. Eso sí, no pierdan de vista los retrovisores y guarden la compostura. Al final, podríamos acabar exactamente en el mismo lugar en el que estamos.

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